En la conversación pública sobre salud, los medicamentos suelen ocupar el centro del escenario. Se discuten precios, patentes, acceso y desabasto con intensidad y con razón. Pero hay un actor igual de determinante que la gente conoce menos: los dispositivos médicos. Invisibles para algunos, pero indispensables para millones. Un marcapasos que regula el ritmo de un corazón. Una prótesis de cadera que devuelve movilidad. Un catéter que permite administrar quimioterapia de forma segura. Un ventilador mecánico que sostiene la vida en una unidad de cuidados intensivos. Ninguno de éstos es un complemento. Son, en sí mismos, tratamiento.
Se estima que más de 60% de las decisiones clínicas en hospitales dependen de algún dispositivo médico, desde el diagnóstico hasta la intervención. La OMS ha señalado que existen más de 2 millones de tipos de dispositivos médicos en el mundo, organizados en más de 7 mil categorías. Y, sin embargo, su disponibilidad y acceso distan mucho de ser equitativos, particularmente en sistemas de salud fragmentados como los de América Latina.
En México contamos con talento médico de primer nivel, pero con brechas importantes en infraestructura, mantenimiento y renovación tecnológica. De acuerdo con distintos análisis sectoriales, una proporción relevante del equipo médico instalado en hospitales públicos tiene más de 10 años de antigüedad. En términos clínicos, eso no sólo implica obsolescencia: implica menor precisión diagnóstica, mayor riesgo operativo y, en última instancia, decisiones menos oportunas.
Hablar de dispositivos médicos es también hablar de seguridad del paciente. La correcta regulación, evaluación y vigilancia es tan crítica como en el caso de los medicamentos y por eso el rol de la Cofepris es estratégico.
Es un tema de política pública y de visión sistémica. Un dispositivo oportuno puede evitar complicaciones, reducir estancias hospitalarias y disminuir costos a largo plazo.
Además, es un asunto de acceso a la innovación. La medicina avanza hacia intervenciones cada vez menos invasivas, más personalizadas y apoyadas en tecnología. Se trata de un sector estratégico también para la economía, por su capacidad de generar inversión, empleo y desarrollo tecnológico. México es hoy el sexto productor mundial de dispositivos médicos y el principal exportador en América Latina. Esta industria cuenta con más de 49 plantas de manufactura, genera alrededor de 175,000 empleos y tiene un mercado interno superior a los 8.3 mil millones de dólares.
Las especialidades más relevantes incluyen cardiología, oncología, ortopedia, diagnóstico por imagen, diabetes y enfermedades crónicas, así como salud digital y monitoreo remoto. En los próximos años su desarrollo se enfocará en el uso de inteligencia artificial, dispositivos conectados y medicina personalizada.
Uno de los principales retos del sector es justo que la innovación avanza más rápido que la regulación, la aprobación y la capacidad del sistema de salud para integrarla. Resultado de ello es que lo que México produce no siempre llega a tiempo a los pacientes y, sin embargo, hoy, detrás de cada historia de recuperación, de cada vida extendida, de cada diagnóstico certero, hay, muy probablemente, un dispositivo médico haciendo su trabajo en silencio.
Equiparar la conversación y la inversión entre medicamentos y dispositivos no es un asunto técnico; es una decisión ética. Es reconocer que la salud no depende de una sola herramienta, sino de un ecosistema completo donde cada componente cuenta. En el Medical Devices Innovation Summit 2026, el 6 y 7 de mayo en la Ciudad de México, buscan mostrar los beneficios de esta industria para la salud y la economía del país.
El primer día del Summit contará con mesas de diálogo sobre regulación, acceso y política pública. El segundo día se centrará en innovación y el conocimiento científico, presentando dispositivos de última generación y soluciones tecnológicas.
Desde este Arco les deseamos mucho éxito en su evento y en el proceso de adquisiciones con el gobierno que está en plena negociación, porque si les va bien, nos va bien a todos los mexicanos, especialmente a los pacientes.
