Microbuses en vías de extinción
Las unidades ha rebasado su vida útil de 10 años y el costo de operación es alto, por lo que se busca sustituirlas por autobuses más eficientes en la combustión interna o eléctricos

Los microbuses en la Ciudad de México son una modalidad de transporte que, aunque se han resistido, ya está en proceso de extinción.
El auge de estas unidades fue en la década de los 90 luego de sustituir a las combis que, hasta entonces, eran las encargadas del transporte colectivo concesionado en la capital, principalmente.
Para 2007, la mayoría de los microbuses ya habían sobrepasado su vida útil de 10 años, como marca la ley.
Ese año, la otrora Secretaría de Transportes y Vialidad (Setravi), hoy Secretaría de Movilidad (Semovi), anunció que comenzaría la sustitución de 28 mil micros por autobuses urbanos.
De acuerdo con datos oficiales, en 2020, se estimaba que aún circulaban cinco mil 900 microbuses con más de 20 años de antigüedad.
De ese total, al corte de 2023, ya se habían sustituido mil 751 microbuses.
La Semovi proyecta que al cierre de la actual administración se alcancen las dos mil 600 unidades sustituidas por vehículos más eficientes en la combustión interna o eléctricos, como los trolebuses.
Pero los microbuses están destinados a su extinción, no sólo por su antigüedad, sino porque su modelo de negocio ya no es redituable para sus dueños.
GANANCIAS BAJAS
Datos del Gobierno de la Ciudad de México indican que el rango mensual más bajo de dinero recolectado por cada microbús asciende a 41 mil pesos, pero a eso se le debe descontar el costo de operación, que asciende a 30 mil pesos.
Por lo que los operadores tendrían unos 11 mil pesos para sostener a su familia y enfrentar otros gastos.
Considerando estos elementos, se estima que alrededor de 70% de sus ingresos se destina a cubrir los costos de operación y mantenimiento, dejando aproximadamente 30% como ganancia disponible para la manutención de sus hogares y otros gastos a cubrir”, se indicó en un aviso publicado en la Gaceta Oficial para dar a conocer el programa de sustitución de microbuses por trolebuses para la ampliación de la Línea 10.
El análisis destaca que los microbuseros no cuentan con solvencia financiera, por lo que se les dificulta obtener créditos para renovar sus unidades y explotar más eficientemente el servicio.
Lo anterior significa que los concesionarios se enfrentan a un panorama donde el costo de sustituir una unidad obsoleta por una moderna supera su capacidad de pago.
Los concesionarios, al ser considerados sujetos de crédito de alto riesgo, son obligados a cumplir con requisitos adicionales, como: aval de tipo inmueble, enganches elevados con relación al costo total de la unidad y pago de altas tasas de interés”, señala la publicación.
De tal forma que “el costo de la unidad nueva puede llegar a duplicarse, dependiendo del tiempo y condiciones del crédito adquirido; lo que a su vez incrementa el riesgo de los concesionarios de incurrir en el incumplimiento de la obligación adquirida”.
DE MICROBUSEROS A EMPRESARIOS
Ése es uno de los motivos por los que el programa de sustitución de microbuses en la ciudad ya lleva unos 20 años y no termina.
El contexto financiero adverso al que se enfrentan los concesionarios es un impedimento para cumplir con la sustitución de las unidades con 10 o más años de antigüedad por unidades modernas”, se acotó.
Ante el panorama precario, las autoridades buscan que los microbuseros se transformen en empresarios que operen diferentes servicios de transporte como proyectos de Trolebús, Metrobús, corredores de transporte o los llamados Servicios Zonales.
El servicio ofrece una solución a la competencia por pasaje, ya que operará bajo un recaudo centralizado donde las ganancias y las pérdidas se comparten entre los miembros de las empresas.
Lo anterior terminará con los hábitos de conducción peligrosos causados por la competencia por los usuarios, asimismo, traerá estabilidad financiera a las personas concesionarias”, detalla la publicación en la Gaceta Oficial.
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