Natalia Solián, en un musical de alto contraste
La actriz sinaloense habló con Excélsior de su experiencia en Siete veces adiós, en el Teatro Ramiro Jiménez

Historias intensas, reflexivas, angustiantes, incómodas, con el suspenso a tope. Esos son algunos de los elementos de los títulos que hilan la trayectoria de la actriz mexicana Natalia Solián, como Medea, Huesera, No voy a pedirle a nadie que me crea, Familia, Tormento y recientemente Las locuras.
Es por ello que salta a la vista su estancia en el musical atípico Siete veces adiós.
Ella misma comentó a Excélsior que este proyecto, con el que inició dando funciones en el Teatro Ramiro Jiménez y que habla del amor y las despedidas, con música en vivo y sin la necesidad de cantar, sino simplemente actuar a profundidad los momentos sensibles de una pareja, es el “alto contraste” de lo que ha hecho recientemente.
“La verdad es que mi alma mater es el teatro. Yo estudié en la Escuela Nacional de Arte Teatral y mi familia es teatrera. Por lo que el primer cambio medio abrupto más bien de trayectoria fue meterme al cine. Me metí yo ahí porque la verdad es que también siempre quise encontrar mi propia identidad dentro de toda una postura artística, que también tenía mucho que ver con mi familia”, explicó Solián en entrevista.
“Para mí, cuando estás ya muy adoctrinado para ciertas disciplinas, hay algo que no termina de encajar. A mí el teatro siempre me ha parecido un lenguaje muy cercano, lo adoro y estoy formada en esa energía, pero siempre sentía como que era un poco cumplir, como un deber”, relató.
Luego encontró Huesera, su primer protagónico fílmico, y entonces reflexionó sobre su quehacer actoral.
“Entendí que tonalmente el género tiene muchos bemoles energéticos que se parecen a los de la escena, que evidentemente necesitan como un proceso de sofisticación, pero que parten de la misma mamá o de la misma madre”, dijo.
De este contexto, Solián abordó cómo fue que tomó, y sigue haciéndolo en escena, Siete veces adiós, de Alan Estrada.
“Para entrarle a algo como Siete veces adiós, lo que me impresiona y me fascina de un espectáculo así, es como justamente tienes que elaborar todo un artilugio técnico que parece sencillo, pero que también está muy cargado de simbología y de subtextos, en medio de una coreografía constante que se relaciona con la música. Me emociona muchísimo que es como el mismo salto que hice para entrarle a Huesera, ¿sabes?
“Encontrar en qué características puedo yo empatizar con esa dinámica y ponerme al servicio un poco de aprender cómo hacerlo. También siento que el teatro tiene una característica técnica que es innegable: es en vivo y tienes una sola oportunidad para hacerlo. Entonces, si no llegaste a la nota, igual que los cantantes, pues no contaste la historia completa”, reveló la nominada a Mejor Actuación Femenina en los Premios Ariel 2023, justo por Huesera.
A Natalia, el texto de esta obra la tocó porque, como pasa con los espectadores, es una invitación a observarse a sí mismos.
“Creo que como mexicanos estamos muy concentrados en el amor romántico y tenemos un gran apego a la permanencia y a luchar por las cosas. Es como el idilio o la meta máxima. O sea ‘no sueltes, tienes que resguardar lo que ya conquistaste’. A mí lo que me fascina de esta obra es que es una postura muy romántica y muy tierna del amor, pero no va en en ese camino. Más bien como que te invita a observarte a ti mismo o a ti misma y a reconocer hasta dónde tienes que llegar también para seguir amando.
“Es algo que me parece dificilísimo y creo que esta obra lo plantea de maneras muy hermosas y muy nostálgicas. Además, me parece que es súper saludable para la audiencia mexicana entrarle a una historia de amor desde ese lugar, que es: sabemos que esta pareja va a terminar, pero el punto es ver cómo lo hacen sin destruirse mutuamente”, planteó la actriz, quien ha compartido créditos con Chris Pazcal.
“Eso es algo que me parece bellísimo. No se trata de tronar hasta sus últimas consecuencias las cosas, sino que puedan seguir siendo un refugio de la memoria, del mismo amor. No se trata de terminar con todo. Es como decir ‘bueno, yo llegué hasta aquí en esta experiencia y para seguirla conservando cerca de mí, me retiro’.
Por otro lado, Solián dijo sentir gran respeto al universo del teatro musical, al que consideró “fenomenal”, al igual que la ópera, pues ambas “son las máximas técnicas”.
“Será porque no canto, pero conjuntar la respiración con el mundo de las intenciones y el movimiento, sí creo que es de las cosas más difíciles que hay y tener la oportunidad de acercarme a ese universo sin arriesgar el pellejo, ¿sabes?, hasta cierto punto, sí me parece un regalo muy hermoso, darle esa oportunidad al mundo del drama. Es una gran idea, por lo cual yo pienso que la obra es tan vigente y los espectadores la quieren ir a ver”, detalló la actriz, quien hizo casting para entrar a la compañía, luego de haber visto antes la obra y a pesar de estar ocupada haciendo cine.
La originaria de Culiacán, Sinaloa, es una de las actrices que siempre genera expectativas con su trabajo, por la forma de abordar, desde lo más íntimo, a cada uno de sus personajes y ésta no es la excepción.
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