Enrique Bunbury: "La bancarrota espiritual no es exclusiva del siglo XXI"

Excélsior platicó con Enrique Bunbury sobre su nuevo disco 'De un siglo anterior' y su experiencia grabándolo en la Ciudad de México  

thumb
Enrique Bunbury platicó con Excélsior de su nuevo disco.Jose Girl

Hay muchos análisis poéticos, didácticos y académicos de lo que le ocurre al mundo en este siglo XXI, a diferencia de su predecesor, y ahora a esa reflexión se une Enrique Bunbury con las canciones de De un siglo anterior. Sin embargo, no siente que lo que él opina sea la única verdad, sino que es la forma en que él vive el presente, cuestionándose a sí mismo y alimentándose todo el tiempo.

“Me gusta atender a la realidad y también revisar lo que pienso sobre lo que ocurre. No doy por hecho que mis parámetros de pensamiento estén entre esto y aquello. Intento aprender leyendo y escuchando a otras personas que saben mucho más que yo. Personas que escriben mucho mejor que yo. Digamos que reviso mis pensamientos. No doy por sentada mi manera de ver la vida, no creo que ya lo sé todo ni que haya una forma concreta de ver la vida”, explicó.

Pero aunque no quiere plantear una verdad, se atreve sin tapujos a hacer lo propio con la suya en cada canción. En Creer que se puede creer, habla, por ejemplo, de la posibilidad ante todas las catástrofes actuales: la violencia, el individualismo o cualquier cosa que deshumanice; la opción es la convicción, creer en uno mismo.

Bueno, creer. ¿En qué puedes creer? Habla de la fe en uno mismo. Pensar que tienes tu propio camino. Y que ese camino propio no tiene por qué coincidir con el de los demás. Ése es el lugar al que tienes que ir. Donde tienes que depositar tu confianza. En tu forma personal de ver, en este caso, la música. O tu camino en la música”, sostuvo.

O por ejemplo, el sencillo que da nombre al disco, De un siglo anterior, donde reflexiona sobre todo aquello que se ha perdido en este siglo, como la espiritualidad, el goce y el disfrute, que se han cambiado por el racionalismo. Es decir, lo que propone es, en realidad, un equilibrio: no abandonar lo que a uno le alimenta la espiritualidad, ni abandonar lo racional, que permite ser sensibles ante la realidad.

La bancarrota espiritual no creo que sea exclusiva del siglo XXI. De hecho, creo que tiene que ver con el exceso de racionalismo y el cientificismo. Y poner nuestras vidas al servicio de la tecnología, descuidando nuestros valores humanos. Cada canción es un mundo. De un siglo anterior contiene la semilla de este disco: esa mirada al pasado y presente. Qué nos diferencia, qué estamos perdiendo y qué estamos encontrando. Y hacia dónde vamos. Ésa es la base sobre la que se sustenta este álbum. Aunque hay muchas variantes en cada una de las canciones”, detalló Enrique.

thumb
El zaragozano estará pronto en el Auditorio Nacional.Jose Girl

Romper el papel en blanco

Pero, ¿cómo se llega a eso? A que en una sola canción existan tantas reflexiones, tantos símbolos uno detrás del otro y, a veces, significados que se contradicen en la música del español, no de ahora, sino desde siempre.

Bueno, por un lado, manda la música. No podemos olvidar que estamos hablando de canciones y que estas canciones pretenden ser cantadas en algún momento. Entonces hay una musicalidad que tiene que ser la que organice la estructura de la canción. Pero al mismo tiempo, mi deseo es que la canción contenga lo máximo posible de mi filosofía y de mi manera de ver la vida. Hay momentos en los que dejo que eso fluya como un río y hay momentos en los que todo es más estructurado y tiene un orden interno”, subrayó.

La clave es dejarse impresionar y que la realidad lo azote e interpele y, a partir de ahí, tratar de codificar el mensaje.

Dentro del álbum puedo ver cómo hay canciones que hablan de mí y otras que no. Hay temas que hablan del mundo que nos ha tocado vivir y hay canciones que, hablando de un tema concreto, divergen y abordan otros intereses. Así que no hay una sola manera de escribir. Intento improvisar muchas veces, pero también intento que la canción me sorprenda”, dijo.

Pero como él mismo sugirió, la música manda, y sí, en este disco lo importante también es el sonido: bolero, cumbia y rancheras, todo grabado en el Desierto de los Leones. “México me sienta siempre bien”, comentó a Excélsior, esbozando media sonrisa. Pero más que los ritmos, es el cómo los grabó. De pronto pareciera que fue registrado en los años 70, como esos teclados ruidosos pero identificables de Rigo Tovar.

“Grabamos con músicos tocando juntos y yo canté con ellos, aunque después hicimos grabaciones adicionales. Pero partimos de la experiencia de los músicos tocando juntos y evitando el exceso de tecnología de la computadora. Queríamos capturar la música lo más viva posible, más real. Escuchando al músico, interpretando y sintiendo”.

Ahora le tocará defender todo el disco, ya disponible en plataformas, en el Auditorio Nacional, el próximo 12 y 15 de octubre.