Samanta Schweblin esfuma al narrador

La escritora argentina charla con Excélsior acerca de su más reciente libro de cuentos, Siete casas vacías

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CIUDAD DE MÉXICO.

“Un buen libro es un corazón que late en el pecho de otra persona”, dice la escritora argentina Samanta Schweblin (Buenos Aires, 1978), que recién llega a México para presentar Siete casas vacías, su más reciente libro de cuentos, reconocido con el cuarto Premio Internacional Narrativa Breve Ribera del Duero.

“Me parece que todo gran cuento sólo llega a serlo cuando del otro lado encuentra un gran lector, pues toda historia es un trabajo conjunto, un trabajo de dos partes”, dice en entrevista Schweblin, la escritora de la prosa afilada y de gran capacidad para crear atmósferas densas, inquietantes y estremecedoras, definida por Rodrigo Fresán como la científica del cuento.

Pero ¿qué es un cuento para Schweblin? Ella responde con la misma sencillez de sus historias. “Para mí el cuento es la manera más auténtica de acercarme a la literatura. Ahí empezó todo para mí como lectora y escritora. Incluso cuando no sabía escribir se las dictaba a mi mamá (porque tenía cinco años) y luego en los espacios en blanco dibujaba”, recuerda la también autora de libros como El núcleo del disturbio y Pájaros en la boca.

Esta inclinación temprana por la ficción se instaló muy temprano en su mente, quizá porque siempre ha disfrutado la maquinaria que sujeta el final de las historias. “Ese momento es muy valioso en un cuento porque en la novela, por ejemplo, es algo que pasa más desapercibido. Y quizá por eso siempre he leído y escrito muchos cuentos”, comenta.

¿Dónde encontramos tu voz como narradora?, se le pregunta. “Yo siento que me enamoré de la literatura con autores latinoamericanos, como Adolfo Bioy Casares, Antonio Di Benedetto, Juan Rulfo y María Luisa Bombal, autores que crean mundos complejos, crueles, vitales y excesivos en todos sus aspectos”.

Sin embargo, reconoce que el eco literario que la llevó a encontrar su voz narrativa se puede encontrar en la literatura estadunidense. “La voz que uso cuando escribo es un poco más norteamericana, porque fue en esta literatura, de autores como Flannery O’Connor, J.D. Salinger y John Cheever, quienes tienen un gran control sobre lo que escriben y tienen una gran conciencia de lo que sucede con el lector dentro de la historia”.

Para Schweblin lo más importante al momento de escribir es encontrar el clima de sus historias, aspecto que define la temperatura y el ritmo de la narración. “Hay un clima que particularmente me fascina, un clima a lo Philip Glass y a lo David Lynch, o quizá un poco a lo True detective, donde se explora esa sensación de que algo extraño ocurre”.

Pero ese facto de lo extraño para nada se emparenta con la literatura fantástica, pues en sus narraciones todo se ancla a lo real, lo tangible, “a una suerte de refracción de los sentidos, quizá una sensación un tanto surrealista al estilo Duchamp, como cuando agarró aquella pipa y escribió ‘Esto no es una pipa’”, asegura.

Lo cierto es que sus historias, como en Siete casas vacías, están marcadas por la ausencia de un narrador, pues ella trata de suprimirlo para que no intervenga como una autoridad para el lector.

“En mi caso trato de que el narrador desaparezca —aunque hay cuentos que lo precisan— para dejar solo al lector con la historia. Quizá porque no me gusta meterme con el lector o porque no me gusta mi propia voz. Así que me gusta pensar en las historias como una tela mosquitera donde el narrador sólo se ve cuando uno observa de cerca”.

¿Cuántas capas utiliza en cada historia?, se le pregunta. “Cada cuento es un mundo. Puedo decirte que el trabajo empieza cuando camino por la calle y pienso mucho. Esa es la primera capa. Luego viene un proceso de olvido donde muchas cosas se pierden y ya no las recuerdo. Yo confío en ese olvido, pero cuando de pronto recuerdo algo, descubro una idea y a partir de ahí me pongo a trabajar. Después vienen muchas capas de escritura y reescritura hasta que llega la publicación”.

¿Qué tanta poesía encontramos en sus historias?, se le inquiere. “Me gusta lo poético en lo narrativo, pero siento que lo poético se puede empujar hacia el lector mediante cierta sensación poética. En la narración lo poético siempre sucede en la cabeza del lector y no en el propio texto”, afirma

Porque en opinión de esta narradora “los momentos más luminosos de toda historia… esos golpes existencialistas… no los descubrimientos en la página, sino en la cabeza del lector. Por eso un gran cuento lo es cuando tiene del otro lado a un gran lector; es una labor de dos partes”, concluye.

TÍTULO: 
Siete casas vacías

AUTOR: 
Samanta Schweblin

EDITORIAL: 
Páginas de espuma, 
México, 2015; 124 pp.