"En México no hay memoria": la batalla que Guillermo Arriaga libró hasta el final
A cien años de su nacimiento, el legado de Guillermo Arriaga también recuerda la lucha de un creador que, pese a su prestigio, enfrentó la falta de apoyo para preservar y difundir la danza mexicana.

Guillermo Arriaga (1926-2014) fue un gran artista. Con su coreografía "Zapata" no solo alcanzó el éxito, sino que dejó una huella imborrable en la historia de la danza mexicana. Recientemente, el centenario de su nacimiento fue celebrado con diversos homenajes.
En una entrevista que le realicé en 1993, Arriaga, con la lucidez que siempre lo caracterizó, me habló del enojo que sentía porque su obra, considerada un parteaguas en la danza nacional, era interpretada por numerosos grupos sin que él recibiera regalías por ello.
Afortunadamente, en 1999 obtuvo el Premio Nacional de Ciencias y Artes, además de una beca como artista emérito del Fonca. Ese respaldo económico le permitió salir adelante, aunque lo que realmente deseaba era seguir creando. Sin embargo, no encontraba financiamiento para hacer realidad sus proyectos.
El sueño de una compañía propia
Con la tenacidad que lo distinguía, en 2007 fundó la Compañía Mexicana de Danza Contemporánea, cuyo objetivo era "el rescate, la reposición y la documentación de las obras más relevantes de la danza mexicana, así como la creación de nuevas propuestas dentro de la misma estética, donde confluyen los más importantes compositores, artistas plásticos, escritores y coreógrafos".
Para su sorpresa, poco después se anunció que el INBA planeaba crear una nueva compañía con objetivos similares, situación que le causó un profundo descontento.
Su agrupación era codirigida por Rodrigo González, hoy codirector de La Infinita Compañía. A pesar de no contar con apoyos económicos, lograron realizar giras por Japón y Uzbekistán, además de ofrecer una breve temporada en el Teatro Jiménez Rueda y presentaciones en Nayarit y Jalisco.
Crear sin recursos
Nadie recibía un salario. Los 10 o 12 bailarines eran, como él mismo decía, "prestados" por el Ballet Independiente, el Taller Coreográfico de la UNAM y la Compañía Nacional de Danza del INBA.
Cuando le pregunté cómo era formar parte del movimiento independiente, respondió con la franqueza que lo caracterizaba:
Están duros los chicotazos... Tengo un chorro de premios, pero realmente vivo del Premio Nacional. Tengo ganas de vivir y salir adelante. Eso sí, nuestra oficina está en mi departamento, en la segunda recámara. Todo me cuesta a mí: la computadora, la impresora, la tinta, la papelería; todo lo pago yo.
"En México no hay memoria"
Arriaga nunca logró consolidar el proyecto que tanto soñó. Cansado de tocar puertas sin encontrar respaldo, enfermó y finalmente tuvo que cancelar la iniciativa.
Durante un desayuno en su departamento, me compartió una reflexión que aún resuena por su vigencia: