Del campeón al colero en menos de 24 horas: Klint Kubiak toma a los Raiders tras ganar el Super Bowl
Después de conquistar el Super Bowl, Klint Kubiak pasó del mejor equipo de la NFL al peor récord de la temporada, al iniciar su etapa como entrenador en jefe de los Raiders de Las Vegas, con Fernando Mendoza como eje del proyecto.

Menos de 24 horas después de levantar el Trofeo Lombardi con el mejor equipo de la NFL, Klint Kubiak descendió del pedestal más alto de la liga para asumir el reto opuesto: reconstruir al peor equipo de la temporada.
El ahora excoordinador ofensivo de los Seattle Seahawks, campeones del Super Bowl, aterrizó la mañana del lunes en Las Vegas, en un avión privado y acompañado de su familia, para iniciar oficialmente su etapa como nuevo entrenador en jefe de los Raiders de Las Vegas.
El contraste no podría ser más marcado. Kubiak pasó de dirigir una ofensiva campeona, capaz de dominar el escenario más grande del futbol americano, a tomar las riendas de una franquicia que cerró la campaña con la peor marca de toda la NFL, reflejo de un proyecto sin rumbo claro, con más preguntas que respuestas y un proceso de reconstrucción inevitable.
Horas después de su llegada, los Raiders oficializaron un nombramiento que se venía gestando desde antes del Super Bowl. El acuerdo fue trabajado con discreción durante más de una semana, pero no pudo cerrarse ni anunciarse hasta que terminó el juego en Santa Clara. Apenas bajó del avión, Kubiak dejó atrás la euforia del campeonato para entrar de lleno en modo reconstrucción.
A sus 38 años, el nuevo head coach asume uno de los desafíos más complejos de la liga. Será el tercer entrenador en jefe en tres temporadas para Las Vegas y el quinto líder de tiempo completo desde la mudanza a Nevada en 2020. Reemplaza a Pete Carroll, quien no logró trasladar su legado de Seattle a los Raiders y cerró su breve paso con un récord de 3-14, el más bajo de la franquicia en su etapa en la ciudad.
Desde el primer día, las decisiones clave se acumulan. Una de ellas será la conformación de su staff de coacheo. Kubiak podría apoyarse en Andrew Janocko, actual entrenador de quarterbacks en Seattle, o en Aden Durde, quien tendría la oportunidad de comandar por completo una defensiva que en los Raiders necesita identidad, profundidad y continuidad.
En el centro del proyecto también aparece la incertidumbre alrededor de Maxx Crosby. La estrella defensiva ha sido vinculada con una posible salida, incómodo tras cerrar la temporada en la reserva de lesionados y ante la perspectiva de otro proceso largo de reconstrucción. Aunque públicamente no ha confirmado su intención de irse, el tema sigue latente dentro de la organización.
El diagnóstico del roster es tan crudo como evidente. Los Raiders necesitan mejorar de manera urgente la línea ofensiva, encontrar un receptor principal que marque diferencia y rodear de mayor talento a su núcleo actual. La defensa no muestra una falla estructural clara, pero sí carece de profundidad para sostenerse durante diecisiete partidos.
Uno de los ejes inmediatos del nuevo proyecto será el desarrollo de Fernando Mendoza, el joven quarterback que está proyectado para ser tomado por los Raiders tras una temporada de ensueño en el futbol americano colegial. El reto para Kubiak no es menor: convertir a Mendoza en un mariscal funcional y competitivo dentro de una plantilla que hoy carece de protección y talento a su alrededor. Su historial como formador ofensivo fue uno de los factores que más peso tuvo en su contratación.
Así, Klint Kubiak inició su nueva aventura profesional desde el extremo opuesto del espectro. Pasó del campeón al colero, del equipo más sólido al más frágil. En Las Vegas, el reto no es repetir lo que funcionó en Seattle, sino construir casi desde cero. Y esta vez, sin margen para esconderse detrás del éxito reciente.
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