Gustavo Puerta, la revelación de Colombia que sobrevivió a un balazo y hoy brilla en el Mundial
A los 10 años recibió una bala perdida en la pierna y pasó cuatro años con el proyectil alojado en su cuerpo, hoy, Gustavo Puerta es una de las grandes figuras del Mundial 2026

El disparo no iba dirigido a él, pero cambió su vida para siempre.
Gustavo Puerta tenía 10 años cuando una bala perdida impactó su pierna izquierda mientras jugaba frente a su casa en La Victoria, Valle del Cauca, Colombia. Sicarios que perseguían a otro hombre abrieron fuego y uno de los proyectiles rebotó en su bicicleta antes de incrustarse en su cuerpo. Los médicos decidieron no extraer la bala de inmediato y el niño convivió con ella durante cuatro años.
Correr era más difícil. También controlar su peso. Pero nunca dejó de pensar en el futbol. Esa misma fortaleza es la que hoy tiene maravillada a Colombia. Con apenas 22 años, Puerta se convirtió en una de las grandes revelaciones del Mundial 2026. Su despliegue en el mediocampo, su capacidad para recuperar balones y recorrer kilómetros sin descanso lo transformaron en una pieza indispensable para el equipo de Néstor Lorenzo.
El camino para llegar hasta ahí tampoco fue sencillo. Su familia hizo sacrificios para mantener vivo su sueño y él tuvo que abrirse paso desde el Bogotá FC de la segunda división hasta el futbol europeo. Bayer Leverkusen apostó por su talento y, tras un proceso de crecimiento en Alemania, Inglaterra y España, encontró la madurez suficiente para convertirse en internacional con Colombia.

En este Mundial pocos esperaban que el mediocampista del Racing de Santander robara tantos reflectores en un equipo donde las figuras eran James Rodríguez y Luis Díaz. Sin embargo, partido tras partido ha demostrado que su importancia va mucho más allá de las estadísticas. Es el equilibrio del equipo, el futbolista que aparece para recuperar un balón, iniciar un ataque o sostener el ritmo cuando el partido exige piernas y carácter.
Este martes, Colombia buscará un lugar en los cuartos de final frente a Suiza. Si los cafeteros siguen con vida, una parte importante de la explicación estará en ese volante que juega con la serenidad de quien hace tiempo entendió que el mayor triunfo de su carrera no fue llegar a un Mundial.
Fue sobrevivir para poder jugarlo.