Kanye West: regreso triunfal con power

El cantante estadunidense ofreció un sentido concierto de 150 minutos en la CDMX, luego de 18 años de haberse presentado en el país

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Kanye West se presentará hoy de nueva cuenta en el recinto de la colonia Ciudad de los Deportes.Foto: La México

Una vez que cobró vida el escenario con la iluminación, se vio su forma real: una luna. El público se volcó por completo en un grito cuando vieron al mismo astro que en el cielo iluminaba la noche de la capital, pero ahora dentro, encapsulado en La Plaza de Toros México.

El negro de los outfit de los fans fue el complemento perfecto de la escenografía de Kanye West; la noche profunda en la que entraría cuando comenzó el show, mientras el humo salía de todas partes comenzando a dibujar una escena dramática.

Esta vez no fue la gravedad, pero si la euforia la que provocó la ola en las gradas, al tiempo que empezó a escucharse “¡Kanye, Kanye, Kanye!”, un grito unánime, casi ensayado, que se intercaló con un “¡Ye, Ye, Ye, Ye!”, desde otro punto de la grada, y el mexicanísimo “¡Oé, oé, oé, oé Kanye, Kanye!”. Al fin se apagaron las luces.

Entonces salió al escenario un séquito de hombres vestidos en blanco, con antorchas en mano. Entre cantos gregorianos uno a uno se fueron hasta dejar en el escenario solo a uno, que resultó ser Ye. En segundos, cuando apenas todos se emocionaban al identificarlo, soltó el primer clásico: Heartless, que se volvió un coro profundo y sentido de sus miles de fans.

Can’t Tell Me Nothing y Ni**as in París continuaron el show cuando la nube de humo era cada vez más espesa; y cada tanto acompañando a los fuertes bajos, se detonaron fuegos artificiales al tiempo que todos agitaban las manos como Kanye de un lado a otro.

Él lo dio todo, bailando; entonces arrancaron los estrobos, con el público brincando de un lado mientras arrancaban los sonidos más sintéticos con Black Skinhead. Y ahí estaba Ye, bailando, desplazándose en toda la Luna, también todo en blanco y lentes oscuros; enérgico, agresivo.

Cuando apenas se podía distinguir a través del humo de todos colores y el olor a humo de la pirotecnia que penetraba hasta la garganta, todos cantaban al ritmo de Power, con un Kanye en el piso, hincándose, revolcándose en él, mientras las luces led lo rodeaban y lo encerraban, y la energía y aplausos del público lo obligaban a levantarse y parar la música un momento para escuchar y sentir a un público desbordado.

“Mexico City” fue la única interacción que Kanye tuvo durante la noche, pero aunque el contacto directo al público fue nulo, la satisfacción por los efectos visuales y cada canción lo compensó, además de tener a Ye cerca de cada zona al borde de su Luna. Entonces llegó su primera invitada, su propia hija North West, con quien compartió escenario durante tres temas nuevos, además de Talking, antes de continuar solo el show, no sin antes despedirse fundidos en un abrazo.

All Falls Down y Jesus Walks abrieron paso a las canciones de sus inicios, todo un fragmento donde el sonido dejó de ser tan sintético y volvieron los bajos y las líricas rápidas con bajos al estilo del gangsta rap, momento en el que el baile y las manos arriba dominaron.

El escenario redondo entonces se convirtió en pantalla y desde lo alto de la Plaza se comenzaron a proyectar los movimientos que Ye realizaba: sus bailes, sus señas, sus golpes al aire. Fue el momento relajado de la noche, donde lo emotivo quedó de lado y la diversión tomó el control.

El público cambió los gritos por baile, los gestos tensos apasionados, por sonrisas, risas, tomar una cerveza; también la pirotecnia disminuyó, hasta que Homecoming y Flashing Lightsencendieron a todos de nuevo. La euforia regresó, al igual que los estallidos por todo el lugar; entre más se elevada la energía, más cerca se sentía el final.

El final de una noche donde Kanye fue sólo Kanye; el artista, el creativo que desplegó todo lo que tiene y que su gente abrazó, lo llenó de energía con todo tipo de muestras de cariño; el principal, conocer todos sus temas y cantar de inicio a fin.

Stronger encaminó el desenlace y que todos llevaran los brazos al aire; ese Kanye agresivo de redes no fue el que se presentó anoche, sin discursos ni señales de algún comportamiento errático, sólo él disfrutando ante 40 mil personas.

Incluso, durante Ghost Town, una de las últimas canciones, Kanye se quedó pasmado, mirando, escuchando cómo su público coreaba, cómo aún sigue provocando al público mexicano.

Runaway concluyó la noche, con ese teclado interminable y un Ye con la mano en el corazón despidiéndose, aunque hoy por la noche vuelve a reencontrarse con su audiencia mexicana.