Archivo Juan Acha, un proyecto trunco

Instalado en el Centro Cultural Universitario Tlatelolco y con un 60 por ciento de avance en su catalogación, espera su apertura pública

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CIUDAD DE MÉXICO, 8 de septiembre.- Debido a conflictos sindicales y burocráticos al interior del Centro Cultural Universitario Tlatelolco (CCUT) de la UNAM, el centro de documentación que resguarda el archivo de Juan Acha (1916-1995), uno de los más importantes teóricos y críticos de arte de América Latina y colaborador de Excélsior durante los años 70, aún no ha sido abierto al público pese a que ya se encuentra instalado y catalogado en una primera etapa.

El archivo, que cuenta con poco más diez mil registros, entre catálogos, libros, folletos, fotografías y publicaciones periódicas, fue donado al CCUT en 2009, pero  hasta ahora sólo ofrece acceso limitado a un puñado de investigadores debido a que la fracción sindical del CCUT insiste en ocupar las plazas destinadas a operar el Centro de Documentación Proyecto Juan Acha, pese a no contar con candidatos que se adapten al perfil necesario.

Así lo revelan a Excélsior Joaquín Barriendos, profesor, especialista en cultura visual por la Universidad de Columbia e investigador del archivo, y Mahia Biblos Boskües, esposa del teórico de origen peruano, de quien el próximo año se cumplirán dos décadas de su muerte y en 2016 se recordará el centenario de su nacimiento.

“Tenemos problemas con el sindicato en nuestras actividades diarias; por ejemplo, para poner al día la catalogación del Proyecto Juan Acha no sólo se trata del manejo de horarios, sino del uso de esas plazas”, comenta Barriendos.

Es tan simple como que se necesita un jefe de biblioteca que coordine los procesos técnicos, explica, pero esa y otras plazas son peleadas por el sindicato para su uso propio. “El problema es que se trata de plazas de especialización y nadie dentro del sindicato cuenta con los conocimientos necesarios para ocuparlas”.

Mahia Biblos agrega: “Yo pienso que es una cuestión administrativa que escapa a nuestras manos y es algo que no entendemos; es una cuestión burocrática en realidad, pero que impide que el proyecto sea ágil y efectivo”.

Sin embargo, el mayor problema para que el Centro de Documentación tenga una vida efectiva y pueda ofrecer un buen servicio, operativo y eficiente, es que no sólo se requiere un jefe de biblioteca.

“También se necesita una coordinación académica que dé dirección a las investigaciones, orientación a los investigadores y que ofrezca apoyo al público en general, sin descuidar los procesos técnicos de catalogación, registro y documentación de los más de diez mil registros”, explica Barriendos.

Desafortunadamente no hemos conseguido obtener esto por cuestiones de burocracia interna, reconoce, “lo cual ha repercutido en un retraso permanente en su apertura ante la imposibilidad de completar ciertos procesos que tenemos en curso”.

¿Considera que este problema se solucionará a la brevedad?, se le cuestiona al académico por la Universidad de Columbia. “No lo creo. Aunque por ahora lo más importante para nosotros es la preservación física del archivo, pues un acervo de éstos requiere de un cuidado físico, institucional y patrimonial riguroso… Es un tema que nos preocupa mucho”, responde.

Al respecto se buscó la voz de Jorge Jiménez Rentería, director del CCUT, pero a través de Pablo Aburto Carvajal, su coordinador de Difusión, enfatizó que no existe información alguna sobre este archivo. “No hay información disponible, no se puede visitar el archivo, nada que podamos informar”, aseguró el funcionario en repetidas ocasiones.

'A un paso de la basura'

Pero éste no ha sido el primer obstáculo que enfrenta el archivo de Juan Acha. Hace sólo cinco años, este acervo documental estuvo a punto de ser arrojado a la basura.

A principios de los años 90, el archivo fue donado por Mahia Biblos a la Academia de San Carlos, bajo la administración de Luz del Carmen Vilchis. Entonces se firmó un convenio de donación para realizar distintas actividades de investigación y conservación. Incluso, en 2005 se organizó un ciclo de conferencias para recordar al teórico a diez años de su fallecimiento.

“Entonces, vinieron bastantes investigadores, se iba a editar un libro y estaba todo previsto. Pero en 2009 llegó un nuevo director, del que prefiero no mencionar su nombre, y demeritó el valor del archivo. Así que un día me llamó por teléfono y me amenazó con tirarlo a la calle”.

Poco tiempo después intervino Diego Valadés, entonces abogado de la UNAM, quien apoyó a Biblos y le dijo que la decisión era absurda y que si algo así sucediera… sería una vergüenza para la UNAM. “Me dijo que no me preocupara, que no pasaría nada. Y fue verdad. Así que decidí llevarme el archivo a Estados Unidos para garantizar su conservación”, narra.

Pero luego, Sergio Raúl Arroyo, quien entonces fungía como director del CCUT, le pidió que lo mantuviera en México y le ofreció un espacio dentro del centro. “Lo pensé y reconsideré porque ese centro forma parte de la UNAM, institución a la que le tengo un afecto especial”, dice.

Días después, las autoridades de la Academia de San Carlos subieron el archivo en un camión de redilas y lo enviaron sin protección al CCUT, donde hoy finalmente ocupa una parte del espacio que antes albergaba al Museo Andrés Blaisten.

Sin embargo, ahora enfrenta un nuevo obstáculo para su apertura pública: los intereses del sindicato, grupo que lucha por tomar las plazas designadas para catalogadores y restauradores de obra designadas para el archivo.

“El problema es que ninguno de los trabajadores que propone la gente del sindicato cuenta con los conocimientos para asumir esos puestos y ahí estamos atorados. Como verá, tenemos bastante carrera hecha en el archivo”, explica con cierto malestar Mahia Biblos.

“Por desgracia las instituciones –no sólo en México– tienen un interés nominativo, casi político, en torno a la preservación de archivos; es decir, no han generado estructuras permanentes con personal capacitado en la administración y organización de archivos”, expresa por su lado el investigador de la Universidad de Columbia.

Esto significa que no se destinan recursos para preservar acervos y documentos, por lo que proyectos como éste siempre son una lucha contra el abandono, el descuido, la ignorancia y la dejadez.

“Nadie le da interés a estos archivos. Por eso cuando se donan los acervos nadie pone cuidado, pero cuando un coleccionista extranjero los compra todo mundo pone el grito en el cielo –con justa razón–, pero la verdad es que las instituciones no están preparadas para valorar patrimonialmente estos acervos”, señala.

Legado de Juan Acha

Si hubiera que definir el legado de Juan Acha, investigador y teórico de origen peruano naturalizado mexicano, dice Joaquín Barriendos, se podría asegurar que aportó un cambio radical en la manera como el crítico de arte se entiende en la sociedad y el objeto de estudio que analiza; es decir, aportó una nueva manera de entender las relaciones sociales a través del arte.

Aunado a esto, el teórico formó una nueva generación de críticos de arte que apareció en América Latina a finales de los años 50 y 60 de la centuria pasada. Además, él participó en campos tan distintos como poco conocidos, como la pedagogía, la promoción cultural, la difusión, el activismo social, la teoría, la enseñanza, la crítica de arte, el periodismo cultural, la curaduría y la reflexión.

“Hoy no se le conoce por todas las aportaciones que hizo y, por esa razón, el proyecto que lleva su nombre también intenta rescatar los múltiples rostros del crítico que, desafortunadamente, está más allá de sus libros.”

¿Qué tan valorado está Juan Acha en nuestros días?, se le pregunta a Joaquín Barriendos. “Paradójicamente, se conoce poco a Juan Acha. La gente habla de él y conoce una pequeña lista de libros, pero en realidad ha leído poco sobre lo que publicó de periodismo cultural y de reseñas.”

Desafortunadamente poco de su trabajo está traducido al inglés, asegura, y eso ha sido uno de los ingredientes que no ha facilitado la discusión de su aportación teórica.

“En su época, por ejemplo, fue más conocido como crítico de arte que como teórico y por eso es más conocido por una serie de libros donde él sintetizó muchos de sus postulados teóricos”, comenta.

Cabe señalar que en este importante archivo no sólo hay documentos teóricos, sino también proyectos artísticos y discusiones con artistas que tienen un valor plástico, estético; arte correo, poesía visual.

Y otra de las cosas que estamos intentando hacer es montar una serie de exposiciones sobre los artistas importantes y emergentes, desde finales de los años 50 y hasta los 90.

¿Se pensaría en abrir al público el centro de documentación en 2016?, se preguntó al académico. “Siempre es defraudante decir algo y no cumplirlo. Sería falso decir algo muy concreto. Lo cierto es que el periodo de 2015 y de 2016, por su centenario, es un horizonte para nosotros.”

Sin apertura programada

De acuerdo con una solicitud de información concedida a Excélsior, la UNAM reconoce que no se ha programado la apertura oficial del Proyecto Juan Acha, por lo que su acceso se encuentra restringido.

Detalla que el acervo ha sido transferido a la UNAM mediante un contrato de donación, libre de todo gravamen, cuyo fin es “promover el estudio, investigación y difusión del arte y pensamiento latinoamericanista, tomando como base las investigaciones teóricas que inició y desarrolló el destacado investigador y maestro Juan Acha”.

De momento, el archivo está “en proceso de catalogación y migración de bases de datos” y en números se divide de la siguiente manera: cuenta con cerca de 4 mil 166 libros, mil 261 publicaciones periódicas, cuarenta tesis, aproximadamente 660 documentos de literatura gris (artículos y ponencias que no han sido publicadas), en torno a 3 mil 100 materiales relativos a exposiciones, entre catálogos, trípticos, invitaciones, carteles, etcétera, así como alrededor de mil 350 materiales fotográficos y 250 folletos.

La solicitud también habla sobre los trabajos realizados, los cuales comprenden: catalogación, retiro de testigos, conservación e investigación. Hasta ahora ya fue realizada la catalogación del 60por ciento del material, con base en las políticas de registro del Sistema Bibliotecario de la UNAM

Bajo el concepto de conservación, añade, “se han reubicado los materiales susceptibles de deterioro, se han sustituido elementos de almacenamiento y se realizan ajustes a las condiciones de temperatura y humedad relativa”.

También explica que el archivo se encuentra en las instalaciones del Centro Cultural Universitario Tlatelolco (CCUT), en un espacio habilitado que cuenta con dos áreas de resguardo, una oficina y un área para consulta; y el material se mantiene almacenado en muebles homologados para bibliografía y archivo; y, en los casos que así lo requieren, se utilizan cajas y carpetas de material inerte.

Debe su casa al Juan Rulfo

El poeta chileno rechaza una invitación a Chiapas, porque “estoy muy viejo para viajar"

 Acceder al “anti-poeta” chileno Nicanor Parra, que cumplió 100 años de vida el pasado viernes, parecía hace unos años casi una misión imposible.

Recluido en su hogar del balneario Las Cruces, nadie de quienes lo conocen daba la mínima oportunidad de traspasar la puerta de madera de su refugio frente al Océano Pacífico.

La casa del autodenominado “anti-poeta” en esa localidad se ubica en la ladera de un cerro y a ella se accede por Lincoln, una tranquila calle sin pavimentar donde en su mayoría se ubican casas de verano.

Un Volkswagen escarabajo gris indica que es muy factible que Parra se encuentre en su casa, por lo que sólo basta cruzar una pequeña puerta blanca de madera para acceder a la puerta de la casa, la cual luce un grafiti pintado con un spray negro: “anti poesía”.

Golpeo la puerta confiado en que la suerte me acompañará y que el “anti-poeta”, primer ganador del Premio Juan Rulfo en 1991, recibirá la invitación impresa que llevo en mis manos para visitar Chiapas y participar en el Festival Internacional Jaime Sabines.

Los segundos parecen eternos junto al pórtico de piedra. No se escucha vida al interior de la casa, sólo el sonido constante del mar a lo lejos y una leve brisa que mece los árboles del jardín de la casa de Parra, donde vive junto a Rosa Avendaño, su fiel empleada y guardiana de su tranquilidad.

Finalmente se escuchan algunos pasos lentos y es el propio Parra quien abre la puerta, pero sólo lo suficiente para saber quién es el desconocido que está tras ella y preguntar con su característica voz ronca “qué se le ofrece”.

Sin abrir un centímetro más la puerta, me presento y le informo que soy portador de una carta que le envían desde México y que tengo el especial encargo de entregársela en sus manos, sin intermediarios.

No muy convencido aún respecto si debe abrir la puerta y dialogar con este extraño, Parra accede y me permite pasar a su refugio, del cual sale muy extrañamente y que en sus primeros metros tiene algunas antigüedades.

Me conduce a la terraza de madera de la casa y me pregunta por la invitación a Chiapas. Reflexiona unos minutos apoyado en la baranda y, quizás, meditando una respuesta a la carta.

“Dígales que estoy muy viejo para viajar en aviones y que además cobro 100 mil dólares, como (el ex presidente estadunidense William) Clinton”, señala con una sonrisa, agregando un elemento extra a la respuesta que podría “camuflar” su rechazo a viajar en avión.

Luego recuerda que “esta casa se la debo a México”, ya que la compró con el suculento premio que recibió en 1991 por obtener el Juan Rulfo, y me pregunta sobre mi actividad profesional. Incapaz de mentirle a tamaña figura de las letras chilenas, no me queda más remedio que decir que trabajo para un medio de comunicación.

Conocida la resistencia de Parra hacia los periodistas, el “anti-poeta” regresa a la casa, camina por el living y me dice, sin dejar de caminar, que “se acabó esta visita”.

Le pregunto cuándo se podría repetir, para insistir en la invitación a Chiapas, pero sólo responde “en un futuro indeterminado”. En pocos segundos ya está en la puerta de la casa y en otros tantos en la reja de madera de su hogar esperando mi salida.

“Yo no converso con periodistas”, me explica. “Pero yo no vine como periodista, vine como mensajero”, le indico en un intento por alargar la conversación.

La estrategia da resultado y dialogamos unos minutos más en la puerta de su refugio acerca del sur de Chile, el origen de mi apellido e incluso accede anotar mi teléfono para concretar una segunda visita en un “futuro indeterminado”.

De más está decir que aún estoy a la espera de esa comunicación, aunque tuve más suerte que un canal de televisión local que días después lo sorprendió una tarde en el antejardín de su hogar tomando sol y que, ante la posibilidad de una entrevista, les dijo que ningún problema y que volvía de inmediato. Nunca más regresó. Consuelo de pocos, al menos me atendió unos minutos, suficientes para grabarlos en mi memoria y divulgarlos ahora por el centenario de su nacimiento.

LIBROS

Algunos de los trabajos de Juan Acha aún resultan poco conocidos.

  • Introducción a la teoría de los diseños (1988).
  • El antirretrato del Dr. Villanueva, 8 óleos de Fernando Leal, estudio crítico (1991).
  • Introducción a la creatividad artística (1992).
  • Crítica del arte, teoría y práctica (1992).
  • Expresión y apreciación artística (1993).
  • Geometrismo mexicano.
  • Las operaciones sensoriales en el consumo de las artes visuales.

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