Resultados tangibles

Yuriria Sierra

Yuriria Sierra

Nudo gordiano

La Casa Blanca publicó su Estrategia Nacional de Control de Drogas 2026 y, con esa pulcritud burocrática con la que en Washington suelen redactarse las amenazas, sentenció: la asistencia estadunidense en seguridad —capacitación, intercambio de inteligencia, operaciones conjuntas— estará condicionada a “resultados tangibles”. El catálogo es preciso: arrestos, procesos, extradiciones, desmantelamiento de laboratorios sintéticos. Y al frente, sin necesidad de pronunciar el nombre, el caso que detonó la urgencia: Rubén Rocha Moya, gobernador con licencia de Sinaloa, acusado por la Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York —junto con un senador, el alcalde de Culiacán y siete altos mandos policiales— de pactar con Los Chapitos desde la campaña de 2021 y de haber convertido un estado entero en franquicia operativa del cártel.

Conviene tener la cifra a la mano antes de seguir. En 2025, el gobierno de Claudia Sheinbaum rompió el récord histórico de transferencias de presuntos capos a Estados Unidos: al menos 133, contando extradiciones y expulsiones. La marca anterior, 115, era de Felipe Calderón en 2012. México ya estaba cooperando como nunca antes. Y, aun así, Washington decidió que ahora, justo ahora, había que condicionar. La traducción es brutal y simple: lo que entregaron no les fue suficiente. No bastó El Mayo. No bastó Ovidio. No bastaron los 133. Lo que el documento de la Casa Blanca exige, en su prosa de oficina, es que Sheinbaum entregue, además, a los suyos.

Aquí entra Los Angeles Times. El reportaje de Patrick J. McDonnell y Kate Linthicum, replicado esta semana en una docena de diarios estadunidenses, fija la palabra que va a marcar el verano diplomático: defiant. Sheinbaum, defiant, proyectando en pantalla durante la mañanera los presuntos cuadernillos contables del cártel —la prueba reina del expediente neoyorquino— y mofándose de ellos. Repitiendo que su gobierno “no protege a nadie” mientras anuncia que para mover un dedo contra Rocha Moya hace falta “evidencia irrefutable”, como si en derecho penal mexicano existiera ese estándar y no el más prosaico de “indicios suficientes”. El reportaje dispara la analogía que en Palacio Nacional preferirían no escuchar: Cienfuegos, 2020. El general retirado detenido en el aeropuerto de Los Ángeles, devuelto a México tras una campaña frenética de López Obrador, exonerado en silencio sin que la Fiscalía fingiera siquiera abrir el expediente. La memoria de Washington es selectiva, pero no amnésica. De ahí la condición. La Estrategia 2026 nace de la sospecha fundada de que, sin un mecanismo explícito de presión, Rocha Moya seguirá el camino del general: que la FGR pedirá pruebas y volverá a pedir pruebas, y que el gobernador con licencia, al que la Guardia Nacional brinda escolta (esta misma semana lo confirmó la Presidenta sin que nadie en la sala se ahogara con su café), terminará absuelto por el simple expediente de no ser jamás procesado. La maquinaria está engrasada para eso.

Sin coquetería: la indignación de Sheinbaum por la “injerencia” es retóricamente impecable y políticamente comprensible. Defender la soberanía es lo que hace una presidenta cuando un gobierno extranjero acusa a uno de los suyos. Pero la soberanía, entendida como prerrogativa de no ser auditados desde fuera, supone que la auditoría se hace por dentro. Y la auditoría doméstica ya tiene su veredicto involuntario. Omar García Harfuch lo dijo el lunes con una franqueza que probablemente le va a costar caro: el gabinete federal “no tenía ningún indicio” sobre los presuntos vínculos de Rocha Moya con el cártel. Es decir, durante cuatro años el secretario de Seguridad supervisó un estado capturado, según la fiscalía neoyorquina, y no se enteró. O se enteró y no procedió. Las dos hipótesis son malas. Una, por fuerza, es verdadera.

La doctrina Trump tiene mucho de chantaje y algo de diagnóstico. El chantaje es evidente. El diagnóstico es más incómodo: Washington ya sabe que, sin amenaza, no hay cooperación; lo aprendió con Cienfuegos. Lo que falta averiguar es si Sheinbaum, con un nombre concreto sobre la mesa y un estado entero como prueba de cargo, romperá el patrón o lo perfeccionará. La Estrategia 2026 dice “resultados tangibles”. El gobernador con licencia, por ahora, es sólo un nombre. Lo tangible será, en el sentido más literal de la palabra, lo que ocurra con su cuerpo: si lo aborda un Black Hawk en Culiacán o si lo cuida la Guardia Nacional hasta que la prensa cambie de tema. De esa diferencia depende, francamente, casi todo.