Eduardo Halfon busca agitar las ramas de la curiosidad en su más reciente libro

Con la publicación de ‘Un hijo cualquiera’, el escritor guatemalteco Eduardo Halfon, explora temas como la paternidad, el suicidio, la muerte y la escritura

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“Para mí, escribir fue una consecuencia de demasiada lectura. Digamos que (de pronto) leí demasiado, me enfermé de literatura y la consecuencia fue empezar a escribir” Eduardo Halfon, escritor. Foto: Cortesía Adriana Bianchedi

La conexión entre padres e hijos, el suicidio, la muerte y la escritura son algunos de los temas que el escritor Eduardo Halfon (Guatemala, 1971) vierte en Un hijo cualquiera, su más reciente libro, integrado por 18 relatos que escribió a lo largo de una década y que funcionan como un mosaico de ideas que buscan agitar las ramas de la curiosidad.

Hay varios hilos conductores en este libro. Creo que es la voz de otro Eduardo Halfon que cuenta estos relatos, es decir, un narrador que surge de mí y que no soy yo, que de pronto es padre, que antes escribió como hijo y ahora como alguien que también es padre”, comenta en entrevista.

Además, asegura que a lo largo del libro hay un niño que vemos crecer, el cual es el punto de partida para escribir sobre ciertos temas, “aunque en ocasiones se esconde y se convierte en una especie de fantasma; así como algunas crónicas sobre mi país, en torno a la violencia en Guatemala y también los textos sobre el yo escritor o mi entrada a la literatura”, abunda.

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¿Por qué le interesó abordar el tema del suicidio?, se le pregunta a Halfon. “Mi primer libro, publicado hace 20 años en Guatemala y reeditado en España hace un lustro, se llama Saturno y aborda el tema del suicidio. Yo entré a la literatura, en 2003, con un libro breve sobre escritores suicidas.

Fue una entrada a gritos, porque es un libro muy fuerte; es una carta a un padre, es un libro escrito en segunda persona, de un hijo reclamándole a un padre, que se parece mucho a mi padre. Y este hijo, este narrador, está obsesionado con narradores suicidas, está obsesionado con cómo cada uno de ellos se suicidó y se los está contando a su padre, como Hemingway, Virginia Woolf, Plath y Pavese, hay muchos, y también la relación de cada uno de ellos con su padre”, explica.

¿Es cierto que su relación con la literatura fue accidental? “Cuando la gente me pregunta cómo llegué a la literatura, siempre digo que me tropecé y caí. Lo menciono en el libro: nunca fui lector y no tenía la literatura en mi horizonte.

Para mí, escribir fue una consecuencia de demasiada lectura. Digamos que (de pronto) leí demasiado, me enfermé de literatura y la consecuencia fue empezar a escribir”, dijo el ganador del Premio Roger Caillois (2015).

¿Observa algo distinto en el panorama antes y después de hacer ficción? “No sé si veo algo diferente. Escribir es un oficio, una artesanía en la que hay que aprender a manejar el lenguaje, una historia, pero no siento que me ayude en nada.

Yo creo que ese cambio, ese despertar sucede más como lector. De pronto leo un relato de (Roberto) Bolaño o un relato de (Juan) Rulfo y me sacude, me altera, mientras que la escritura la sigo viendo como mi trabajo y mi oficio”, apuntó el ganador del International Latino Book Award.

cva

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