De la luna de miel en México al cine: Saga Garðarsdóttir estrena El amor que permanece

La actriz islandesa Saga Garðarsdóttir revela su amor por México y los detalles detrás de El amor que permanece, la candidata de Islandia al pasado Oscar que llega a cines.

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La actriz y comediante islandesa Saga Garðarsdóttir tenía curiosidad por conocer nuestro país y para su luna de miel eligió México para celebrar. Una mujer acostumbrada a los lugares plagados de naturaleza, glaciares y aguas termales quedó fascinada con el caos de la CDMX y su comida; ahora celebra que El amor que permanece, cinta que protagoniza y que fue la candidata de Islandia al Oscar, se vaya a estrenar aquí.

Me encanta que la gente de México me vea porque realmente me fascinan. Por fin me están viendo a mí también, después de tantos años adorándolos a ustedes. Me parece increíble, bastante loco y probablemente sea una oportunidad única en la vida para mí. Ha sido fantástico y me siento muy afortunada de formar parte de esto”, contó en entrevista con Excélsior Saga Garðarsdóttir.

Bajo la dirección de Hlynur Pálmason, Saga Garðarsdóttir es la encargada de darle vida a Anna, una madre de familia que, junto a sus dos gemelos y su hija, atraviesa a lo largo de un año la separación del padre de sus hijos. Uno de los atractivos del filme radica en que la manera de trabajar del realizador fue completamente nueva para la actriz, ya que nunca hubo un guion como tal y todo se fue rodando conforme a las ideas que tenía el propio director egresado de la Escuela Nacional de Cine de Dinamarca.

“Era un texto muy abstracto, súper alejado de los guiones habituales que me llegan. Todo en este proyecto ha estado muy al margen de lo que suelo hacer, así que fue emocionante y diferente desde el principio. Además, el ritmo de Hlynur es muy relajado, él es muy tranquilo, muy feliz. Ama hacer cine, se le da muy bien y tiene la oportunidad de hacerlo, así que está complacido, relajado, y contagia esa tranquilidad a todos a su alrededor, haciendo que realmente creas en lo que estás haciendo”, contó la actriz islandesa de 39 años.

Garðarsdóttir rememoró que la primera vez que se reunió con Pálmason pensó que no le iba a dar el papel en la cinta ya disponible en la cartelera nacional, ya que él pensaba que, así como su personaje en la ficción, ella había estudiado arte y por ende le daría vida a Anna de manera más orgánica.

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“Cuando conocí a Hlynur por primera vez fue antes de que escribiera el guion. Él sólo tenía una idea abstracta de lo que se suponía que pasaría. Me estaba contando lo que tenía en mente y me dijo que quería que interpretara a una artista plástica. Me dijo: ‘Tú eres una artista plástica y sabes de esto’, y yo le dije que estaba en un error. Me preguntó: ‘¿Pero no estudiaste Bellas Artes?’, a lo que respondí: ‘No, para nada. Yo sólo aprendí un poco de eso, pero me he dedicado al stand up, soy como una payasa’. Al final de la reunión le dije: ‘Oye, sólo para que lo sepas, si te das cuenta de que estás hablando con la persona equivocada, no hay ningún problema por mi parte. Hago mayoritariamente comedia, así que si esto está muy alejado de lo que buscas, no pasa nada’. Hubo un silencio como de diez segundos y luego me dijo: ‘Ahora me parece mucho más emocionante’”, compartió la actriz.

Una vez que Garðarsdóttir obtuvo el papel supo que los hijos del director interpretarían a los propios hijos de su personaje.

Su padre los filma todo el tiempo, así que están súper relajados frente a la cámara. La hermana mayor se aseguraba de que los niños se supieran sus partes y las repasaba con ellos. Siempre les decía: ‘Veamos qué quieren decir, pueden salir del guion’, pues el único objetivo era fluir.

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Él nos daba mucha tranquilidad para desestresarnos del mundo; sabías que nada podía salir mal, sólo debías estar presente. Me pareció muy relajante porque me encanta la improvisación y, como dije, soy comediante de stand up, así que me fascina vivir el momento, capturar la vida real y abrazar esas emociones. Fue justo lo mío, me encantó toda la experiencia”, apuntó Garðarsdóttir.

El amor que permanece, además de ahondar en la parte emocional de una familia que se está reconfigurando tras la ruptura de los padres, muestra la vida cotidiana de los islandeses y la conexión que tienen con la naturaleza.