El Colegio Nacional se opuso a realizar actos que ultrajaran símbolos patrios
Ruy Pérez Tamayo, presidente en turno del recinto, respondió a las denuncias de censura que hicieron algunos artistas de la muestra Libertad por el sabor

CIUDAD DE MÉXICO.
“El Colegio Nacional se opuso a realizar actos que ultrajaran los símbolos patrios y desautorizó la realización de actividades que pudieran violar las normas de preservación del patrimonio cultural a las que su sede está sujeta”. Así responde el científico y académico Ruy Pérez Tamayo ante la denuncia de censura que un grupo de artistas contemporáneos realizó en contra de la institución que encabeza, luego de que la exposición Libertad por el sabor fue desmontada al día siguiente de su inauguración, lo que ocasionó daños en por lo menos seis obras (Excélsior, 14/11/2017).
El presidente en turno de El Colegio Nacional “acepta y lamenta que, por un malentendido, levantó y guardó Libertad por el sabor, del colectivo Biquini Wax EPS (BW), un día después de su apertura, por lo que ofreció reinstalarla de inmediato, lo cual no fue aceptado por BW”.
En una carta enviada a este diario, el Premio Nacional de Ciencias y Artes 1974 afirma que “El Colegio Nacional, desde su creación en 1943, ha sido y continúa siendo una comunidad de cultura al servicio de la sociedad, en cuyo seno han estado representadas, y ha dado a conocer, sin limitación ni censura alguna, todas las corrientes del pensamiento y las tendencias filosóficas, científicas y artísticas, de manera libre y gratuita”.
La denuncia de los artistas parte del hecho de que, sin notificarles, la muestra inaugurada el pasado 21 de octubre en los patios de El Colegio Nacional sólo estuvo en exhibición un día, aun cuando se había acordado mostrar la obra de 23 artistas y colectivos de arte contemporáneo hasta el próximo 20 de noviembre.
En entrevista con Excélsior, el escritor Juan Villoro admite también que se cometió un error al desmontar la exposición al día siguiente de su apertura; pero aclara que fue a iniciativa del personal de intendencia y que nadie de El Colegio Nacional lo autorizó. “Eso fue una chambonada, pero no se puede considerar de ninguna manera como censura, porque les ofrecimos reinstalar las piezas”, indica.
“Yo invité a Biquini Wax, concretamente a Daniel Aguilar Ruvalcaba, a participar en la mesa Revoluciones estéticas: Las vanguardias, que cerraba el coloquio Libertad por el saber. Tiempos de revoluciones. Luego les dije ‘por qué no hacemos un performance para cerrar con broche de oro, hacer algo distinto, innovador y transgresor’. Hasta ahí llegó mi participación. Daniel e Israel Urmeer visitaron las instalaciones de El Colegio y se vieron con Martín Velazco, encargado de las actividades. Martín se entusiasmó mucho y les propuso hacer una exposición en el patio”, añade.
La mesa en la que participó Biquini Wax fue la más visitada: hubo mil 712 espectadores, y los comentarios fueron “estupendos”, dice Villoro. “Pero al día siguiente era domingo y, después de diez días de coloquio, todos nos fuimos a descansar y los empleados de intendencia pensaron que las piezas formaban parte de algo que ya había pasado y procedieron a retirarlas. Esta orden no la dio Martín, sino que ellos en automático procedieron”.
Tanto Villoro como Velazco, prosigue, ofrecieron a Aguilar Ruvalcaba reinstalar las obras, pero el artista pidió que no lo hicieran. “Él nos dijo que quería que el desmontaje de la exposición formara parte de la obra. Entonces, es muy sorprendente que ahora haya una acusación de censura. Nadie censuró nada: ellos jugaron con el lema de El Colegio Nacional, Libertad por el saber, y lo cambiaron a Libertad por el sabor, pusieron un pollo en lugar del águila del escudo y en general todo fue muy divertido y participativo.
“Yo no sabía lo que Daniel iba a decir en la mesa, no le pregunté y me pareció estupendo y creativo. Tampoco les preguntamos sobre sus piezas a los artistas. En general, creo que todo el esfuerzo fue para abrir una puerta a ideas diferentes y sí, se cometió un error, pero fue sin que nadie lo autorizara”, apunta.
Villoro asegura que el arte contemporáneo muchas veces considera que es más importante hacer un escándalo que tener aceptación. “Se abrió una puerta y ahora ellos la están cerrando y se quejan de que así sea. Es como el niño que mata a sus padres y se queja luego de que es huérfano”.
Al ser cuestionado sobre los problemas de montaje que hubo previo a la inauguración, Villoro se deslinda del tema. “De esto no te puedo decir nada. Yo no los invité a hacer una exposición, no sé cómo se hace una exposición, no conozco los requerimientos, ni dónde iban las piezas. Yo abrí una puerta para la mesa redonda y el performance, y luego Martín abrió el tema de la muestra. Ahora bien, si a ellos les parecía que no había condiciones para qué exponen. Ahí debió haber un criterio de profesionalismo. Si les dicen que no pueden poner las piezas donde ellos quieren, si les dicen que quieren usar la fachada y no los dejan, entonces para qué exponen. Expusieron y fue un éxito. Lo que fue un error fue el desmontaje repentino”, narra.
Sobre la discusión previa de la obra Raza antigua de pies descalzos y sueños blancos, de Juan Caloca, que tomaba elementos del Escudo Nacional, que fueron impresos en un tapete blanco colocado a la entrada del recinto para que los visitantes limpiaran su calzado, Villoro explica que El Colegio Nacional tiene que cumplir con un reglamento, con el decreto y con el respeto a los símbolos patrios. “Incluso hablé con gente de la Suprema Corte de Justicia para tratar el tema y todo se flexibilizó. La obra se puso tal y como el artista quiso. Es decir, la pieza que podía ser la más transgresora se puso y tengo un correo de Juan donde dice que le llamaba la atención que nadie se sorprendió de pisar el Escudo Nacional”.
Si bien los artistas han denunciado que fueron dañadas al menos seis piezas (Ranitidina y Ritalina, de Berenice Olmedo; Sin título. (Pesos de los Estados Unidos Mexicanos), de Josué Mejía; América, vista desde las tres carabelas y Sin título, de Marco Aviña y Marek Wolfryd; Atentado térmico. Lo más interesante de esa vida tan animada es que no tengo que hacer nada, de Israel Urmeer; y Monedas de un peso entre pan blanco, de Ha Vi), Villoro asegura que sólo tiene conocimiento de que se rompió la pieza de Olmedo.
“En el desmontaje precipitado se dañó una pieza de Berenice Olmedo. Ella presentó una rata disecada, bueno, varias, pero a una se le rompió la cola. Solicitó una compensación de diez mil pesos. Yo le pedí a El Colegio Nacional que apoyaran a Berenice. No sé si se puede tasar una cola de rata en diez mil pesos, no sé si es mucho o es poco; pero no hubo el menor regateo de nuestra parte, hay que satisfacer su demanda y así se hizo”.
Sobre la “negligente” manipulación de la obra por parte de El Colegio Nacional, según han señalado los artistas, luego de que sin notificarles se “volvieron a montar” sus piezas en uno de los patios, el cronista agrega que ese tipo de reclamos entra en una “zona absurda”.
“Nunca vi que se volvieran a montar las piezas. Lo que tengo de evidencia es el correo de Daniel, en el que nos dice que quiere que las piezas se queden con el aspecto de basura. Pero como la gente de intendencia juntó la obra para embodegarla, entonces a él le pareció que eso estaba mal, porque lo que quería evidenciar era que las piezas se estaban tratando como basura”.
Villoro califica como clasista el reclamo de los artistas que critican que los empleados de limpieza, al querer hacer su trabajo, perjudican al arte contemporáneo, por no entenderlo y embodegarlo. “Me parece un discurso muy barroco. De todos los participantes del coloquio, el único que pidió dinero por participar fue Daniel Aguilar Ruvalcaba, nadie más. En el fondo de todo está una voluntad de escándalo y un deseo de reparación económica por parte de artistas que se pretenden alternativos. Otros artistas han demandado el pago por supuestos daños, lo cual es contradictorio, porque si Daniel quería que todo quedara como basura hasta el 20 de noviembre, para que fuera registrado, y luego dice que no se trataron adecuadamente las piezas. Entonces decídete, o se tratan como basura o se cuidan las piezas”, comenta.
Para Villoro, los artistas que participaron en la exposición se han inventado un enemigo que nunca han tenido. “Fue realmente extraordinaria la exposición. Tuvimos muchísimos visitantes en la inauguración y es una lástima que se ponga el acento en el escándalo y en los daños. Eso es un criterio más de Lady Gaga que del arte contemporáneo”.
El escritor dice que desea seguir abriendo puertas a nuevas propuestas, pero explica que hay quienes las quieren cerrar. “También, obviamente, estamos dando una lucha interna y externa para abrirlas; pero si la respuesta va a ser de queja, porque un error es visto como un acto de censura, creo que no es algo que le ayude al arte ni a la libertad de expresión. Todo esto me hace pensar para qué se mete uno en estas cosas, si luego el resultado final acaba siendo una búsqueda de notoriedad y escándalo, que uno asociaría con otro tipo de artistas y no con Biquini Wax. Pero, bueno, también los vamos conociendo”, concluye.
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