Retrato hablado: Miguel de Cervantes Saavedra, una vida de penurias
Aún con el calvario que sufrió a lo largo de su existencia, Miguel de Cervantes es hoy la máxima figura de la literatura española. Este año se cumplen 400 años de su fallecimiento

CIUDAD DE MÉXICO.
“Un escritor travieso, juguetón, lúdico, con sentido del humor e imprevisible”: así define la filóloga mexicana Margit Frenk al poeta, novelista y dramaturgo español Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616), considerado la máxima figura de la literatura española.
Tras décadas de estudiar a fondo la obra maestra de quien también fue soldado y recaudador de impuestos, El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, escrita en dos partes, en 1605 y 1615, la especialista de origen alemán comenta que “él mismo se llama ‘raro inventor’”.
“Cervantes era un escritor muy distinto de los demás y tenía una conciencia muy clara de esta diferencia y de su independencia; es decir, que él no necesitaba a otros autores para escribir, ni erudición, ni conocimientos. Tenía una gran conciencia de su capacidad de inventar. Es una voz muy complicada. Es varias personas a la vez”, explica.
Esta opinión sobre el creador de la primera novela moderna, de quien el próximo 23 de abril se conmemora el 400 aniversario luctuoso, ratifica los cuatro siglos de inmortalidad de su obra, un reconocimiento que no recibió en vida.
El devenir en el mundo durante 68 años del denominado Príncipe de los ingenios es más bien triste y rodeado de miseria e injusticia. Un destino que, sin embargo, no doblegó al autor de La Galatea” (1585).
“A los dos años de vida, Miguel empezó a saber de la necesidad, pues su padre fue a parar a la cárcel por deudas y sus bienes le fueron embargados. De ahí en adelante le acompañó la pobreza”, nos dice Héctor Anaya.
El autor del Calendario de los 400 años, que este año está dedicado a Cervantes y a William Shakespeare (1564-1616), apunta que el padre del español padeció diversas injusticias: “Fue encarcelado, sometido en cautiverio en Argel, le impidieron en cuatro ocasiones viajar a la Nueva España y hasta sus contemporáneos minimizaron la importancia de sus creaciones.
“Ni los servicios prestados a la Corona Española, ni el hecho de quedar con la mano izquierda incapacitada, le procuraron apoyo o pensión gubernamental. Murió en la pobreza y ni siquiera se sabe dónde quedó enterrado, ya que su lápida fue destruida”.
La incertidumbre comienza con el nacimiento del autor de Novelas ejemplares (1613), ya que no existe certeza del día exacto. Se piensa que fue un 29 de septiembre, fecha de la fiesta de San Miguel arcángel, dada la tradición de recibir el nombre del santoral.
Lo que sí se sabe, por el acta que existe, es que el hijo de Rodrigo de Cervantes y Leonor de Cortinas fue bautizado el 9 de octubre de 1547 en la parroquia de Santa María la Mayor de Alcalá de Henares.
Tampoco existen datos precisos sobre los primeros estudios de Cervantes que, piensan sus biógrafos, no llegaron a ser universitarios. Asistió en Madrid al Estudio de la Villa. Ahí, el catedrático de gramática Juan López de Hoyos publicó en 1569 un libro sobre la enfermedad y muerte de la reina Isabel de Valois, tercera esposa de Felipe II, e incluyó en él dos poemas de su discípulo. Éstas son las primeras manifestaciones literarias del autor de Viaje del Parnaso (1614), su único poema narrativo extenso.
Pero sus penurias se recrudecieron en 1569, cuando lo aprehendieron por herir en un duelo a Antonio Sigura, maestro de obras, según reza una providencia de Felipe II que se ha conservado.
Ésta podría ser la causa que lo motivó a irse a Italia. Aquí ocupó la plaza de soldado en la compañía del capitán Diego de Urbina. Y el 7 de octubre de 1571 participó en la batalla de Lepanto, donde perdió el movimiento de la mano izquierda, cuando un trozo de plomo le seccionó un nervio. De ahí el apodo de Manco de Lepanto. También tomó parte en las expediciones navales de Navarino, Corfú, Bizerta y Túnez.
Una de las experiencias más desagradables de don Miguel fue cuando estuvo preso junto con su hermano Rodrigo durante cinco años en Argel, capturados en 1575 por una flotilla turca y condenados a ser esclavos. Tras cuatro intentos de escapar, fue liberado al pagar el monto que pedían los secuestradores.
Al regresar a España trató sin éxito de rehacer su vida y pagar las deudas que había adquirido su familia para rescatarlo. Sólo encontró trabajos mal pagados. “Poco se sabe de los amores de Cervantes. Apenas se conoce que con Ana de Villafranca, mujer casada, tuvo una hija llamada Isabel de Saavedra. Y que, años después (1584), se casó con Catalina de Salazar, contra el parecer de los familiares de ella”, indica Anaya.
Hacia el final de su vida, vivió en Sevilla y Valladolid, donde, afortunadamente, se refugió en la literatura. Murió en Madrid de diabetes a los 68 años.
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