El Jordan de Pumas: del sueño NBA de su padre al héroe de CU
Jordan Carrillo heredó el nombre de una leyenda del deporte y ahora atraviesa el mejor momento de su carrera como una de las grandes figuras de Pumas rumbo a la Final del Clausura 2026.

A Jordan Carrillo lo bautizaron con nombre de superestrella. Su padre, fanático empedernido de la NBA, quería que el niño llevara algo de la grandeza de Michael Jordan y hasta soñó con ponerle “Jordan O’Neal”, una mezcla entre dos gigantes del basquetbol. Al final, su madre frenó el exceso de inspiración deportiva. Y aunque el sinaloense no terminó con clavadas de balones en la duela, sí comenzó a hacer diabluras en las canchas de futbol desde Culiacán.
"Sí, sí me pusieron por Michael Jordan... a mi papá le gustaba el basquetbol. Me iba a poner Jordan O’Neal, imagínate", reveló en una entrevista para TUDN, previo a la final.
Carrillo no llegó al futbol mexicano por accidente. Desde niño traía el descaro del barrio y la técnica de esos jugadores que no conocen el miedo. En las fuerzas básicas de Santos Laguna comenzó a conocerse como futbolista incómodo debido a que rápido, encarador y con esa costumbre de superar a los rivales en el uno contra uno. De esos jugadores que levantan a la tribuna y desesperan defensas. Mientras otros tocaban fácil, Jordan quería túneles, recortes y aplausos.
En Torreón entendieron pronto que tenían una joya distinta. Fue campeón juvenil, debutó profesionalmente en 2020 y no tardó en convertirse en una de las promesas más seductoras del futbol mexicano. Guillermo Almada lo debutó y Carrillo respondió con desparpajo.
En 2022 ganó el Balón de Oro como Novato del Año y en México se comenzó a vender la idea de que venía el siguiente gran crack.
Sporting de Gijón apostó por él y Jordan aterrizó en España con la etiqueta de diamante mexicano. Pero Europa no perdona romanticismos. Entre cambios de técnico, suplencias y un equipo irregular, Carrillo vivió esa realidad que muchos esconden de que el talento no siempre significa continuidad. Aun así, dejó destellos, goles y momentos que hicieron pensar que podía explotar en cualquier momento.
Y entonces apareció Pumas.
Lo que parecía un fichaje discreto terminó convertido en una de las historias más importantes del torneo.
En Ciudad Universitaria encontraron un futbolista herido, pero con hambre. Un jugador que necesitaba confianza.
Ahí, entre presión y nostalgia auriazul, Jordan Carrillo comenzó a soltarse. Primero con chispazos. Después con goles. Luego con actuaciones que encendieron el Olímpico Universitario.
Con doblete y una asistencia precisamente ante Santos Laguna, su exequipo, inició todo. Jordan no sólo castigó a su pasado en cada regate empezó a sentirse como un recordatorio de que el talento nunca se fue, sólo esperaba el escenario correcto.
Jordan Carrillo representa el futbolista que Pumas buscaba. Que tuviera claro que en CU no basta correr, sino que hay que encender a la grada.
Su impacto dejó de ser promesa para convertirse en realidad durante la liguilla. Primero apareció con actuaciones determinantes ante América. Después firmó el gol que eliminó a Pachuca y clasificó a Pumas a la Final. El Olímpico Universitario explotó y Carrillo terminó convertido en el nuevo rostro de la ilusión auriazul.
Lejos del discurso fácil, el propio jugador reconoció públicamente que con los felinos recuperó algo que había perdido: la seguridad en sí mismo.
“Me siento muy emocionado, muy a gusto, muy feliz con Pumas”, declaró previo a la final del Clausura 2026.
Y así, el niño que heredó el nombre de una leyenda del deporte ahora intenta construir la suya en el lugar en el que los ídolos no se fabrican.
Hoy, Jordan Carrillo atraviesa el mejor momento de su carrera. A los 24 años, dejó atrás la etiqueta de promesa para convertirse en un futbolista decisivo en los escenarios más exigentes del futbol mexicano.