Efectos personales, de Marina Mariasch, una novela sobre la pérdida, el duelo y la memoria
Descubre 'Efectos personales', de Marina Mariasch, una novela valiente sobre el duelo. Lee la entrevista en Excélsior

En su cumpleaños, una madre discute con su hija mayor por unos saquitos de té. La hija se va de la casa pegando un portazo, pero será la última vez que se ven. Días después, la madre se arroja al vacío desde el cuarto de un hotel. Así inicia Efectos personales, la novela más reciente de la escritora argentina Marina Mariasch (Buenos Aires, 1973).
El punto de partida es una escena muy trágica y no estamos arruinando ningún suspenso, porque está contado desde el primer capítulo. Es un evento que ocurre en el seno de una familia, ocurre de manera sorpresiva e irrumpe diciéndonos que este tipo de cosas le pueden ocurrir a cualquiera”, comenta Mariasch en entrevista con Excélsior.
Las causas y las consecuencias de un hecho así son difíciles de explicar, acepta la también poeta, porque casi siempre se requieren respuestas múltiples. Pese a todo, en esta novela —que también se puede leer como un ensayo autobiográfico— “me resultaba interesante ver qué efectos había tenido ese acontecimiento en las personas que estaban alrededor del hecho, tanto la familia, los seres queridos y todas aquellas personas cercanas.

Y, en ese sentido, me puse a hacer una especie de pesquisa al estilo casi investigativo de una novela policial, haciendo una especie de interrogatorios a quienes estuvieron cerca (del personaje) para que todos dieran su testimonio, porque esto es así, son relatos de lo que se fue viviendo y hay diferentes puntos de vista”, advierte.
El estigma del suicidio a través de la historia
¿En su libro también evoca cómo es que los suicidas eran percibidos en la antigüedad?, se le pregunta a Mariasch.
Sí, yo me puse a investigar cómo fue pensado y percibido el tema del suicidio a lo largo de los años y de las culturas. Y, por ejemplo, en la antigüedad ocurría que los cuerpos de los suicidas se enterraban en los cruces de los caminos para que sus almas se perdieran, porque eran consideradas almas en pena.
“El suicidio es un pecado en varias religiones, porque es negarse a lo más preciado: la vida y, en ese sentido, hay una especie de rechazo a enterrar a los suicidas de manera habitual. Fue así como me enteré de que no se le podía enterrar en la cripta familiar (al personaje), no se le permitía. Al final conseguimos que el cementerio la aceptara, pero fue enterrada junto a un muro, a un costado, marginalmente”, expone.

¿Aún existe un rechazo a esa muerte por cuenta propia? “Aquí hago un paréntesis. Ustedes, en México, tienen un tratamiento de la muerte muy especial y admirable, como el Día de Muertos, y los rituales alrededor de la muerte, ya sean dolorosos o alegres, ayudan a contener las emociones, a acompañar los duelos y, en caso de no poder hacerlo o no realizarlos como corresponde… hay alguien que interrumpe tu vida y te deja un poco desamparado.
Entonces, más allá de los rituales, dentro de los religiosos, sí creo que hay mucho temor y tabú alrededor de este tema en la sociedad. De hecho, está prohibido o baneado en redes sociales, es decir, es un tema que todavía tiene muchísimo peso socialmente”, afirma.
Por esa razón, en el caso personal que originó la novela Efectos personales fue un desafío, afirma. “Por un lado, no quería ponerlo como algo personal o individual, sino llevarlo a lo colectivo, que es algo de lo que ha hablado la escritora francesa Annie Ernaux.

La literatura como tabla de salvación
¿El tema del suicidio siempre ha bordeado la literatura? “Los escritores suicidas son muchísimos. Aquí en Argentina tenemos dos escritoras emblemáticas: Alfonsina Storni y Alejandra Pizarnik, que son nuestros faros de la poesía y ambas se quitaron la vida por mano propia.
“Hay una anécdota muy conocida: cuando el padre de Cristina Peri Rossi —de quien también me encanta su poesía—, cuando ella le dice al padre que se quiere dedicar a las letras y él le responde: ‘Vas a terminar como todas las escritoras, cometiendo un suicidio’, y ella reflexiona sobre eso. Y, por otro lado, también está la tensión entre si la literatura te lleva a enloquecer, al suicidio o si te salva, como en el caso de Anne Sexton, cuyo psiquiatra le sugirió escribir como una tabla de salvación, como un modo de sublimación, podríamos decir”.
¿Es un tema constante de nuestro tiempo? “Lamentablemente, es un problema que afecta a toda la población, sobre todo porque el mundo o la vida pueden ser bastante hostiles. En este momento el mundo está siendo bastante hostil”, concluye.

Marina Mariasch ha escrito otras novelas, como El matrimonio (2011) y Estamos unidas (2015), recopiló su poesía en “Paz o amor” (2014).