José Ignacio Valenzuela entrega una historia que celebra la diversidad familiar
El escritor chileno aborda en “Mi casi casi mamá” temas incómodos para la literatura infantil desde la irreverencia y el gozo

Libros que se hacen cargo desde el humor, la irreverencia y el gozo de temas difíciles, incómodos, para la literatura infantil, como la muerte, la enfermedad, la soledad o el abandono materno.
Así define el escritor chileno José Ignacio Valenzuela la serie de novelas breves que comenzó hace diez años, integrada por “Mi abuela la loca”, “Mi tío Pachunga” y, ahora, “Mi casi casi mamá” (Alfaguara), ilustradas por el mexicano Patricio Betteo.
Me encanta meterme entre las patas de los caballos. Creo que se debe tratar a los niños con respeto y asumir su inteligencia. Cuando les vas a hablar de un tema difícil, debes ponerte a su misma altura, mirarlo a los ojos y explicar lo necesario.
Debemos abordar esas problemáticas y el humor es la mejor herramienta para hacerlo. Yo lo hago a través de personajes divertidos, excéntricos, sin que eso signifique que le estoy restando seriedad a los temas”, explica el narrador en entrevista.
El dramaturgo narra en “Mi casi casi mamá” la historia de Clara, una niña que vive sola con su padre, porque su madre los abandonó. “Un día, su papá llega a la casa con otra mujer, Luisa, que quiere ser su casi mamá. Su vida cambia y Luisa termina ganándose el corazón de la pequeña de una manera tan poderosa, que cambia de categoría a casi casi mamá”.

Confiesa que creó a Luisa como un personaje casi mítico. “Es una actriz, una mujer que es muchas mujeres; que puede cambiar de apariencia, interpretar distintos roles, subir a los escenarios. Lleva muchas pulseras en los brazos, que suenan como cascabeles; y lo más importante son sus turbantes de colores con soles, lunas y dragones. Además, es excesiva en su cariño, en sus amores, y nunca habla de su enfermedad”.
El guionista de televisión y cine agrega que, en contraposición, Clara, la casi hija, “es una niña reflexiva, callada, que no la pasa bien en su casa ni en el colegio. Es frágil y sombría, pero evoluciona hacia la fortaleza, la valentía y la luz”.
Destaca que “me queda claro que el que cría es el que debe llevar el título de madre o padre; la sangre no hace mucho, más que compartir genes y ADN. Pero el que le baja la fiebre a medianoche, el que cocina para el niño o la niña, el que seca sus lágrimas, el que los lleva al colegio, es el que debe llevar ese título”.
Añade que estas historias son una forma de reivindicar a las familias diversas. “Yo soy gay, estoy casado con un hombre y tengo una hija. Mi familia ha estado siempre cuestionada, ha estado a un paso de ser disuelta. Me costó la vida conseguir que mi familia fuera reconocida legalmente. Y en ella no pasa nada distinto que en la familia de mis papás”.

El autor de “Un día con papá y dada” acepta que “uso mi propia vida, mi familia, mis cuestionamientos, para hacer historias. Todos los días me pregunto si soy un casi papá o un casi casi papá. Pero hago las paces con estos temas escribiendo”.
Comenta que los tres libros de la serie poseen la misma estructura. “Un adulto excéntrico, llamativo, y una niña o niño que atraviesa por una situación difícil o complicada. Y en la relación que establece entre ambos se van cambiando la vida”.
Los títulos buscan “darles fortaleza a los niños, permitirles ser creativos, imaginar. Invitar a reflexionar a los padres que no deben ofrecerles todo, que deben enseñarles a escucharse a sí mismos, para que no se encapsulen en estímulos ajenos, celulares, pantallas. Esa es una buena manera de educar.
“La gran enseñanza de Luisa es que, al decir ‘¡Luces, cámara, acción!’, el mundo real deja de existir y se acciona la fantasía. Le regala a Clara esa magia para que la niña pueda transformar la cotidianidad de su vida en algo extraordinario; y aprenda a lidiar con los problemas de la mejor manera”, concluye.

Valenzuela pretende “conformar un árbol genealógico excéntrico con más títulos. Hoy en día, las familias se arman y se desarman en función del bienestar de los seres humanos. Ya no existen sólo la familia de papás, niños y perrito. Pueden ser dos papás o dos mamás con un hijo o hija. Incluso dos hermanos solos son familia. La diversidad ahora es mayoría”.