Rosalía en el Palacio de los Deportes: una colisión de ópera, flamenco, trap y mucha Lux
La cantante Rosalía ofreció un espectacular show en la Ciudad de México, el primero de los cinco que dará, como parte de su Lux Tour, en el que tuvo como invitada especial a Kenia Os y recordó a Paquita la del Barrio, la española demostró por qué es un icono global.

Como una muñeca apareció Rosalía: un equipo numeroso del staff abrió una caja gigante sobre la tarima del Palacio de los Deportes y ahí estaba ella, vestida de baletista y apenas moviéndose, con una postura rígida; sólo volteaba un poco mientras cantaba Porcelana, tema que apenas se escuchaba por el estruendo grito del público.
En un pas de bourreé salió de esa caja cuando ya la música se volvió trap y se combinó con la música de cámara que abrió la noche; movía alegremente los brazos, elegante, como bailarina de la mejor academia; solemne y, nuevamente, como muñequita se quedaba quieta mientras un séquito de hombres la levantaban, sonaba Divinize.
En la tarima, el ballet clásico también comenzó a transformarse, a desfigurarse; Rosalía se movió más agresiva y lanzó una mirada retadora al público, siempre rodeada por una atmósfera llena de luces estroboscópicas; se revelaba una faceta de esa muñeca ahora atrevida y a la defensiva.
Todo fue una colisión de estilos en el escenario, la globalización y el presente de la música, la mezcla de sonidos, ritmos, formas de baile, más aún cuando también Rosalía introdujo el flamenco a su repertorio de baile, y comenzó a cantar igualmente en italiano como en catalán, fue al terminar Divinize que se retiró el tutú de ballet y se dirigió al público.

Buenas noches, México. ¿Cómo estamos? Yo, la verdad, que agustísimo aquí con vosotros. Sabéis que yo vengo de lejos y venir desde allá y encontrarme con tanto cariño en México es algo que nunca voy a dejar de agradecer, siempre me siento tan apapachada aquí, como dicen vosotros; muchísimas gracias desde hace tantos años que me abren las puertas y son tan generosos, mil gracias, México, eres lo mejor, gracias”, dijo la española.
El público respondió con un imponente “Rosalía, Rosalía, Rosalía”, mientras ella sonreía con ese semblante siempre carismático y cálido, todo antes de colocarse un velo largo y blanco, y regresar a esa especie de ópera que montó en su Lux Tour con el tema Mio Cristo Piange Diamanti, donde estuvo sola, acompañada sólo por violines, violas, guitarras, bombo y platillo, pero, por sobre todo, destacando ella, dando cuenta de su potencia, explotando todo su rango vocal y dar paso a Berghain.

Volvió la motomami
Pero ella misma lo aseguró “No vinimos aquí sólo a llorar, también vinimos a mover ese pinche culazo, México, ¡qué va!”, y entonces llegó Saoko, que retumbó de principio a fin con esa Rosalía enérgica con el pelo suelto, negro, voluminoso, y su rostro ahora atrevido,
Aquí se siente la altura, México, pero a ver, ¿cuántas motomamis tenemos en la capital, y cuantos motopapis? Pues la siguiente se las dirijo”, adelantó Rosalía antes de seguir con el popurrí de Motomami.
Continuó con La Fama, ahora en ese vestido negro brillante, botas vino altas, caminando cuan larga es, mostrando sus piernas, hipnotizando a los 16 mil fans con su voz y más aún con sus caderas, y hasta moviendo ese “culo”, como ella lo dijo, levantándose el vestido para mostrar sus bragas rosas, bailando a ritmo de bachata, suelta, menos dramática.
La combi versace cerró el acto de Motomami, para regresar de lleno a Lux con un ritmo acelerado de flamenco, una rumba, pero con mucha agresividad, la cantante siempre que terminaba se tomaba un respiro, ahí abandonó el escenario.

Se confiesan con Rosalía
“México, este confesionario no puede ser cualquiera, por eso trajimos a Kenia Os”, presentó Rosalía a la mexicana que vino desde Mazatlán para entrar a confesar sus pecados. El principal, según contó, fue creerle a un “cacas”.
“Yo me iba a una gira por EU (...) cuando me di cuenta que etiquetó a una chava en oculto, ¿cómo me di cuenta?, tengo muchas amigas y gays”, confesó Kenia.
La mexicana nunca dijo a cuál de sus relaciones se refería, pero dejó claro que “Ojo de loca, no se equivoca”. Rosalía le advirtió no creer nunca más en un “cacas” como consejo en el confesionario y la despidió antes de dedicar otra oración a México.
Para mí no sólo es venir a cantar a México, es venir a un lugar con mucha historia, siento tanta cercanía, que sin Rata de dos patas La perla no existe, gracias, México y gracias Paquita la del Barrio”, dijo para presentar La perla, inspirada en México.
Después, un shot de tequila, encima de un piano, y Rosalía continuó Sauvignon Blanc, La yugular, Dios es un stalker y demás temas de su reciente disco, antes de rematar nuevamente con sus principales hits en el último acto.
“¿Están listos para el desmadre? pues vamos a hacer un desmadre cabrón”, gritó Rosalía y se arrancó con CUUUUuuuuuute, mientras un péndulo gigante se columpiaba encima suyo soltando humo, como una escena sacada de un libro de Poe, pero con luces estroboscópicas y techno. Entre perreo y baile, la versión menos recatada de Rosalía cerró la noche, con Bizcochito y Despechá dos de sus principales temas, que hicieron temblar el graderío.
