David Toscana: “El lector no debe ser un espectador, sino dialogar con el texto”
El escritor regiomontano reivindica una literatura que demande participación y reflexión, llama a acercarse a los clásicos y cuestiona la idea de que México pueda convertirse en un “país de lectores”.

“A mis lectores no les pido más que sensibilidad. Lo que más busco es a ese lector inteligente que entienda los juegos que están detrás de lo que cuento. Hay una idea y muchas reflexiones en cada página”, afirma el escritor regio David Toscana (1961).
El novelista y cuentista está consciente de que “algunas personas quieren algo de fácil lectura. Pero creo que hay que pasar a una prosa donde el lector no sea un espectador, sino que tenga un diálogo constante con el texto”.
En entrevista, comenta que cuando le preguntan qué les diría a los jóvenes para que lean su obra, responde que les pide que no lo lean a él, que ambicionen ir a los clásicos y, después, lleguen a otros autores.
“Los lectores que vienen de los clásicos tienen capacidad para ese diálogo. Es importante esa formación, porque creces como lector. Quien sólo está en las redes nunca será lector, éste se crea con textos inteligentes. Los mensajes de 140 caracteres no sirven para pensar”, agrega.

Toscana, quien vive en Madrid, está en México para participar en distintas ferias del libro y encontrarse con sus lectores; además de presentar su novela más reciente, El ejército ciego, y entablar conversatorios con otros narradores.
Acaba de presentarse en la Filuni de la UNAM e irá a las ferias internacionales del libro de Monterrey en octubre, y Guadalajara en noviembre.
La lectura siempre ha sido para las minorías. Pero ahora, como somos democracia, es terrible decirlo. Lo siento, siempre ha sido así y lo sigue siendo. La fantasía de ‘El país de lectores’ no funciona.
“Esa minoría que lee 10, 20 o 50 libros al año es la que sostiene a las editoriales. Los promedios no sirven. La mayoría de las personas no abre un libro. La lectura es algo elitista. No es una palabra a la que debamos sacarle la vuelta o temerle, sólo habla de una minoría. Como la élite del deporte o de la música”, añade.

El ingeniero industrial dice que no le gusta llevar un texto preparado a sus presentaciones, sino que la conversación sea espontánea. “Lo único que lamento es que no nos dan una cerveza o un tequila, para que se suelte la lengua”, bromea.
El autor de El peso de vivir en la tierra indica que ha tomado este año como sabático y que comenzará en diciembre a pensar en una nueva novela.
“Voy a ordenar la cabeza, siempre con la duda de si vendrá un nuevo proyecto o no. Aún no exploro ideas. Puedo escribir en casi cualquier momento, condición, temperatura; pero, para trabajar, sí necesito silencio”, confiesa.
“Y sigo buscando lo mismo: hacer que el lenguaje no sea meramente el instrumento para contar la historia, sino algo protagónico”, concluye.