Claroscuros de un páramo estéril; publican nueva traducción de 'La tierra baldía'
La lectura impostergable del siglo XXI, será presentada el próximo 12 de abril

A un siglo de su publicación, La tierra baldía, de T. S. Eliot es un poema cuya lectura no deja de ser urgente”, afirma el poeta y traductor Hernán Bravo Varela (Ciudad de México, 1979), quien presentará su traducción de este poema, en el Auditorio Divino Narciso del Claustro de Sor Juana, el próximo miércoles a las 13:00 horas.
Y lo comento no sólo porque registra coincidencias terroríficas como nuestro periodo pospandémico, pues en aquel momento (en 1922), se registró la influenza española y en nuestro tiempo converge con la emergencia por covid-19.
Así como las secuelas de la Primera Guerra Mundial que dejó en Europa, con un extenso cementerio, mientras que ahora escuchamos los tambores de guerra en Ucrania”, comenta.
A este escenario, abunda el también autor de Hasta aquí y La documentación de los procesos, “se asocia también un clima social, económico y político caracterizado por la incertidumbre y por el desánimo, pero que no se queda en la mera tematización o victimización de la voz que le da pie, sino que más bien es un poema que reflexiona, problematiza y juega con todos estos elementos y los hace comparecer de una manera muy peculiar en la voz de La tierra baldía”, puntualiza.
Además, asegura que el poema de T. S. Eliot nos muestra todas las épocas, todas las lenguas, todos los espacios y los personajes que podemos imaginar en su interior, los cuales se dan cita con la misma uniformidad y con el mismo sentido democrático, donde se dan la mano la alta y la baja cultura, la cultura popular y la libresca en el curso de las cinco estaciones o capítulos de este poema.
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Para Bravo Varela, existen muchas particularidades que pueden explorarse en esta obra, “lo cual muestra la urgencia del poema, por ejemplo, que sigue conmoviendo a adolescentes, adultos y viejos por igual en este siglo.
Eso nos habla de su importancia y, para decirlo en términos del poeta estadunidense Frank O’Hara, es una meditación poética de la que no vamos a salir nunca”.
Aunado a esto, apunta Bravo Varela, la obra revela los enormes periodos de crisis que se reflejan en la creación de obras como ésta, que tratan de vislumbrar los claroscuros de una época y apuntar ciertas cosas que tienen que ver con el destino humano, aunque sin tratar de cambiar esa naturaleza que nos acerca a una nueva manera de decir ‘el horror’, tal como lo exponía elocuentemente el coronel Kurtz en El Corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad, una lectura sumamente cercana y cara al propio Eliot.
¿Qué tan importante fue la edición que hizo Ezra Pound del poema?, se le pregunta a Bravo Varela. “Es muy importante señalar el papel de Pound. Más allá de que en general, como Javier Calvo denomina a los traductores, pareciera un fantasma del libro, aunque en realidad es el fantasma de las navidades pasadas, presentes y futuras de La tierra baldía.
Así de importante es el peso de Pound en la versión definitiva de este poema, en el que Pound decidió sacrificar más de la mitad de la extensión original del poema. Fue una cirugía mayor al poema y Eliot no dudó en atender las observaciones que recibió de Pound, su miglior fabbro (su hacedor), para decirlo en clave dantesca”, concluye.
cva