"Vida insecta": Cristina Sánchez-Andrade convierte a los insectos en metáforas de la condición humana

La escritora española explora, a través de abejas, mariposas, insectos palo y arañas, las emociones, los ciclos y las contradicciones humanas en un poemario inspirado en la observación de la naturaleza.

La escritora española nutrió sus poemas con historias y mitos alrededor de arañas, polillas, grillos e insectos palo.
La escritora española nutrió sus poemas con historias y mitos alrededor de arañas, polillas, grillos e insectos palo.Foto: Cortesía María Gaminde.

Historias, mitos y pensamientos en torno al mundo de los insectos alimentan los poemas de Vida insecta, de la escritora Cristina Sánchez-Andrade (Santiago de Compostela, España, 1968), quien evoca la vida y las propiedades de tijerillas, mariposas, insectos palo, arañas, polillas, grillos y muchos más, ante un ser humano que casi no les presta atención o que, muchas veces, los observa como plaga o invasores.

“Para escribir este poemario partí de un libro que no es de poesía, pero que me gustó y me impresionó bastante: La vida de las abejas, del dramaturgo y ensayista belga Maurice Maeterlinck (1862-1949), que no es un tratado de apicultura, pero está escrito con mucha poesía, donde el autor habla de la colmena como algo que se asemeja a las comunidades humanas, en el sentido de los comportamientos comunitarios, las sociedades jerarquizadas e, incluso, refiere a un pensamiento filosófico de las abejas”, comenta Sánchez-Andrade a Excélsior.

Y agrega: “Esto fue un poco el punto de partida para hablar de nuestra vida, que es grande, a partir de lo pequeño que son los insectos y de todo lo que tenemos en común, con esas rutinas, repeticiones y ciclos. Digamos que cada poema lo que pretende, a través de un insecto o de una de sus costumbres asociadas, es expresar un sentimiento o una emoción”.

El poemario "Vida insecta", de Cristina Sánchez-Andrade tuvo como inspiración un texto del dramaturgo Maurice Maeterlinck.
El poemario "Vida insecta", de Cristina Sánchez-Andrade tuvo como inspiración un texto del dramaturgo Maurice Maeterlinck.Foto: Cortesía Editorial Anagrama.

¿El poemario es un homenaje a esa vida que pasa delante de nuestros ojos?, se le pregunta a la también autora de Habitada y Fámulas. 

“Quizá no digo nada nuevo cuando hablo de detenerse en el instante de lo que estamos haciendo y disfrutar de lo que hacemos y no estar esperando algo enorme, extraordinario o muy importante, porque en la vida lo pequeñito es lo que compone la vida y eso es lo que hay que disfrutar”.

¿Hay algún insecto que usted asociaría al trabajo del poeta?

“Podría dejarse al gusto de cada quien, porque cada poeta tiene una manera de escribir. Podría pensar en la hormiga porque es un trabajo paulatino que va puliendo el poema hasta que por fin nace. También podría ser el insecto palo, la mosca y la abeja, que dan para mucho, asegura Sánchez-Andrade.

“Yo prefiero ser un insecto palo, que desaparece del mundo para estar consigo mismo y escribir… así que ese insecto me inspira envidia, porque no aspira a nada, frente a los humanos, que aspiramos a algo, a que suceda un gran evento en nuestras vidas”, tal como escribe en el siguiente verso:

“El insecto palo no aspira a nada,/ es lo que no es:/ cuerpo que no es rama,/ pata que no es brote,/ cabeza que no es hojita tierna.// “En su contemplación/ discurre el tiempo,/ la vida real pasa de largo/ y ya es tarde:/ lo que pudo haber sido/ nunca es ni será”.