“No Chucky, no party”, advierten aficionados de San Diego
La exclusión de Hirving Lozano de los planes de San Diego FC detonó una oleada de críticas entre la afición, especialmente dentro de la numerosa comunidad mexicana. En redes, seguidores cuestionaron la gestión deportiva del club y alertaron sobre una posible desconexión con su base de aficionados.

La relación entre San Diego FC y su afición atraviesa su primer conflicto serio antes incluso de que el proyecto termine de consolidarse en la MLS.
La decisión del club de no contemplar a Hirving Lozano dentro de su planificación deportiva provocó una oleada de críticas en redes sociales y abrió un debate que va más allá del terreno de juego. Entre los mensajes que más se repiten, una consigna resume el descontento: “No Chucky, no party”.
La molestia se concentró, sobre todo, en la numerosa comunidad hispana y mexicana de San Diego, un sector que había visto en Lozano un referente natural para conectar al equipo con la identidad futbolera de la región. Para muchos aficionados, la exclusión del atacante mexicano no solo debilita al plantel, sino que envía un mensaje de desconexión con un público que representa una parte central del mercado y del ambiente que el club busca construir.
Las reacciones no tardaron en escalar y apuntaron directamente a la gestión deportiva. Mikey Varas, director técnico del equipo, se convirtió en el principal foco de las críticas.
Varas es un ególatra de mierda. Inseguro, incapaz de manejar a jugadores estrella”, escribió un aficionado en X, reflejando el tono de un sector que percibe el caso como un problema de liderazgo más que de rendimiento.
Otro comentario fue aún más directo en su diagnóstico:
“Esto es Varas poniendo su ego por encima de los intereses del equipo”.
La sensación generalizada es que el club optó por un camino de control interno a costa de prescindir de uno de los nombres con mayor peso ofensivo y mediático disponibles dentro del plantel.
Desde el ángulo deportivo, los cuestionamientos también fueron claros.
“Los conflictos existen en todos los deportes y él hace ver como si no fuera normal que existan”, señaló otro seguidor, criticando que un desacuerdo interno haya sido suficiente para marginar a un jugador con experiencia en ligas europeas y selección nacional. A ese reclamo se sumó el argumento estadístico: “Lozano tuvo 20 participaciones directas en gol y aun así no lo consideraron”, reprochó otro usuario, aludiendo a decisiones que considera incoherentes con el rendimiento mostrado.
El conflicto se volvió todavía más ríspido ante un nuevo escenario que ya se discute en el entorno del club: Lozano no está dispuesto a salir de San Diego aceptando una reducción salarial. El futbolista no contempla rescindir ni cambiar de equipo sacrificando su sueldo, lo que abre la posibilidad de que permanezca en la institución sin entrar en los planes deportivos. Un desenlace incómodo para ambas partes y que amenaza con prolongar el ruido durante la temporada.
Ese contexto alimentó aún más el descontento.
“Sin Chucky, el Snapdragon Stadium estará casi vacío durante la mayor parte de la temporada”, advirtió un comentario en Facebook que acumuló decenas de reacciones. No se trata de una amenaza literal, sino del reflejo de un desencanto profundo en un sector del público que esperaba verse representado desde el arranque del proyecto.

San Diego es una plaza donde la identidad pesa tanto como el resultado. La comunidad mexicana no es un complemento: es una base estructural del mercado. En ese sentido, la gestión del caso Lozano se convirtió en el primer gran reto institucional del club. Y mientras la consigna siga circulando en redes, el mensaje es claro: el proyecto todavía tiene que aprender a dialogar con su gente.
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