¿Todo chiquito, todo panzón? Inflamación en perros podría ser peligrosa; así puedes prevenirla
La panza inflamada en perros no siempre es normal. Qué tan común es, cuándo es grave y cómo prevenirla, según expertos veterinarios.

En redes sociales, el meme del perrito panzón suele provocar ternura: un lomito pequeño, acostado boca arriba, con el abdomen redondo y relajado; sin embargo, en la vida real, una panza inflamada en perros no siempre es sinónimo de comida de más o gases pasajeros. En algunos casos, puede tratarse de una urgencia veterinaria potencialmente mortal.
La inflamación abdominal —también conocida como distensión abdominal— puede aparecer en cualquier momento de la vida del perro, pero su gravedad depende de la causa, la rapidez con la que aparece y los síntomas que la acompañan.
¿Qué tan común es que un perro se inflame del abdomen?
Los veterinarios coinciden en que los problemas gastrointestinales son una de las causas más frecuentes de consulta en perros. Cualquier perro a lo largo de su vida presentará algún episodio de inflamación abdominal leve, generalmente asociado a dieta, parásitos o indigestión.

El problema surge cuando la distensión es rápida, dolorosa y progresiva. En esos casos, puede tratarse de una dilatación-vólvulo gástrico (DVG), una condición grave en la que el estómago se llena de gas y puede girar sobre sí mismo. Esta urgencia afecta con mayor frecuencia a razas grandes y gigantes, y tiene una tasa de mortalidad que puede oscilar entre 20 y 40%, incluso con atención médica.
¿Por qué se puede inflamar un perro?
Las causas más comunes incluyen:
- Acumulación de gases por alimentación rápida o dietas inadecuadas
- Parásitos intestinales, especialmente en perros sin desparacitación regular
- Obstrucciones por cuerpos extraños
- Problemas hepáticos o renales que generan acumulación de líquidos
- Dilatación-vólvulo gástrico, una de las causas más graves
La médica veterinaria Emilia Tobías, gerente técnica del segmento mascotas de Boehringer Ingelheim Animal Health en México, subraya que muchas de estas causas son prevenibles.
“Si a un paciente le puedo evitar además una gastroenteritis por un parásito, por supuesto que voy a mejorar mucho su calidad de vida. Lo que puedo prevenir, lo prevengo a tiempo”, explica.

La prevención empieza mucho antes de que aparezca la panza inflamada
La inflamación abdominal no suele aparecer “de la nada”. En muchos casos es el resultado de meses o años de descuidos acumulados, especialmente en alimentación y medicina preventiva.
“Un animal mal alimentado en sus primeros años de vida va a repercutir enormemente en la etapa adulta o cuando sea viejito”, advierte Tobías.
La especialista señala que una dieta inadecuada puede favorecer problemas digestivos crónicos, alteraciones metabólicas y enfermedades que se manifiestan con distensión abdominal, como enfermedad hepática o renal.
Además, la desparasitación regular es clave. Los parásitos intestinales no solo provocan inflamación, sino también vómitos, diarrea y pérdida de peso, incluso cuando el abdomen se ve abultado.
¿Cuándo sí es una señal de alarma?
No toda panza inflamada es emergencia, pero hay señales que nunca deben ignorarse:
- Abdomen duro y dolorosos al tacto
- Intentos de vomitar sin éxito
- Babeo excesivo
- Respiración agitada
- Decaimiento repentino
En esos casos, el tiempo es decisivo. La dilatación gástrica puede avanzar en cuestión de horas y comprometer órganos vitales.
El papel del veterinario
La revisión clínica anual —o semestral en perros mayores— permite detectar riesgos antes de que se conviertan en urgencias.
“La medicina preventiva es algo que voy a encontrar única y exclusivamente si visito al profesional de la salud animal”, señala Tobías.
Un chequeo puede incluir exploración física, análisis de sangre, evaluación digestiva y ajustes en la dieta, especialmente en perros adultos y gerontes.
El meme termina, la responsabilidad no
El perrito panzón puede ser gracioso en internet, pero en casa, una panza inflamada siempre merece atención. En muchos casos será algo leve; en otros, puede ser la primera señal de un problema serio. La diferencia está en observar, prevenir y acudir a tiempo al veterinario.
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