Cristina Garrido y Ana Bidart cuestionan el estatus de imágenes, objetos y registros
Las artistas visuales española y uruguaya exhiben las muestras “Los panteones del performance” y “En un estante, las termitas” en el Museo de Arte Carrillo Gil

“Busco cuestionar nuestra aproximación a las imágenes del arte”, explicó la artista visual española Cristina Garrido durante un recorrido por su exposición Los panteones del performance; que se exhibe desde ayer, al igual que En un estante, las termitas, de la uruguaya Ana Bidart, en el Museo de Arte Carrillo Gil.
Ambas propuestas, abiertas hasta el 27 de septiembre y el 11 de octubre, respectivamente, reflexionan sobre los procesos mediante los que se construyen, circulan e interpretan imágenes, objetos y registros dentro del arte contemporáneo.
Los panteones del performance, curada por Fabiola Iza, examina el papel de la fotografía en la construcción histórica del arte acción; a partir de una investigación en diversos archivos, se centra en la manera en que estos registros han sido traducidos, reproducidos e intervenidos, acumulando capas que transforman su estatuto.

A través de instalaciones, videos y dibujos, la muestra cuestiona las condiciones de visibilidad, las decisiones técnicas y las relaciones de poder que han permitido que ciertas imágenes se consoliden como iconos; mientras otras permanecen relegadas o marginadas dentro de los relatos del arte.
Es un trabajo de dos años. La idea es cuestionar cómo se vuelve icónica una imagen. Y las capas de autoría que terminan cristalizándose. Cómo circula una imagen, cómo cambia de medio. Se revisaron unos 300 dibujos”, comentó Iza.
Garrido detalló que se analizaron las fotografías de performances que artistas realizaron en museos del INBA y la UNAM entre 2009 y 2015. “Un elemento importante es pensar cuán artificiosa es una imagen, situarse dentro de ella. Son fotografías expandidas que se ven mejor cuando te tapas un ojo. Una parte requiere del movimiento de los espectadores”.
Por otro lado, En un estante, las termitas, bajo la curaduría de Laura Orozco, propone una intervención a los anaqueles de la librería del museo, estableciendo un diálogo entre la práctica de Bidart y este espacio.
A partir de huellas, rastros y gestos previos al lenguaje, esta propuesta desestabiliza las estructuras que organizan el conocimiento, prestando atención a los gestos sutiles para plantear nuevas formas de relación entre lo artístico y lo editorial.
Se hizo una relectura de los libros del acervo. Siete fueron interpretados. Lo que se queda afuera del objeto visible es lo que vemos en las pinturas y dibujos de Ana. Ella recrea el paso de esos organismos que habitan en las librerías y los estantes.
“Los pensamos como si fueran manchas, pasan inadvertidos; pero Ana los ve como una especie de lenguaje que no se concreta y que vive dentro de lo visual y el lenguaje escrito”, agregó Orozco.