De pedir ayuda en el panteón… a buscar la décima de Cruz Azul en la final

Don Enrique, mejor conocido como “Palencia”, visitó la tumba de su padre antes de entrar al estadio Ciudad de los Deportes para apoyar a Cruz Azul en la final ante Pumas.

Don Enrique “Palencia” llegó al estadio Ciudad de los Deportes con su tradicional sombrero azul y el recuerdo de su padre, a quien visitó horas antes en el panteón para pedirle ayuda rumbo a la décima estrella de Cruz Azul.
Don Enrique “Palencia” llegó al estadio Ciudad de los Deportes con su tradicional sombrero azul y el recuerdo de su padre, a quien visitó horas antes en el panteón para pedirle ayuda rumbo a la décima estrella de Cruz Azul.Alejando Zúñiga

A Don Enrique todos lo conocen como “Palencia”. Antes de entrar al estadio Ciudad de los Deportes para ver la final entre Cruz Azul y Pumas hizo una parada mucho más importante que cualquier partido. Fue al panteón. Ahí descansan los recuerdos de su padre, quien este 21 de mayo cumple 2 años de fallecido y a quien le pidió ayuda para que La Máquina conquiste la décima estrella.

“Mi padre, el día de hoy está cumpliendo 2 años de fallecido. Hace rato estábamos en el panteón y le decía: ‘papá, papacito, échanos la mano, porque la décima la tenemos que conquistar’. A pesar de que mi papá no era tan aficionado, yo sí traigo toda la sangre azul”, señala Don Enrique en entrevista con Excélsior.

Si algo tiene claro a sus 58 años, es que su amor por el azul nació en casa y nunca dejó de acompañarlo. Vestido con un poncho de Cruz Azul y un sombrero de mariachi azul, Enrique camina entre los aficionados como un personaje imposible de ignorar.

Desde hace 2 décadas asiste así a los partidos cementeros. Cada accesorio tiene una historia y cada prenda fue sumándose con el paso de los años, como si también formaran parte de su propia colección de recuerdos. El apodo de “Palencia” se lo ganó en su juventud, cuando usaba el cabello largo como el exdelantero celeste Francisco Palencia.

“El sombrero lo adquirí en Guadalajara, en un duelo contra Chivas. El poncho lo compré en León, hace unos 20 años, por eso se ve desgastado”, añade.

Su historia con Cruz Azul comenzó desde niño. Enrique presume que gracias al equipo conoció buena parte del país, siguiendo a la porra cementera en distintas canchas.

“Desde que tengo uso de razón llevaba mi morralito de Cruz Azul a la primaria. Conozco casi todos los estadios gracias a Cruz Azul porque yo pertenecía a una de sus porras y viajábamos a todos los estadios”.

Pero volver al Ciudad de los Deportes también removió recuerdos familiares. La memoria lo llevó directo a 1997, cuando compartió con su padre una noche inolvidable en ese mismo inmueble.

“Me acuerdo mucho de la final de ida del 97 en esta cancha. Jugamos contra León y esa vez tuve la fortuna de venir con mi papá, pero ya era una persona grande. Después de eso era muy complicado traerlo porque el estadio es prácticamente vertical, entonces es muy complicado subir y bajar escaleras”.

Ya con el ruido de la final apoderándose de las calles, Don Enrique se acomodó su sombrero azul y siguió el camino hacia el estadio. Esta vez entró solo, invitado por el equipo, pero con la sensación de que su padre, de alguna manera, también iba caminando a su lado.