Teatro independiente: La actuación como estilo de vida y resistencia cultural
Marellie Henzerbean, actriz, dramaturga y gestora cultural originaria de Tijuana, Baja California, habla de su experiencia en la industria teatral en México.

El teatro independiente en México atraviesa un momento complejo pero profundamente fértil
En un panorama cultural marcado por la precariedad, la falta de financiamiento, la dificultad para formar públicos y la competencia con el teatro comercial, el teatro independiente en México continúa sosteniéndose gracias a creadoras y creadores que asumen el oficio como una postura ética y un estilo de vida.
Una de esas voces es la de Marellie Henzerbean, actriz, dramaturga y gestora cultural, originaria de Tijuana, Baja California, y con una trayectoria desarrollada principalmente en la Ciudad de México.
Para Henzerbean, el teatro apareció desde muy joven como un espacio vital.
“Desde que comencé a los 17 años, llegar al teatro fue encontrar un lugar seguro, un lugar amplio de expresión. Fue el primer lugar donde me sentí plena, comprendida por otros locos”, relata
Ese encuentro no solo definió su carrera, sino su forma de estar en el mundo: “Más que una profesión o un oficio, lo veo como un estilo de vida”.
Su proceso creativo parte siempre de la pregunta.
Todo inicia de una inquietud que genera otra pregunta y otra más. En esa búsqueda encuentro el espacio para el discurso”, explica.

La creadora detalla que le interesa cuestionar referencias sociales, discursos emocionales y la relación entre la experiencia personal y la colectiva. Ese estado de resonancia interna —“me excita, me entusiasma poder darle voz a lo que me cuestiono”— es el detonante para comenzar una nueva obra.
Ese impulso dio origen a Yo, Nemesis, su más reciente producción, presentada en el Foro Shakespeare en 2025, una pieza profundamente personal que dialoga con la inmediatez, las redes sociales y la transformación del oficio actoral tras la pandemia.
“Surge de la duda de cómo continuar, de cómo seguir de pie, de cómo hacerme ver. Mi profesión, como muchas otras, se ha visto afectada”, afirma.
Sin embargo, Henzerbean aclara que esa afectación no es únicamente negativa, sino un llamado a la mutación de la ficción.
“La ficción no está para competir con la inmediatez”, sostiene.
Tiene la responsabilidad de detenerla, darle peso, devolverle memoria. Si se reproduce a la misma velocidad, se vuelve banal”.
En escena, Yo, Nemesis se convierte en un enfrentamiento consigo misma y con el tiempo presente, buscando transformar tanto a la creadora como al espectador.
Al hablar del teatro independiente, Henzerbean es contundente:
“Más que otra cosa, es una postura ética. La creación vale incluso cuando no es rentable”.

Reconoce la desvalorización de los recursos y la dificultad para sostener proyectos, pero subraya que en este ámbito “al artista todavía se le permite el error, y ahí surge el arte”.
Lejos de concebirse solo como actriz, se define como arquitecta de la escena.
Las obras las creo desde cero: dramaturgia, producción, estructura escénica. Todo se va tejiendo como un rompecabezas”.
Para ella, la gestión cultural es parte intrínseca del acto creativo: “La producción también es dramaturgia”. Este enfoque refleja una de las realidades más duras del sector: la necesidad de asumir múltiples roles ante la falta de condiciones laborales estables.
Entre sus retos para 2026, Henzerbean destaca consolidar Yo, Nemesis, ampliar su difusión, llenar teatros y llevar la obra a una gira nacional e internacional. El proyecto ya se traduce al inglés, francés y portugués, con miras a convocatorias en el extranjero. Paralelamente, desarrolla Amor en Fa, una propuesta de teatro cabaret que dialoga con la tecnología y tendrá lecturas dramatizadas a partir de marzo.

Finalmente, la actriz lanza una reflexión para quienes sueñan con actuar.
Es importante que entiendan la actuación como un estilo de vida. El actor entrena todos los días: cuerpo, voz, memoria”.
Advierte que no es una carrera lineal, sino una espiral constante, que exige templanza frente a la frustración.
El cuerpo del actor es un archivo sensible. Si no se entrena, se vuelve un desván”.

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