Las lecciones de la intervención en Venezuela

La dictadura sigue en pie a través de Delcy Rodríguez, exvicepresidente convertida en “presidente encargada”, y el infame Diosdado Cabello, ministro del Poder Popular de Relaciones Interiores, Justicia y Paz. El país sigue controlado por las milicias armadas y el ejército que sostiene a la dictadura de la que son parte. Ninguno de ellos quiere perder sus privilegios...

Han pasado 23 días desde que el ejército de Estados Unidos capturó en Caracas al dictador Nicolás Maduro y a su esposa Cilia. La legalidad de dicha acción es prácticamente nula, pero esto poco importó a la mayoría de los venezolanos dentro y fuera de su país, que festejaron jubilosamente lo que, creían, iba a ser el fin de la dictadura que comenzó con Hugo Chávez hace más de 25 años.

Desafortunadamente, la esperanza de un cambio de régimen y una transición hacia la democracia no se ve cercana. Con su cinismo característico, Trump se ha apropiado prácticamente de Venezuela —por lo menos de su petróleo y sus recursos— bajo la excusa de que, cuando Hugo Chávez nacionalizó la industria energética, le robó miles de millones de dólares a las compañías petroleras norteamericanas. La dictadura sigue en pie a través de Delcy Rodríguez, exvicepresidente convertida en “presidente encargada”, y el infame Diosdado Cabello, ministro del Poder Popular de Relaciones Interiores, Justicia y Paz. El país sigue controlado por las milicias armadas y el ejército que sostiene a la dictadura de la que son parte. Ninguno de ellos quiere perder sus privilegios y les importa un bledo el pueblo venezolano, sólo tienen un nuevo amo que les ha permitido seguir en la impunidad.

A Maduro se le ofreció un exilio conservando muchos privilegios, mismos que rechazó, todo esto a la par de que fuerzas especiales norteamericanas llevaban meses preparando la incursión, ensayando en campos de entrenamiento donde replicaron las instalaciones presidenciales, conociendo las rutinas y a los elementos de los equipos de seguridad venezolanos y cubanos (lo cual siempre se había negado) que protegían al dictador. Pero las negociaciones también iban en paralelo con Delcy y Diosdado para que se cuadraran ante Trump si su jefe caía; incluso les permitieron dar sus discursos donde “exigen el regreso de Maduro”, cuando en realidad sólo están protegiendo sus intereses y rescatando lo que sea posible de sus privilegios; muchos traidores son pragmáticos para reconocer que es la única forma de evitar su caída. 

Mientras tanto, Trump mostró su rencor por no haber ganado el Premio Nobel de la Paz amenazando al gobierno Noruego, junto a Dinamarca, Groenlandia, Europa y la OTAN, mientras le ha cerrado las puertas a María Corina Machado, Edmundo González y a la democracia entera (aunque bien que se regodeó cuando Machado le regaló la medalla que recibió en Oslo).

En los últimos días, la presión norteamericana al gobierno de México está creciendo. En nuestro caso, Estados Unidos declara que México está controlado por los cárteles declarados terroristas y el gobierno de Claudia Sheinbaum tiene miedo. Entre los ámbitos políticos corren rumores de que la entrega de narcotraficantes presos en cárceles mexicanas no es suficiente; se pide la entrega de políticos y autoridades coludidos con los delincuentes en diferentes frentes.

Al igual que cuando se cerró el espacio aéreo en el Caribe hace un mes, Estados Unidos advirtió el 16 de enero a las aerolíneas comerciales sobre el riesgo de acciones militares en espacio aéreo del pacífico mexicano y centroamericano. El sobrevuelo de drones en el norte, occidente y sur de México, así como el retiro de visas a varios políticos de Morena tienen nerviosos a más de uno. Trump necesita distraer la atención de los archivos Epstein, donde es mencionado múltiples veces; atacar instalaciones criminales en México le puede parecer una buena opción al pensar que, si pierde el Congreso en las elecciones en noviembre, su presidencia podría ser incriminada nuevamente.

Sinceramente, creo que los problemas de México tienen que ser resueltos solamente por los mexicanos y, si es necesario, pidiendo ayuda a sus aliados y vecinos, siempre bajo el mandato de la Constitución mexicana. La Presidenta tiene lastres muy pesados heredados por su predecesor en el Congreso, su gabinete y su partido. ¿Será tan pragmática como para permitir la captura de las piedras en su zapato mientras se arropa en la bandera de la soberanía, aumentando su popularidad? Porque Estados Unidos no le va a pedir permiso.