Álvaro Augusto Pérez Juárez, cosecha cultura de esfuerzo
El presidente del Tribunal Superior de Justicia capitalino es hombre de discurso elaborado, como buen jurista; educado en instituciones públicas, destaca su orgullo por ser “gente de provincia”

CIUDAD DE MÉXICO.
Con 28 años de carrera judicial en su currículum, Álvaro Augusto Pérez Juárez no puede borrar de su mente los paisajes y vivencias de niño al pie de los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl, en el municipio de Amecameca, en el Estado de México, de donde es originario.
Tampoco olvida sus juegos con un aro metálico guiado por una varilla, ni presumir que era bueno en las canicas.
“Recuerdo unos volcanes siempre nevados, cosa que ahora difícilmente acontece. Recuerdo de mi niñez que me salía a jugar futbol en el callejón de mi cuadra, yo vivía en avenida Hidalgo, esquina con Cruz Verde y allí había un callejón de esos de cualquier pueblo, de cualquier población, un callejón de tierra; junto, a unas dos cuadras, existía un arroyo, un río le llamábamos, pero realmente era un riachuelo, esa es la palabra que ahora utilizaría, que todavía tenía agua corriente y limpia. Nosotros íbamos a jugar al río también, había mucho pasto”, detalla el magistrado.
Se define como un hombre de pueblo que, a través de la cultura del esfuerzo, ha logrado alcanzar la presidencia del Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad de México (TSJCDMX).
Su educación básica y media superior la hizo en instituciones públicas, y al llegar al entonces Distrito Federal cursó la licenciatura en Derecho, donde obtuvo Mención Honorífica, en la Universidad Iberoamericana.
“Siempre he dicho que soy gente de pueblo, de provincia y estoy orgulloso de eso. Toda mi educación fue en escuelas públicas, hasta la preparatoria. En Amecameca no había una unidad académica profesional o las famosas FES. Posiblemente hubiera podido estudiar en la universidad pública”, recuerda.
Su tesis de licenciatura llevó por título: El Proceso Contencioso Administrativo en el nuevo Código Fiscal de la Federación y su aporte fue un estudio de aquel nuevo proceso fiscal, como beneficio a la sociedad.
Es un hombre de discurso elaborado, estructurado, como buen jurista, pero tampoco niega su fascinación por los tlacoyos, las tortillas, las quesadillas, las carnitas, la barbacoa..., esos placeres prohibidos en cualquier dieta equilibrada.
Además de la comida mexicana, otra de sus fascinaciones es volar helicópteros de control remoto. Admite que tiene una colección de cinco y que, desde niño, tuvo ese sueño y para él esa “magia” se ha cumplido.
“Con este hobby tengo como unos 10 años, tal vez menos, como unos ocho años. Surge porque de pequeño no existía, y esto debo decirlo abiertamente, lo radiocontrol era muy caro, eran prohibitivos y solamente los aficionados los construían, eran juegos de élite”, señala.
“No eran accesibles, después se han ido abaratando y ahora ya consigues un buen helicóptero eléctrico por un precio razonable, me gustaban los cochecitos, para mí era magia el radiocontrol”, comenta emocionado, frente a una mesa donde se encuentran a manera de baraja un sinfín de documentos.
Es un hombre de familia, casado desde hace 36 años, con tres hijos, dos varones y una mujer, tres nietos, además de dos hermanas, él es el mayor, pero su más grande gozo familiar es poder acreditar que todavía tiene mamá.
Dice que su madre se siente orgullosa de él por los logros que ha alcanzado, pero su trato sigue siendo el de una mamá que dirige. Ella es “un regalo de Dios”.
Pérez Juárez dice que su hijo mayor, de 35 años, es quien ha seguido sus pasos, ya que es licenciado en Derecho, otro estudió administración y su única hija también es administradora, pero en hotelería.
El pasado 11 de junio cumplió años. Pero para el presidente del Tribunal Superior de Justicia de la capital, los onomásticos son un día más.
“Normalmente no hay más que un festejo muy sencillo, todos los años y en todos los cumpleaños de toda nuestra familia, lo que hacemos es una cena familiar o una merienda familiar eso venimos haciendo. Salvo cuando es cumpleaños de mi esposa, tenemos que salir a cenar algo más formal, más romántico, pero eso es en cuanto a ella y yo, ya en el aspecto familiar llegan los hijos y todos nos sentamos alrededor de la mesa”, agrega que este rito se repite con todos los integrantes de la familia.
La tranquilidad de estos eventos también se puede modificar por su gusto, no sólo a la música clásica que ahora escucha en su oficina, sino que también es amante del baile, dice que a la fiesta que llega se convierte en un “trompo bailador”.
Su melomanía es versátil y se extiende a los Bee Gees, Donna Sumer, Durán Durán pasando por Siboney, y a su mente viene la canción Amor Ilimitado, de Barry White.
Especialista familiar
Álvaro Pérez Juárez es especialista en la materia Civil y Familiar, dentro del órgano judicial capitalino, pero también le gusta mucho la materia Constitucional y la materia de Amparo.
Tiene una doble especialidad en amparo otorgado por la Universidad Panamericana y otra en la misma materia por el Instituto Mexicano del Amparo.
Recientemente cursó otra especialidad en Derecho Procesal Civil y Mercantil, también por la Universidad Panamericana y por la Universidad Autónoma de Barcelona, organizado en conjunto con el TSJCDMX una maestría en Derecho Civil y Familiar, y otra por la Universidad Tepantlato.
Su afición por uno de los equipos en declive del futbol mexicano lo delata. Es hincha del Cruz Azul, y al cuestionarle, su respuesta es inmediata:
“También hay que tener altruismo, también hay que saber sacrificarse por el otro”, indica sin contener la risa.
Como si se tratara de fundamentar un fallo judicial, el titular del TSJCDMX defiende su afición, ya que dice que si la liga mexicana fuera como en España, donde se gana por más puntos, otra cosa sería la cara de su equipo albiazul. Admite que éste ha estado como súper líder, pero al definir, se queda como eterno campeón sin corona, fundamenta.
Su gestión
Pérez Juárez, ha sido definido como el presidente magistrado de la continuidad a la gestión de Edgar Elías Azar, dentro del pleno de sus 71 pares, se dice que, al igual que otros, su antecesor lo nombró y ha sido parte fundamental en su ascenso.
No obstante, por mayoría, ganó ese cargo hace más de dos meses, aunque también reconoce su amistad y, por supuesto, el trabajo de Edgar Elías Azar.
“Sí, sí tengo una relación de amistad con el anterior presidente, como tengo relación de amistad con todos mis compañeros magistrados, pero la responsabilidad a partir del 17 de abril de este año es exclusivamente mía, eso queda claro, la autonomía total, es porque es responsabilidad total, entonces tenemos que culminar lo que se tenga que culminar, pero también avanzaremos en nuestros proyectos que son importantes”, reiteró.
Señaló que “no visualizo al Tribunal solamente con edificios, el Tribunal yo lo visualizo como el lugar que puede o que permite, con las soluciones, la tranquilidad y la paz social; así yo visualizo al Tribunal, al servicio de las personas”.
Además sabe que vienen meses difíciles para cabildear un presupuesto, para un déficit que viene arrastrando el TSJDF desde hace más de cinco años y también una controversia constitucional ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que tiene que encabezar con todo su pleno.
Sabe también que ahí está en juego la autonomía del TSJCDMX, al emitirse la nueva Constitución de la Ciudad de México, ya que “ese puede convertirse en un dolor de cabeza”, dijo.
Dentro de las presiones diarias y jornadas extenuantes que inician después de las siete de la mañana, una de las cosas que más extraña es ir a caminar a la primera sección del Bosque de Chapultepec, incluso dice que se daba tiempo de llegar al castillo, para después ducharse en su casa y comenzar sus labores.
Ahora, con nostalgia, sólo lo señala desde el piso número 15 de su oficina central de la calle Río de la Plata en la colonia Cuauhtémoc.
Algunas de sus pasiones, son duda, el Bosque de Chapultepec y los volcanes de Amecameca.
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