Tu cabeza tiene precio; Marçal Aquino, un asesino sentimental

Marçal Aquino publica en español su novela donde todos los personajes tienen un constante sentimiento de culpa

CIUDAD DE MÉXICO.

Una novela donde todos los personajes tienen un constante sentimiento de culpa, actúan siempre fuera de la ley y por eso son perseguidos. Tu cabeza tiene precio es un suceso narrativo inédito para su autor, el brasileño Marçal Aquino (1958), pues la escribió en 54 días.

Al principio imaginé una historia de amor entre un sicario y la dueña de un prostíbulo. Pero con el tiempo las cosas se salieron de control, como suele ocurrir en mi caso. Entonces se convirtió en una novela negra con algunos tonos de historia de amor”, afirma en entrevista sobre el título que acaba de publicar editorial Océano.

La novela se desarrolla en la frontera con Bolivia, en ciudades más al norte de Brasil, donde están ubicados los narcos. Hablo de la realidad. México y Brasil son incómodamente parecidos en cuanto a la violencia, pero lo vital es hablar de personas que están al borde de tomar una decisión que puede significar la vida o la muerte”, agrega el novelista y cuentista.

Pero lo que me pareció más interesante es que la escribí en 54 días. Fue una cosa que me tomó por sorpresa, no tuve cómo defenderme, o la escribía o la dejaba de lado. Abandoné todo lo que estaba haciendo y me entregué a la narrativa que parecía venir de algún lugar, fue una cosa misteriosa. La velocidad con que la tuve que escribir fue algo inédito para mí”, recuerda.

Tu cabeza tiene precio se publicó en portugués en 2003 y ahora completa su trío de obras de largo aliento ya publicadas en español, junto con El invasor y Yo recibiría las peores noticias de tus lindos labios; todas adaptadas al cine.

Aquino, definido como una de las voces más poderosas de la narrativa brasileña, acepta que esta novela es una historia de asesinos sentimentales. “Intenté hablar de dos personas que viven en ambientes de mucha violencia, que consiguen un espacio para vivir su amor, pero al final no se quedan juntos, la violencia asume el comando de la trama”.

El también periodista, egresado de la Pontificia Universidad Católica de Campinas, descarta que su propuesta literaria pertenezca al género policiaco tradicional. “Los pienso más como dramas criminales. Hay sicarios, narcos, prostitutas, pero casi no aparecen policías, evito su presencia. Mi experiencia como reportero policiaco sí contaminó mi narrativa. Me interesan las personas de la periferia, las que viven al margen de la ley”.

Con una estructura literaria compleja, llena de espirales, el narrador nacido en Sao Paulo cuenta los avatares de dos asesinos a sueldo, uno pirómano y el otro enamorado de la madame de un burdel, que son enviados a cazar a un traidor a lo largo de las regiones más desérticas y peligrosas de Brasil.

No pensé en una estructura compleja. De la forma como se me ocurrió la novela la fui escribiendo. Una noche estaba comiendo y en ese momento salió otro capítulo. No fue intencional, fue algo mágico. Me coloqué a su disposición. No tengo el control absoluto de lo que escribo. Tiene que ver con la forma como narro, sin una estructura previa, se me van ocurriendo las cosas conforme las plasmo en papel. Para mí también es siempre una sorpresa”, señala.

El también guionista televisivo y cinematográfico está contento porque durante el primer semestre de 2017 publicará en México una antología de sus mejores cuentos. “De los cuatro libros de relatos que tengo elegiré los más significativos para mí y los reuniré en una antología. Estoy en conversaciones sobre eso”.

Y adelanta que ahora trabaja en su primera novela histórica. “Cambié completamente. Estoy escribiendo una farsa erótica histórica que transcurre en el siglo XVIII. Sin pesquisas formales, estoy recreando una serie de personajes que vivieron en el Brasil colonial. Se llamará La felicidad genital, es una farsa con humor y sexo. La terminaré pronto”, promete.

El autor aclara que no le quita el sueño si esta nueva historia se lleva a la pantalla grande, como sus tres anteriores. “Nunca pienso que mis novelas serán películas. Pienso en la literatura en sí misma. Escribo a mano. Hay una velocidad distinta al del guionista. La literatura es para mí como un oasis”.