Gabriel Ripstein dirigió 'México 86' para Netflix, pero fue honesto: "No soy futbolero"
El director Gabriel Ripsten contó a Excélsior que no es fan del futbol, pero terminó enamorado de dos leyendas del balompié nacional después de rodar 'México 86'

Para Gabriel Ripstein, el futbol no es algo que lo vuelva loco como a millones de mexicanos; sin embargo, las historias de lo que sucede fuera de la cancha, sí.
En 1986, el cineasta era un adolescente al que le tocó vivir toda la euforia que causaba tener en México, por segunda ocasión, el Mundial de futbol y, ahora siendo adulto, tuvo la oportunidad de contar eso que sucedía detrás de los estadios.
Yo lo digo muy abiertamente, no soy futbolero. Me tocó ese mundial, ya era un adolescente, entonces el torneo en sí lo recuerdo muy bien. Daniel Krauze es un gran futbolero que es el coescritor del guion; a mí me invitaron Gaumont y Netflix, que ya habían agarrado esta idea y querían hacer algo al respecto. Cuando me empezaron a contar la anécdota de cómo es que ese Mundial, que no era para México, llega acá, dije: ‘bueno, ahí hay una película’”, compartió el director de la cinta México 86 con Excélsior.
Ripstein tuvo el instinto para encontrar a los actores perfectos que darán vida a los personajes de este relato. En este caso, Diego Luna, Karla Souza, Daniel Giménez Cacho, Álvaro Guerrero y Memo Villegas, entre otros.
“En el caso del personaje de Diego, es muy complicado porque tiene un lado adorable y tiene un lado deleznable. La construcción de un hombre de esas características, muy de su época y de su lugar, requiere una finura. Lo mismo Daniel en la interpretación de un personaje emblemático; un hombre con ese poder, esa visión, esa frontalidad y ese humor incluso. Karla tiene una comedia estupenda. Ella y Diego hicieron un click que los hacía botarse de risa durante todas las tomas, entonces se armó muy bien el equipo”, relató Ripstein.
Gabriel también señaló que la creación de Martín de la Torre fue un trabajo colaborativo con Diego en el que ambos tuvieron que ir hilvanando a un hombre complejo para darle ese realismo que se necesitaba para la historia.
A los dos nos llama mucho la atención ese retrato de hombres de una cierta edad, de un cierto lugar, con una cierta desesperación. Nos divertimos mucho creándolo y dándole los detalles. Diego es un actor muy vivencial, muy riguroso, entonces el proceso de creación de personaje con él es muy sabroso. Martín, de alguna forma, cosifica a México. Los mexicanos somos adorables, divertidos y pachangueros, y también tenemos un lado oscuro, deleznable, mentiroso, manipulador y tramposo.
Él logra encapsular esa dualidad y esa complejidad que nos caracteriza, y más en esa época, en los 80, que es una etapa de una masculinidad muy marcada. Tienen ese perfil de hombre muy de su momento, de su lugar y del poder. Yo siempre lo pienso como el tío impresentable, ese tío vergonzoso que viene diciendo cosas inapropiadas y que en el mundo de hoy haría cortocircuito. Entonces sí hay una especificidad en términos del retrato de un hombre de ese lugar y de ese momento”, agregó.
Y si bien Gabriel no se convirtió en un fanático del futbol después de hacer México 86, sí se dio la oportunidad de adentrarse en un mundo que no conocía y disfrutarlo.
“No me volví fan del juego en sí mismo, no es que ahora ya le vaya a equis equipo, pero sí fue asomarme a un universo que yo desconocía. Y sí, hay unos personajes espectaculares: ver cómo era Bora Milutinović como entrenador, qué requería, su excentricidad y especificidad me pareció fascinante.

“Un personaje como Hugo Sánchez también, el mejor futbolista mexicano en la historia, el momento en el que lo estamos retratando y, de nuevo, su particularidad y su complejidad. Entonces, el clavado que me pude dar ahí fue muy gozoso y me siento muchísimo más docto en el mundo del futbol fuera de la cancha”, concluyó.
Recientemente Hugo dijo que no le gustó su retrato en este filme, pero Diego Luna le contestó que no era un trabajo documental, sino ficticio basado en cosas que pudieron haber pasado en esa década.