Las catadoras de Hitler: así fue la aterradora historia real que inspiró la película

La película Las catadoras de Hitler recupera una historia que permaneció oculta durante décadas.

Las mujeres que probaban la comida de Hitler: la historia real que llegó al cine
Las mujeres que probaban la comida de Hitler: la historia real que llegó al cineCinépolis

La Segunda Guerra Mundial dejó miles de historias que todavía sorprenden, incluso décadas después. Una de ellas es la de las mujeres que fueron obligadas a probar los alimentos destinados a Adolf Hitler, por miedo a que el líder nazi fuera envenenado.

Esa historia llega ahora al cine con Las catadoras de Hitler, película dirigida por el italiano Silvio Soldini y protagonizada por Elisa Schlott.

La trama se desarrolla en 1943 y sigue a Rosa Sauer, una joven de Berlín que abandona la ciudad después de los bombardeos aliados y se refugia en Gross-Partsch, un pueblo ubicado cerca de Prusia Oriental.

Pero lo que parecía un lugar seguro termina llevándola a una situación que jamás imaginó. Cerca de ahí se encontraba la Guarida del Lobo, uno de los principales cuarteles militares de Hitler.

Ante el temor de un posible atentado, el régimen nazi reunió a varias jóvenes de la zona para convertirlas en catadoras. Su trabajo era sencillo de explicar, pero aterrador de vivir: tenían que probar la comida que sería servida al dictador.

Las mujeres recibían los platillos preparados en las cocinas de Hitler y debían comer porciones de cada uno. Después tenían que esperar alrededor de una hora. Si ninguna enfermaba o moría, entonces la comida podía ser llevada al Führer.

La historia real de Margot Wölk

La película está basada en la novela de Rosella Postorino, pero su historia tiene una inspiración real: Margot Wölk, una mujer alemana que fue obligada a participar en este sistema.

Margot nació en Berlín en 1917 y trabajaba como secretaria. No pertenecía al Partido Nazi y, de hecho, su padre se había negado a afiliarse.

Su vida cambió cuando los bombardeos destruyeron el departamento de sus padres y su esposo, Karl, desapareció mientras combatía en el frente.

Margot entonces se trasladó a Gross-Partsch, donde vivía la madre de su esposo. No llevaba mucho tiempo ahí cuando fue localizada por las autoridades y reclutada para convertirse en una de las catadoras de Hitler.

Las catadoras de Hitler
Las catadoras de HitlerCinépolis

Cada mañana, soldados pasaban por ellas en un autobús militar y las trasladaban hasta la zona de la Guarida del Lobo.

La situación tenía una enorme contradicción. Mientras miles de personas sufrían hambre debido a la guerra, las mujeres probaban alimentos que eran difíciles de conseguir en aquella época: verduras frescas, pasta, arroz, frutas y otros platillos.

Pero comer no significaba disfrutar. Margot recordaría años después que lo hacía con miedo, porque cualquiera de esos alimentos podía estar envenenado.

El atentado que cambió todo

La paranoia dentro del círculo de Hitler aumentó después del fallido atentado del 20 de julio de 1944, cuando Claus von Stauffenberg colocó una bomba dentro del cuartel general del dictador.

Después de aquel ataque, las medidas de seguridad se hicieron todavía más estrictas. Las catadoras dejaron de tener la posibilidad de regresar tranquilamente a sus casas y fueron encerradas en una escuela abandonada bajo vigilancia.

Las catadoras de Hitler
Las catadoras de HitlerCinépolis

Sin embargo, Margot tuvo una oportunidad para escapar.

A finales de 1944, un oficial de las SS que simpatizaba con ella la ayudó a subir en secreto a un tren con destino a Berlín. Esa decisión terminó siendo clave para su supervivencia.

Cuando las tropas soviéticas llegaron a la Guarida del Lobo, las otras mujeres que permanecían ahí fueron asesinadas. Margot pudo haber tenido el mismo destino.

Margot guardó el secreto durante décadas

Sobrevivir a la guerra no significó que Margot pudiera dejar atrás lo ocurrido.

Durante la caída de Berlín, en 1945, fue capturada por tropas soviéticas y sufrió abusos durante dos semanas. Las consecuencias físicas y emocionales de esa experiencia la acompañaron durante el resto de su vida.

Su esposo Karl, a quien había dado por muerto, finalmente regresó de un campamento de prisioneros soviético. La pareja permaneció junta hasta la muerte de él en 1990.

Margot tampoco habló públicamente durante mucho tiempo sobre su experiencia como catadora de Hitler. Su historia permaneció guardada durante casi siete décadas, hasta que decidió contarla cuando tenía 95 años, en 2012.

Por eso, Las catadoras de Hitler no solo lleva al cine una historia poco conocida de la Segunda Guerra Mundial. También recupera el testimonio de una mujer que pasó años cargando con un recuerdo que, para ella, era imposible olvidar.

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