La Coreañera revela que estuvo encerrada en el Ajusco antes de La Granja VIP; "era como una secta"
La Coreañera explicó por qué lloró en La Granja VIP 2 y reveló que el encierro le recordó una experiencia traumática que vivió en el Ajusco.

La Coreañera explicó por qué lloró durante sus primeras horas dentro de La Granja VIP 2 y reveló que el encierro del reality le recordó una experiencia traumática que vivió en el Ajusco, en la Ciudad de México.
La participante habló con Mónica Escobedo sobre el momento que la afectó tras ingresar al programa de TV Azteca. Mientras algunas de sus compañeras, como Natalia Alcocer, se acercaron a consolarla, otros habitantes no entendían qué había detonado su llanto.
Más tarde, La Coreañera contó que estar encerrada le removió recuerdos de una etapa de su vida en la que, según relató, terminó dentro de una organización que ella describió como una secta.
“Tengo muchos traumas”, expresó durante la conversación.
¿Qué le pasó a La Coreañera antes de La Granja VIP?
La Coreañera contó que llegó a esa organización después de postularse a lo que creía que era un programa de servicio social relacionado con una beca de lingüística.
La participante dijo que no investigó a fondo el lugar antes de aceptar y que después se dio cuenta de que la dinámica era muy distinta a lo que esperaba.
“No investigué. Dije: ‘Ah, pues esto’. No sabía que me iban a encerrar en el Ajusco”, relató.
De acuerdo con su testimonio, el lugar operaba bajo la figura de un fundador japonés al que los integrantes rendían una especie de culto. La influencer explicó que las personas se reunían en círculo, tomadas de la mano, mientras repetían frases que salían de una bocina.
“Ponían una bocina y todos así en un círculo, agarrados de la mano, repitiendo lo que dice el audio”, contó.

La Coreañera habla de dinámicas dentro de la organización
La participante aseguró que durante esas sesiones se repetían frases como “bendito sea nuestro fundador” en distintos idiomas, algunos que ella ni siquiera comprendía.
También señaló que la organización tenía una dinámica económica desigual. Según su relato, a las familias que inscribían niños sí se les cobraba, mientras que quienes trabajaban ahí no recibían sueldo, sino hospedaje.
“No nos pagaban, nos ponían el hospedaje”, dijo.
Esa situación la hizo sospechar que algo no estaba bien. La Coreañera explicó que, desde su perspectiva, el lugar parecía operar como una red de control sobre las personas.
“Realmente parecía como una red de tráfico de personas. Para mí esa era mi primera impresión”, expresó.
La carta que cambió su historia
La Coreañera contó que el punto de quiebre llegó cuando recibió información sobre una mujer que se había postulado como madre adoptiva.
La situación la asustó porque, según relató, no le mostraron fotografías ni datos claros sobre la familia con la que supuestamente viviría. Por eso pensó que podía terminar nuevamente encerrada o bajo una dinámica similar.
“Dije: ‘Chin, me van a mandar con otra familia igual, y me van a tener encerrada’”, recordó.
Sin embargo, el encuentro tomó otro rumbo. La participante contó que, cuando subió al auto, la mujer que iba por ella le dejó claro que no pertenecía a esa organización.
“Yo soy normal, yo no estoy metida en esa cosa”, le habría dicho.
La Coreañera aseguró que ese momento lo entendió como una salida de la situación que estaba viviendo.
“Yo lo vi como un rescate, mi vida”, afirmó.
La familia mexicana que la ayudó a salir
Después de ese encuentro, La Coreañera comenzó a convivir con la hija de la mujer que la recibió, a quien ahora considera su hermana.
La participante contó que la conoció cuando tenía 12 años y que ambas conectaron rápidamente por gustos compartidos como el baile y la música.
“Nos entendimos superchido, porque nos encanta bailar, nos encanta la música”, dijo.
La diferencia con su experiencia anterior fue la libertad. Según contó, su nueva familia le permitió moverse, trabajar en su proyecto musical y construir un vínculo más cercano.
Aunque la intención inicial era que siguiera vinculada al programa, La Coreañera relató que nunca volvió a las oficinas de la organización. En cambio, viajó a Puebla para tocar con su banda y, al regresar, recibió la invitación de quedarse a vivir con su madre adoptiva y su hermana mientras terminaba sus estudios.
“Sentimos que somos familia desde mucho antes”, compartió.
La Coreañera teme que su pasado vuelva a perseguirla
La participante también contó que, años después, su pasado con esa organización volvió a aparecer cuando su proyecto artístico comenzó a crecer.
Según relató, algunas cuentas la mencionaron como parte de esa secta y republicaron entrevistas con información personal sobre su historia sin su autorización.
“Temo por mí, por mi familia, por mi vida personal”, dijo al hablar de esa exposición.
La Coreañera explicó que decidió bloquear esas cuentas y pedirle a un excompañero, quien supuestamente manejaba redes de la organización, que dejara de vincularla públicamente con esa etapa.