Óscar Xavier Altamirano debuta con un thriller sobre memoria y pérdida

La primera novela de Óscar Xavier Altamirano explora la pérdida de la escritura, la memoria fragmentada y la violencia armada desde un thriller ambientado en Nueva York.

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Óscar Xavier AltamiranoEspecial

El punto de partida no es un crimen, una persecución ni una escena de violencia explícita. Es una ausencia. Un escritor célebre que ya no puede escribir. Así inicia la primera novela de Óscar Xavier Altamirano, un thriller que coloca en el centro la pérdida de la voz creativa, la memoria fragmentada y las consecuencias íntimas de la violencia armada en Estados Unidos.

Desde sus primeras páginas, la historia se aleja de las convenciones clásicas del género. El accidente que transforma la vida del protagonista ya ocurrió cuando el lector entra al relato. No hay ascenso previo ni construcción del éxito: hay un derrumbe y una identidad suspendida. 

Escribir sin saber que se estaba escribiendo

Para Altamirano, la novela no nació de un plan ni de una ambición largamente trazada. Fue un descubrimiento personal.

Yo no sabía que esto estaba en mi programa personal”, explica el autor al hablar del proceso creativo.

La escritura de ficción apareció como una experiencia vital atravesada por el paso del tiempo, por muertes y nacimientos familiares, por acontecimientos que ocurrieron mientras la historia avanzaba. Esa convivencia entre vida y escritura se filtra en la novela, donde el dolor no aparece como excepción, sino como parte estructural de la existencia.

La vida nunca te sorprende solo con cosas buenas”, dice Altamirano, una idea que se refleja tanto en el proceso creativo como en la trama. 

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Frankie Armstrong: un escritor sin escritura

El protagonista es Frankie Armstrong, un escritor reconocido, columnista del The New York Times y figura pública cuya vida se quiebra tras un accidente automovilístico que le provoca una lesión cerebral.

El daño no solo lo obliga a abandonar su carrera profesional: le impide escribir. Para Altamirano, la metáfora es directa y radical. Quitarle la escritura a un escritor equivale a quitarle las manos a un pianista o la voz a un cantante. La identidad queda en pausa, sin un lugar claro al cual volver.

Armstrong no es presentado como un héroe en reconstrucción, sino como un personaje disfuncional, apartado de los espacios que antes definían su vida, incapaz de reintegrarse a una normalidad que ya no reconoce.

La pregunta que articula el relato es concreta: ¿qué haces cuando el destino te aplasta de esa manera? 

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Memoria bloqueada y violencia armada (posibles spoilers)

A la pérdida profesional se suma otra más profunda, desconocida incluso para el propio protagonista. En su infancia, Armstrong fue víctima de un episodio de violencia armada. El recuerdo quedó bloqueado, enterrado en una edad tan temprana que nunca logró articularse de forma consciente.

La paradoja sostiene uno de los núcleos del thriller: ya adulto, Armstrong escribe una novela que condena la venta indiscriminada de armas en Estados Unidos, sin saber que él mismo es un producto directo de ese descontrol. La ficción se convierte entonces en un espacio donde la memoria empieza a vibrar y a revelarse.

“La memoria empieza a contarte cosas de ti que te sorprenden”, explica Altamirano. No se trata de una novela autobiográfica ni de memorias encubiertas, sino de una ficción donde lo inconsciente ocupa un lugar central, un territorio que, según el autor, la escritura ensayística nunca le había permitido explorar de la misma forma. 

Nueva York como sistema, no como decorado

El escenario no es casual. Nueva York funciona como algo más que un telón de fondo. Es la ciudad del éxito, de la presión social, de la exposición pública y del estatus económico como medida de valor.

Altamirano la define como “la Roma moderna”: un espacio donde conviven las élites culturales y mediáticas con quienes quedan completamente fuera del circuito. Esa tensión atraviesa la relación entre Armstrong y su esposa. Él construyó su prestigio con trabajo; ella carga con la culpa de una herencia que los colocó en una posición privilegiada.

Ubicar la historia en Nueva York responde también a una decisión narrativa concreta. Para el autor, una trama de este tipo no podría desarrollarse en México sin perder verosimilitud, debido a la necesidad de un sistema policial y judicial relativamente funcional. 

“No como el que venden las series”, aclara, sino uno que permite que el suspenso avance sin diluirse en la corrupción absoluta.

Un thriller accesible, no hermético

Pese a los temas que atraviesan la novela —lesión cerebral, trauma infantil, violencia armada, derrumbe personal—, Altamirano insiste en que nunca quiso escribir un libro difícil. El thriller fue una elección consciente para contar una historia fluida, legible, sin exigir al lector un bagaje académico previo.

Esa decisión se refleja en la recepción del libro. Lectores de México, Chile, Argentina, Colombia y Perú han respondido con un patrón que se repite: muchos aseguran haberlo leído en pocos días y destacan su ritmo. Otros se identifican con personajes distintos, encontrando reflejos personales inesperados.

Para el autor, esa diversidad confirma una idea central: cada lector termina leyendo un libro distinto

Un cierre que abre otra historia

Según Altamirano, el giro final desplaza el relato del terreno del misterio hacia un espacio más íntimo. Resolver el enigma no es el cierre, sino el inicio de una pregunta más incómoda: ¿qué ocurre con una pareja después de atravesar algo así?

Ahí, afirma, comienza el verdadero tercer acto.

Desde México, el autor sitúa su primera novela en un mundo anglosajón sin complejos.

Si ellos escriben sobre todo el mundo, ¿por qué nosotros no?”, plantea.

Su debut no solo inaugura una nueva etapa en su trayectoria literaria, sino que se suma a una conversación más amplia sobre memoria, identidad y las heridas que permanecen incluso cuando parecen haber sido olvidadas.