Nostalgia noventera: los objetos que marcaron a toda una generación ¿Cuál recuerdas?

Muchos de los objetos que marcaron nuestra infancia y adolescencia ya no existen, pero dejaron una huella imborrable. Si todavía guardas alguno en casa, estás sosteniendo un pedacito de historia y de recuerdos que nos transportan directo a esos años.
Los noventa fueron una de las épocas más memorables. Si creciste siendo parte de la Generación X, Millennial o hasta Y, seguro sabes de lo que hablamos y quizá entre tus pertenencias tiene algunos de estos objetos entrañables:
VHS: las películas que marcaron nuestra infancia
Si disfrutaste de El Rey León, Cenicienta o Toy Story en su época dorada, seguro lo hiciste en un VHS, esas cintas negras rectangulares que nos regalaban tardes enteras de risas, lágrimas y magia.
Lanzados en 1976, dejaron de fabricarse en 2006 (y los reproductores en 2016). Eran enormes comparados con la tecnología actual, pero nos daban lo más valioso: la posibilidad de repetir una y otra vez nuestra película favorita.

Rebobinador de VHS: el auto que regresaba el tiempo
Un clásico de clásicos, el rebobinador en forma de cochecito ¿Recuerdas el sonido característico que marcaba el final del rebobinado? Si lo tuviste, es probable que te lleve a un momento único y en tu memoria, como en la de otros, continúe la esencia que transmitía ese objeto.
Rojo, azul o negro, era casi un juguete y a la vez un aliado indispensable, porque sin él, ver de nuevo una cinta era imposible. Si tienes suerte, lograste verlos o quién sabe, quizá y como a otros, mamá lo tiro o lo donó sin querer a las cosas viejas, pero bonitas y se convirtió en un tesoro perdido.

Discman: la música de tu vida en tus manos
Antes de Spotify y YouTube, existió el Discman de Sony (1984), el reproductor de CD portátil que nos acompañaba a todas partes. Con él, podías escuchar a NSYNC, Nirvana, Michael Jackson o Eminem con una calidad de sonido increíble para la época.
Aunque heredero del legendario Walkman, el Discman cambió la forma de escuchar música y nos dio libertad. ¿Quién no recuerda caminar con los audífonos puestos, cuidando que el disco no saltara en cada movimiento?

Gafas 3D: ver el mundo a otro nivel
Las gafas de cartón con filtros rojo y azul nos transportaban a otra dimensión. Eran simples, pero hacían que una película o una imagen se convirtiera en una experiencia diferente.
Aunque siguen existiendo, su uso se disminuyó y en los cines se ofrecen otros diseños, pero no volvieron a tener la magia de aquellos primeros intentos caseros de ver “en tercera dimensión”.

Caseteras: grabar, rebobinar y soñar
No había nada más emocionante que esperar a que sonara tu canción favorita en la radio y correr a grabarla en la casetera. Ese “clic” al presionar rec era el inicio de tu playlist personalizada.
Las caseteras nos enseñaron a ser pacientes, creativos y hasta DJs en potencia, con nuestras mezclas de cintas caseras que hoy serían tesoros invaluables.

Disquete: la memoria de nuestra niñez
Antes de las USB y la nube, existieron los disquetes, aquellos cuadrados de plástico que almacenaban desde 79 KB hasta 240 MB.
Aunque hoy parecen ridículamente pequeños en capacidad, en los noventa eran la clave para hacer tareas, guardar juegos y sentir que llevábamos “todo” en el bolsillo. Fueron parte de nuestra vida hasta ser reemplazados definitivamente en 2011.

Tamagotchi: la mascota digital que nos enseñó a cuidar
¿Quién no tuvo un Tamagotchi colgado del llavero? Ese huevito japonés lanzado en 1996 por Bandai nos hacía responsables de una mascota virtual que había que alimentar, limpiar y entretener.
Si olvidabas darle de comer, podías perderlo y empezar de cero. Era frustrante, pero también emocionante. Muchos aún lo recuerdan como su primer acercamiento a la responsabilidad, en versión digital. A diferencia de los demás objetos, estos aún existen, pero han evolucionado.

La nostalgia de tenerlos aún en casa
Tantos recuerdos caben en estos objetos. Cada uno guarda historias personales: una tarde en familia viendo Disney, una caminata con música de fondo, o la emoción de cuidar un Tamagotchi.
Si todavía conservas alguno de ellos, tienes más que un objeto: tienes un pedacito de los noventa que nos recuerda lo especiales que fueron esos años.
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