Le tiran el peluquín en pleno combate: Jarrell Miller arma el show más surrealista del boxeo en su pelea en el Madison Square Garden

Miller ganó en Nueva York, pero su victoria quedó marcada por un episodio insólito cuando perdió la peluca tras varios golpes

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Miller ganó el combate, pero terminó sin su peluquínAFP

El boxeo presume de impredecible, pero pocas veces el guion se rompe de forma tan literal como ocurrió el sábado por la noche en el Madison Square Garden. Jarrell Miller, peso pesado nacido en Brooklyn y conocido por su personalidad desbordada, subió al ring para enfrentar a Kingsley Ibeh en la función The Ring 6 organizada por Turki Al-Sheik. Salió con la mano en alto tras una decisión dividida, pero el resultado fue lo de menos. La pelea quedó atrapada para siempre en la memoria colectiva por un detalle tan humano como inesperado. El cabello de Miller no resistió los golpes.

Todo comenzó en el segundo asalto, en un intercambio corto, sucio, de esos que suelen resolverse en clinch. Un derechazo impactó de lleno en el rostro de Miller. Nada extraordinario para un combate de peso pesado, salvo por un detalle que no tardó en llamar la atención. Al mover la cabeza, la línea del cabello del boxeador pareció moverse con vida propia. Primero fue una duda visual, luego una certeza incómoda.

Los comentaristas lo dijeron en voz alta y el público lo confirmó con carcajadas. Cada golpe hacía que el cabello se levantara, se doblara, se desplazara. La tensión del combate se mezcló con el asombro colectivo. Miller recibió otro impacto y la pieza terminó de delatar el hecho.

Un tercer golpe terminó por despejar cualquier misterio. El postizo se levantó casi por completo, dejando expuesta la cabeza del boxeador de 37 años. La campana salvó el momento. Ibeh regresó a su esquina con una sonrisa entre incrédula y burlona. Miller, advertido por su equipo, tomó una decisión tan rápida como teatral. Se levantó, sonrió al público, se encogió de hombros y se quitó la peluca sin dramatismo. Luego la lanzó a las gradas, como si fuera parte del espectáculo.

La pelea continuó. El ambiente ya no fue el mismo. En las primeras filas, el objeto pasó de mano en mano. Algunos lo levantaron como trofeo.  Boxeadores y aficionados documentaron la escena en redes sociales. El ring seguía siendo un espacio de competencia, pero alrededor se había convertido en una comedia colectiva.

Miller, con 142 kilos y sin el accesorio que había perdido minutos antes, siguió peleando. Lo hizo con oficio, con resistencia y con una calma llamativa para alguien que acababa de quedar expuesto frente a miles de personas. Ocho asaltos después, los jueces le dieron la victoria por decisión dividida. Su récord subió a 27-1. 

Es muy gracioso, ¿verdad? Llegué a casa de mi mamá y tenía unas botellas de champú debajo de la mesa. Las lavé, y la porquería era como lejía con amoníaco. Se me cayó el pelo hace dos días. Así que llamé a mi manager y le dije: "¡Consígueme una de esas pelucas de hombre! ¡Me la voy a poner enseguida!",  dijo Miller.

Al terminar, el propio Miller explicó el origen del episodio sin rastro de vergüenza. Contó que días antes había usado unos productos para el cabello que le provocaron una caída repentina. La solución fue inmediata y pragmática. Conseguir una peluca y seguir adelante. No esperaba, claro, que el ring se convirtiera en el lugar donde se resolvería el problema a golpes.

Miller peleó con Andy Ruiz

La historia tiene antecedentes. En 2024, Miller fue rival de Andy Ruiz en una pelea que terminó en empate. Su carrera siempre ha estado acompañada de polémica, excesos y declaraciones fuera de libreto. 

La noche en que Jarrell Miller perdió la peluca en el Madison Square Garden no lo convirtió en campeón, pero sí en algo más difícil de lograr. un recuerdo imborrable en la historia del boxeo.