Morena orilla a Maru a liderar la oposición

Pascal Beltrán del Río

Pascal Beltrán del Río

Bitácora del director

La política mexicana se encuentra en un punto de quiebre donde la confrontación ideológica ha comenzado a desbordar los cauces institucionales para entrar en el terreno de la seguridad nacional y la soberanía.  

En las últimas semanas, Morena ha emprendido una campaña de una intensidad inusitada contra la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos. El epicentro del conflicto es un operativo de la policía estatal realizado a mediados de abril en la sierra del estado, donde se logró el desmantelamiento de un narcolaboratorio de dimensiones considerables. 

Lo que en cualquier otro contexto sería una victoria para el orden público, ha sido transformado por el oficialismo en un campo de batalla político. Morena señala a la mandataria como responsable de haber permitido la participación de agentes de la CIA en dicha operación, un acto que califica como una violación flagrante de la soberanía.

La ofensiva no es meramente retórica. El partido en el poder ha manifestado su intención de promover un juicio político contra la gobernadora, acusándola de violar la ley al involucrar a agentes extranjeros sin tener facultad para ello. Para amplificar esta narrativa, ha convocado a un mitin en la ciudad de Chihuahua bajo el lema “por la defensa de la soberanía nacional”, un acto cuyo objetivo central no es el debate de políticas públicas, sino la descalificación de Campos. Por su parte, la Fiscalía General de la República ha confirmado que mantiene abierta una investigación sobre la presunta presencia de la inteligencia estadunidense en el operativo, aunque en un gesto de pragmatismo inevitable, también ha tenido que reconocer que el laboratorio fue desmantelado.

Maru Campos respondió en un video difundido el pasado martes 12, en el que negó haber ordenado o haber tenido conocimiento de la presencia de agentes extranjeros. Más allá de la defensa legal, su mensaje fue un dardo político envenenado. Al referirse a los ataques de Morena, afirmó con contundencia que no es lo mismo desmantelar un centro de producción de drogas que encabezar gobiernos, “como los de ellos”, señalados por presuntos nexos con el crimen organizado.

Para Morena, esta jugada resulta muy arriesgada. En primer lugar, al concentrar toda su ofensiva en Campos, el oficialismo la habilita involuntariamente como la potencial lideresa de una oposición que se percibe descabezada y errática. Además, sus ataques alimentan la narrativa opositora que acusa al gobierno federal de ser permisivo con la delincuencia. Esta percepción se refuerza con la defensa institucional que el oficialismo ha hecho de personajes como el gobernador de Sinaloa con licencia, Rubén Rocha Moya, y otros funcionarios señalados por la justicia estadunidense. Al atacar a quien sí da resultados tangibles contra el crimen, Morena debilita la noción de que su política de seguridad, personificada por el secretario Omar García Harfuch, es superior a la de administraciones pasadas.

En el plano internacional, la situación es aún más delicada. Al condenar el “intervencionismo” y poner una camisa de fuerza a la colaboración con Estados Unidos, México parece cerrar puertas en un momento crítico. El combate al narcotráfico es una prioridad para Washington, y bajo el gobierno de Donald Trump, las presiones han escalado. Allá, el gobierno mexicano ha sido presentado sistemáticamente como débil frente a los cárteles. Rechazar la cooperación en operativos exitosos sólo da oxígeno a esa crítica.

Sin embargo, queda una duda: ¿quiere Maru Campos tomar la estafeta de la oposición nacional? Atributos no le faltan. Tiene el perfil para emular el éxito de figuras internacionales como la italiana Giorgia Meloni, la costarricense Laura Fernández o la japonesa Sanae Takaichi, mujeres que han sabido capitalizar el orden y la firmeza frente al caos. Lo que aún no está claro es si la chihuahuense posee el fuego interno necesario para encabezar una resistencia frontal contra un aparato gubernamental tan poderoso. No obstante, si Morena decide ir a fondo en su persecución, el propio instinto de supervivencia de la gobernadora podría terminar por convertirla en la lideresa que la oposición mexicana tanto ha buscado y no ha sabido encontrar.