Fandom con impacto: cómo el K-pop pasó del escenario a la calle, la acción social y la política

Fandom con impacto: cómo el K-pop pasó del escenario a la calle, la acción social y la política
Fandom con impacto: cómo el K-pop pasó del escenario a la calle, la acción social y la política

Durante años, el fandom del K-pop fue visto como un universo adolescente hecho de coreografías perfectas, videos virales y millones de fans conectados desde sus teléfonos. Hoy esa imagen se queda corta. Lo que empezó como una comunidad de seguidores se ha convertido en una red global capaz de influir en conversaciones políticas, movilizar causas sociales y, en el camino, transformar incluso la vida cotidiana de quienes forman parte de ella.

Del streaming al activismo global 

Para entender la magnitud del fenómeno, basta mirar a sus protagonistas. BTS no solo lidera rankings musicales; también está en el centro de uno de los fandoms más organizados del mundo: ARMY. Algo similar ocurre con BLACKPINK y BLINK, o con EXO y EXO-L. Cada grupo tiene su comunidad, y cada comunidad tiene dinámicas propias, pero todas comparten algo clave: saben coordinarse.

Esa coordinación ha tenido efectos concretos. En 2020, fans del K-pop intervinieron en la convocatoria de un mitin político en Estados Unidos reservando entradas sin asistir. El evento terminó con menor asistencia de la esperada y dejó claro que estas comunidades podían actuar fuera del entretenimiento.

Ese mismo año, fandoms como ARMY recaudaron fondos para el movimiento Black Lives Matter en cuestión de horas. La lógica era directa: si podían organizar millones de reproducciones, podían organizar acciones sociales.

En Asia, fans del K-pop han participado en protestas prodemocráticas utilizando redes sociales para difundir información y coordinar acciones. En Corea del Sur, incluso llevaron lightsticks —las luces de los conciertos— a manifestaciones políticas. La imagen es potente: símbolos del entretenimiento convertidos en herramientas de protesta.

El K-pop también suena en clave latina y política

América Latina no se ha quedado al margen. En Colombia, durante el paro nacional de 2021, fans del K-pop participaron activamente en la batalla digital de hashtags, apropiándose de etiquetas que reflejaban distintas posturas políticas y mostrando que el fandom no es un bloque uniforme, sino un espacio donde también se disputan ideas.

En Perú, durante la crisis de 2020, lograron posicionar etiquetas como #MerinoNoEsMiPresidente y #MerinoNoNosRepresenta en contra del entonces presidente Manuel Merino, además de impulsar #PeruvianLivesMatter para denunciar violencia policial. La consigna que circuló entre fans lo resumía sin rodeos: antes que fans, ciudadanos.

Chile también aportó su propio capítulo con iniciativas como “Kpopers por Boric”, donde seguidores se organizaron para apoyar una candidatura desde su identidad como comunidad digital. No hubo mítines tradicionales ni estructuras partidistas: hubo contenido, coordinación y presencia en redes.

Este comportamiento ha llevado a investigadores a identificar al fandom del K-pop como una comunidad que no solo comparte gustos musicales, sino valores universales como la empatía, la dignidad humana y el respeto por los derechos humanos.

A partir de encuestas y entrevistas, se ha observado que pertenecer a estos fandoms puede influir en que los fans asuman un rol sociopolítico más activo. En otras palabras, no solo siguen a sus artistas: también desarrollan una conciencia global.

De ahí surge una idea que cada vez toma más fuerza: una especie de “ciudadanía global K-pop”. Personas conectadas desde distintos países que comparten valores y que pueden movilizarse frente a causas sociales o políticas. No es una organización formal, pero funciona como tal cuando se activa.

Mientras tanto, dentro de la industria, los fans también están moviendo piezas. Han cuestionado precios elevados de boletos, prácticas de reventa y dinámicas poco transparentes en la venta de entradas. Cuando algo no les parece, lo hacen visible. Y cuando millones de personas lo hacen al mismo tiempo, el efecto se siente.

También han impulsado conversaciones sobre el impacto ambiental del K-pop, especialmente por la producción masiva de discos físicos. Algunos fandoms han comenzado a modificar sus hábitos de consumo y a exigir prácticas más sostenibles a las empresas

Todo esto ocurre con un lenguaje propio. Memes, fancams, videos editados. Contenido que circula rápido y que logra posicionarse. En algunos casos, los fans han saturado hashtags con videos de sus artistas para bloquear o desviar conversaciones. Puede parecer caótico, pero hay estrategia detrás.

Fandom K-POP
Fandom K-POP

Mamás ARMY: el fandom que une generaciones 

Pero si todo esto habla del impacto hacia afuera, hay otra historia que ocurre hacia adentro. Una historia menos visible, pero igual de significativa: la de cómo el fandom está cambiando las relaciones personales, especialmente dentro de las familias.

Gabriela, de 46 años, y su hijo Víctor, de 17, son parte de ARMY. Su historia no empieza con activismo ni con grandes campañas, sino con algo cotidiano. “A mí me metió en este mundo mi sobrina”, cuenta Gabriela. “Para entender de quién hablaba, empecé a ver videos… y ya no salí”.

Víctor llegó por otro camino. “Fue como un complot entre una expareja y mi mamá”, dice entre risas. En su caso, BTS estaba en todos lados: en su relación y en su casa. Lo que parecía coincidencia terminó convirtiéndose en un punto de encuentro.

Uno de sus primeros momentos juntos como fans ocurrió en un auto. Música, carretera y de pronto todos cantando al mismo tiempo. “Ahí sentimos que algo nos unía”, recuerda Gabriela.

Desde entonces, el fandom se volvió parte de su rutina compartida. Eventos, proyecciones en cine, reuniones con otros fans. “Se hace familia”, dice ella. “No solo es el grupo, es la gente que conoces”.

Para Víctor, la música también tiene un efecto directo. “Me ayuda a dar el 100% en mis entrenamientos y en el estudio”. Para Gabriela, funciona como un respiro. “Hay canciones que te levantan cuando ya no puedes más”.

Pero lo más importante no es eso. “Nos ayudó a comunicarnos mejor”, explica Gabriela. “Entre una mamá de cuarenta y tantos y un hijo adolescente, a veces es complicado. Tener algo en común nos dio un puente”.

Ese puente se construye en cosas simples: preparar freebies, recortar, organizar detalles antes de un evento. Tiempo compartido que se convierte en conversación. En conexión.

Víctor lo resume sin rodeos: “Nos hemos hecho más cercanos”. Y también con humor. “Lo más chistoso es escucharla cantar. Parece que está invocando algo”.

Gabriela se ríe, pero también lanza una recomendación clara para otros padres. Que escuchen a sus hijos. Que se interesen. Que participen. “Eso cambia la relación”.

De fan a amante de la cultura coreana

El fandom del K-pop sigue siendo música, emoción y comunidad. Pero también es organización, participación y cambio. Influye en debates públicos, presiona industrias y crea nuevas formas de vínculo entre personas.

Y también abre puertas. Para muchos fans, Corea del Sur empieza siendo una experiencia digital: videos, canciones, redes sociales.

Pero llega un punto en el que la pantalla ya no alcanza. Ahí aparece la necesidad de dar el siguiente paso.

Pasar de lo virtual a lo tangible implica acercarse a espacios donde la cultura se vive de otra manera.

Probar comida hecha por manos coreanas, tocar materiales tradicionales, vestir hanbok, practicar caligrafía o simplemente conversar con personas que viven esa cultura en su día a día. Soo Yi Min, directora del Centro Cultural Coreano en Ciudad de México, nos explicó en entrevista la importancia de estas acciones para el gobierno coreano. “Un embajador cultural debe poder explicar y demostrar la cultura de forma auténtica”, comentó. “En los talleres de cocina aprenden no sólo recetas, sino el significado cultural de cada plato y su contexto histórico. En caligrafía y artes tradicionales aprenden la filosofía y la sensibilidad coreana. Quienes pasan por estos talleres adquieren herramientas para hablar con conocimiento y respeto de Corea, convirtiéndose en puentes reales entre ambas culturas en sus círculos personales y profesionales”.

Es ahí donde todo empieza a tener más sentido, donde lo que se ve en pantalla se conecta con la realidad.

Para quienes buscan ese salto, las recomendaciones suelen ser claras. Empezar por experiencias directas como talleres de cocina, donde la cultura se entiende desde lo cotidiano, o recorrer bibliotecas y exposiciones que ayudan a conectar los elementos culturales detrás del K-pop.

Y aunque muchos fans fuera de la Ciudad de México siguen pidiendo más espacios de este tipo en otras regiones, el interés ya está sobre la mesa.

Existen iniciativas nacionales, convocatorias y festivales que permiten la participación desde distintos estados, y se siguen explorando colaboraciones para llevar exposiciones y actividades a más lugares. “Estamos conscientes de ese gran interés y trabajamos constantemente para ampliar nuestro alcance”, explicó Soo Yi Min. “Aunque nuestra sede física está en CDMX, muchos de nuestros contenidos y convocatorias (como el K-Pop Cover Dance Festival) tienen participación nacional. Seguimos explorando colaboraciones con estados y municipios para llevar exposiciones, talleres y actividades en el futuro cercano”.

El fandom del K-pop empezó compartiendo canciones. Hoy comparte experiencias, causas, espacios y hasta formas de entender el mundo. Y en ese proceso, dejó de ser solo un grupo de fans para convertirse en algo mucho más amplio: una comunidad global en movimiento.

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