Las trece últimas horas en la vida de García Lorca

La reedición reconstruye las últimas horas de García Lorca a partir de documentos y testimonios

Libro Las trece últimas horas en la vida de García Lorca, de Miguel Caballero Pérez, sobre la muerte del poeta en 1936.
El libro Las trece últimas horas en la vida de García Lorca, de Miguel Caballero Pérez, aborda las últimas horas del poeta y las incógnitas sobre su muerte.Europa Press

La Esfera de los Libros recupera, coincidiendo con el 90 aniversario del asesinato de Federico García Lorca, Las trece últimas horas en la vida de García Lorca, la investigación publicada originalmente en 2011 por Miguel Caballero Pérez. El volumen reconstruye, a partir de documentación de archivo, testimonios y registros administrativos, la secuencia de acontecimientos que siguió a la detención del poeta en Granada en agosto de 1936.

La obra nació con la pretensión de desplazar la atención desde las interpretaciones generales sobre el crimen hacia la identificación de personas, decisiones y responsabilidades concretas. Una reseña académica publicada por la revista Signa de la UNED consideró entonces que el libro aportaba una investigación documental de especial relevancia para la biografía de Lorca.

La reedición llega cuando el aniversario vuelve a situar la muerte del poeta en el centro de la memoria cultural española. Lorca tenía 38 años cuando fue asesinado, en las primeras semanas de la Guerra Civil, después de haberse refugiado en la casa de la familia Rosales, vinculada a la Falange granadina.

La detención de Lorca y el traslado a Víznar

La cronología conservada por la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes sitúa su detención el 16 de agosto de 1936 y su traslado posterior a Víznar, donde fue asesinado en los días siguientes.


El contexto explica parte de la excepcional resonancia que adquirió el crimen. El golpe militar de julio había desencadenado en Granada una oleada represiva en la que las rivalidades políticas, las venganzas personales y los enfrentamientos sociales se mezclaron con la violencia organizada de los sublevados.

Un informe policial revela que a Federico García Lorca lo fusilaron por socialista, homosexual y masón. Foto Archivo Excélsior
Un informe policial revela que a Federico García Lorca lo fusilaron por socialista, homosexual y masón. Foto Archivo Excélsior

Lorca no pertenecía a ningún partido político, aunque era un republicano convencido y había mantenido una estrecha relación intelectual con figuras de la izquierda como Fernando de los Ríos. Su asesinato terminó convirtiéndose en uno de los símbolos más perdurables de la represión franquista durante la Guerra Civil.

El punto de partida de Caballero es deliberadamente reducido: reconstruir las últimas horas del poeta mediante una sucesión de hechos verificables. La investigación se concentra en:

  • La detención efectuada en la casa de los Rosales.
  • El traslado al Gobierno Civil de Granada.
  • El desplazamiento posterior hacia Víznar.

Una reseña publicada por la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes destaca precisamente ese empeño por reconstruir, con documentación de archivo, las actuaciones de los distintos personajes vinculados al asesinato.

La tarde del 16 de agosto, Ramón Ruiz Alonso acudió a la vivienda de los Rosales acompañado por fuerzas armadas para detener a Lorca. La biografía alojada en el portal de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes identifica a Ruiz Alonso como antiguo diputado de la CEDA y describe el amplio dispositivo desplegado alrededor de la casa.

6 poemas de Federico García Lorca celebrando su nacimiento. Foto: Instituto Cervantes.

El poeta fue conducido después al Gobierno Civil, entonces bajo la autoridad del comandante José Valdés Guzmán, aunque la cadena de mando constituye uno de los puntos centrales de la investigación de Caballero.

Velasco Simarro, las responsabilidades y las rivalidades de Granada

En esa reconstrucción ocupa un lugar destacado Nicolás Velasco Simarro, teniente coronel de la Guardia Civil que desempeñaba funciones de autoridad en Granada durante la ausencia del gobernador. Caballero lo presenta como una figura decisiva en la orden de detención.

La atribución no es una invención reciente ni una conclusión aislada de la reedición: ya aparecía en estudios y reseñas contemporáneas a la publicación del libro, aunque continúa formando parte de un debate historiográfico más amplio sobre la responsabilidad última del crimen.

El interés de la investigación reside también en su intento de reconstruir el entramado local que rodeó al poeta. Caballero sostiene que la explicación exclusivamente política resulta insuficiente y concede importancia a las rivalidades entre familias de la Vega de Granada, a los conflictos económicos y a viejos enfrentamientos de carácter social y personal.

Esa interpretación ya había sido desarrollada por el autor junto con Pilar Góngora en La verdad sobre el asesinato de García Lorca. Historia de una familia, obra que antecedió a la investigación de 2011.

En esa lectura adquiere especial importancia La casa de Bernarda Alba, estrenada póstumamente pero escrita por Lorca poco antes de su muerte. Caballero ha relacionado algunos de sus personajes y conflictos con las familias granadinas enfrentadas a los Lorca y ha interpretado la obra como uno de los elementos que alimentaron determinadas hostilidades.

Federico García Lorca.
Federico García Lorca.

Esa hipótesis forma parte de la tesis específica del investigador y no puede confundirse con una explicación historiográfica consensuada sobre las causas del asesinato.

La investigación intenta además devolver una dimensión humana a una cadena de acontecimientos que durante décadas quedó absorbida por la leyenda. Frente a la imagen abstracta del poeta convertido en víctima emblemática, Caballero identifica nombres, cargos, relaciones familiares y posiciones de poder.

La reseña de Francisco Abad Nebot subrayó precisamente la importancia de esa reconstrucción minuciosa de los personajes que intervinieron en el crimen, aunque también dejó abierta la discusión sobre el alcance de algunas de sus interpretaciones causales.

Las últimas horas: una fecha que sigue sin consenso

Uno de los aspectos más controvertidos del libro es, precisamente, su cronología de las últimas horas. La investigación de Caballero propuso que Lorca fue ejecutado poco después de su detención, en la madrugada del 17 de agosto, y esa hipótesis explica el título del volumen.

La reseña académica de 2012 recogió esa conclusión como una de las novedades principales de la obra, señalando que Caballero situaba el fusilamiento unas trece horas después del arresto.

Esa datación, sin embargo, no se ha convertido en consenso. La tradición historiográfica más extendida, asociada entre otros a Ian Gibson, sitúa el asesinato en la madrugada del 18 de agosto, aunque las fuentes documentales no permiten establecer con absoluta certeza la hora y el día exactos.

La propia Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes advierte de esa incertidumbre y señala que Gibson situó la muerte en la madrugada del 18 de agosto.

Por eso, el 90 aniversario exige una precisión especialmente importante en una información sobre una investigación histórica: el aniversario se conmemora el 18 de agosto, pero la fecha exacta de la muerte de Lorca continúa siendo objeto de discusión documental.

La Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes ofrece incluso una cronología que sitúa el asesinato el 19 de agosto, mientras otras fuentes académicas y divulgativas lo sitúan entre el 17 y el 19.

La incertidumbre no disminuye la certeza esencial: Lorca fue detenido el 16 de agosto y asesinado durante la represión desencadenada en Granada tras el golpe militar.

Una muerte sin tumba identificada

Tampoco existe una respuesta definitiva sobre el destino de sus restos. Las sucesivas investigaciones arqueológicas y documentales han intentado localizar la fosa en el entorno de Víznar y Alfacar, pero ninguna ha permitido identificar de manera concluyente el lugar donde fue enterrado.

La propia editorial informó en 2012 de una iniciativa de Caballero para realizar un sondeo arqueológico en una finca de Alfacar donde el investigador consideraba posible la existencia de una fosa.

La recepción de Las trece últimas horas en la vida de García Lorca muestra, en ese sentido, la dificultad de separar los hallazgos documentales de las interpretaciones históricas. La reseña de Francisco Abad Nebot calificó la obra como una aportación importante al estudio de Lorca, pero registró también como hipótesis las explicaciones que Caballero ofrecía sobre las motivaciones del asesinato.

El valor de la investigación reside así tanto en los documentos que incorpora como en las preguntas que plantea sobre la relación entre violencia política, intereses locales y venganzas privadas.

Las voces que han estudiado el caso coinciden, por encima de sus discrepancias, en la necesidad de distinguir entre aquello que puede documentarse y aquello que pertenece a la tradición oral o a la reconstrucción posterior.

Miguel Caballero ha defendido la primacía de los documentos frente a los testimonios orales que consideraba poco fiables. En una entrevista difundida por RTVE durante la publicación original del libro, el investigador explicó que había trabajado durante años con documentación inédita y archivos granadinos para reconstruir el episodio.

También la propia controversia sobre la responsabilidad de Velasco Simarro muestra cómo se ha transformado la historiografía del asesinato. Una investigación publicada en La Aventura de la Historia en 2011 señalaba que Caballero había situado al teniente coronel de la Guardia Civil como una figura clave en la orden de traslado del poeta.

La misma reconstrucción lo vinculaba con las complejas rivalidades familiares y políticas de la Granada de 1936, aunque la atribución de responsabilidades no puede presentarse como una verdad historiográfica definitivamente cerrada.

Noventa años después, la muerte de Lorca conserva una fuerza simbólica que excede cualquier reconstrucción policial o militar de sus últimas horas. Su asesinato convirtió al autor de Romancero gitano, Poeta en Nueva York y La casa de Bernarda Alba en una figura inseparable de la memoria de la violencia política española.

Al mismo tiempo, su obra continuó creciendo después de su muerte, hasta convertirse en uno de los patrimonios literarios españoles de mayor difusión internacional. La conmemoración de 2026 vuelve a mostrar esa doble condición: Lorca es simultáneamente un escritor vivo en la cultura contemporánea y una víctima cuya muerte permanece históricamente abierta en algunos de sus detalles.

La reedición de Las trece últimas horas en la vida de García Lorca devuelve, por tanto, a la discusión pública una investigación que no elimina el misterio, sino que lo delimita. Su aportación más duradera consiste en haber intentado convertir una muerte rodeada de silencios, rumores y apropiaciones políticas en un problema susceptible de ser examinado mediante documentos, nombres y secuencias cronológicas.

A las puertas del 90 aniversario, la diferencia entre memoria, interpretación y hecho histórico vuelve a ocupar un lugar central en la reconstrucción de las últimas horas de Federico García Lorca.

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