¡José Alfredo Jiménez vs. The Beatles! La batalla por la popularidad durante el Mundial México 70

La popularidad de grupos como The Beatles y Creedence Revival Clearwater enfurecieron a compositores mexicanos, quienes buscaron impulsar lo nacional en el mundial México 70

thumb
El cantante encabezó una lucha por los derechos de los compositores durante la fiebre mundialista.Archivo Excélsior

La historia de los Mundiales en México no sólo se escribió con balones de cuero, se grabó en acetatos y se cantó en mariachi. Mientras el país se convertía en el centro del mundo futbolístico en 1970 y 1986, la industria musical libraba sus propias batallas: desde la defensa de la identidad nacional frente a la invasión del rock anglosajón, hasta las crisis internas de sus compositores más icónicos.

Entre el Rey Pelé y  José Alfredo Jiménez

El verano de 1970 fue un choque de potencias. Mientras el 31 de mayo la Selección de México inauguraba el torneo empatando ante la URSS, las páginas de Excélsior registraban una ebullición musical sin precedentes. No era sólo el Mundial del futbol, también fue el de la tecnología y el turismo cultural.

Para acompañar la fiesta, México lanzó su “ofensiva musical”: discos turísticos diseñados para el visitante extranjero donde voces inmortales como la de Pedro Vargas y la elegancia del Mariachi Vargas de Tecalitlán servían como embajadores sonoros. Sin embargo, detrás de esa fachada de hospitalidad, el gremio vivía una crisis profunda.

thumb
Así se denunciaba la falta de apoyo a la industria mexicana ante la creciente globalización del rock anglosajón.Archivo Excélsior

El 2 de junio, mientras el mundo comentaba el impacto de la transmisión a color, en las oficinas de la Sociedad de Autores y Compositores de México (SACM) estallaba la polémica. Un grupo de compositores, encabezados por el mismísimo José Alfredo Jiménez, cuestionaba las elecciones internas y denunciaba el abandono del gremio. Era el contraste puro: mientras Pelé iluminaba la cancha con su talento, El Rey de la música ranchera peleaba en las redacciones por la dignidad de los autores mexicanos.

Paralelamente, las listas de popularidad de esos días mostraban que la juventud mexicana tenía el corazón dividido. Entre el 8 y el 10 de junio —justo cuando México goleaba 4-0 a El Salvador—, nombres como The Beatles, Creedence Clearwater Revival y los Bee Gees dominaban la radio. México era un país anfitrión que cantaba en inglés mientras jugaba con el alma en español.

Resiste lo romántico y se eleva Maradona

Dieciséis años después, el escenario musical era más sombrío, reflejando el “sexenio perdido” de la economía mexicana. El 16 de junio de 1986, un día después de que México avanzó a cuartos de final con el gol de Manuel Negrete, el ambiente musical ya no era de expansión, sino de resistencia.

En las canchas se gestaba la leyenda de Maradona, pero en la industria musical se denunciaba una pérdida de identidad. El 26 de junio, un día después de que Argentina asegurara su pase a la final, el director musical Benjamín Bautista lanzaba una advertencia desde las páginas de Excélsior: la influencia extranjera estaba destruyendo la integridad de la canción mexicana. El mariachi y el bolero, que en 1970 eran los protagonistas del turismo mundialista, ahora luchaban por no ser borrados del mapa.

thumb
Emmanuel no cobraba dos pesos por sus conciertos y se convirtió en un hito del pop aquella década.Archivo Excélsior

La economía también dictaba el ritmo. El 22 de junio, mientras el mundo aún procesaba la Mano de Dios ocurrida el día anterior, se reportaba que Emmanuel cobraba la cifra astronómica de 18 millones de pesos por una sola presentación. Era el surgimiento de las superestrellas del pop en medio de una crisis que impedía a los nuevos compositores románticos, como señalaba Alejandro Castillo, encontrar espacios para sus obras.

Los Mundiales de 1970 y 1986 no sólo fueron hitos deportivos, sino puntos de inflexión para la identidad sonora del país. En el 70, la música mexicana se vestía de gala con el Mariachi Vargas y Pedro Vargas para recibir al mundo, al mismo tiempo que José Alfredo Jiménez lidiaba con las grietas políticas de un gremio que veía nacer la piratería y el dominio del rock anglosajón, para 1986 la narrativa se había transformado en una de resistencia cultural. 

thumb
Los compositores no cesaron la lucha en contra de la promoción excesiva de la música anglosajona.Archivo Excélsior

México pasó de la ambición de modernidad y la proyección internacional de sus voces vernáculas, a una lucha interna por preservar el bolero y la canción ranchera frente a las crisis económicas y la saturación de un mercado globalizado. 

Así, mientras los goles de Pelé y Maradona quedaban grabados en la memoria, las páginas de Excélsior inmortalizaban la banda sonora de una nación que, entre crisis y ovaciones, nunca dejó de cantar para reafirmarse de forma cultural, como sucederá en tres meses una vez más.