Summer Wars: la película de Mamoru Hosoda que predijo la IA y nos rompió el corazón
Para los que crecimos viendo Digimon, Summer Wars se siente como el hermano mayor, guapo y evolucionado.

Gracias a una invitación de Konnichiwa!, la realidad quedó suspendida por dos horas para entrar de lleno al "20 años de magia: el festival de cine de Mamoru Hosoda", una celebración dedicada a uno de los cineastas más importantes de la animación japonesa. ¿La película elegida? Nada menos que Summer Wars, una obra que con el paso de los años dejó de ser solamente una cinta animada para convertirse en un clásico. Y verla en cine pega diferente.
El caos más cálido del mundo
Desde los primeros minutos, la sala entendió algo importante y, es que Summer Wars no trata realmente sobre inteligencia artificial, trata sobre la vida cotidiana de las personas.
Sí, hay un universo virtual llamado OZ lleno de avatares y algoritmos capaces de controlar absolutamente todo. Sí, existe una amenaza tecnológica que pone en riesgo al planeta entero. Pero en el fondo, la película siempre vuelve al mismo lugar con una casa repleta de familiares gritándose unos a otros mientras compartiendo risas, anécdotas y sobretodo tiempo de calidad. Ahí vive la verdadera magia de Mamoru Hosoda.
Con más de dos décadas de trayectoria, Hosoda se ha convertido en un visionario capaz de mezclar la fantasía con lo cotidiano como pocos directores pueden hacerlo. Sus historias nunca pierden de vista las emociones humanas, incluso cuando hablan de viajes en el tiempo o mundos digitales. Y Summer Wars quizá sea la película donde logró ese equilibrio de manera más perfecta.

Porque debajo de toda la hermosa animación existe algo profundamente sentimental con una reflexión sobre la familia, el perdón y la importancia de permanecer unidos incluso cuando todo parece derrumbarse.
Summer Wars: una de las películas más importante de Hosoda
Muchos consideran que Summer Wars es el punto de quiebre definitivo en la carrera de Hosoda, y es fácil entender por qué, ya que tiene algo especial. Tal vez porque fue adelantada a su tiempo.
Estrenada en 2009, mucho antes de que las redes sociales dominaran la vida cotidiana, la película imaginó un mundo hiperconectado donde prácticamente toda la humanidad depende de una sola plataforma digital. Hoy, verla resulta casi inquietante. Lo que en aquel entonces parecía ciencia ficción, ahora se siente peligrosamente cercano.
Sin embargo, Hosoda nunca cae en el pesimismo absoluto. En lugar de decir que la tecnología destruye a las personas, plantea algo mucho más esperanzador, pues la tecnología solo funciona cuando existen vínculos reales.
El corazón de la historia no es OZ, es la familia Jinnouchi
Esa familia enorme pero sobre todo entrañable, convierte cada escena en un caos maravilloso. Los tíos que discuten, los primos que corren de un lado a otro, las comidas interminables y la presencia imponente de la abuela Sakae construyen una sensación de hogar tan auténtica que resulta imposible no sentirse parte de la familia.
Y ahí, justo en medio de las risas de la sala, ocurre la verdadera victoria de la película, al recordarnos que incluso en un mundo dominado por pantallas, seguimos necesitando conversaciones y personas que permanezcan a nuestro lado cuando todo explota.

La celebración por los 20 años de magia de Mamoru Hosoda todavía continúa, y para quienes crecieron con sus películas (o para quienes apenas están descubriéndolas), esta es una oportunidad perfecta para reencontrarse con historias que siguen sintiéndose humanas y necesarias.
AAAT*