Testimonios de la explosión Hospital Materno Infantil de Cuajimalpa
Minutos antes de que el nosocomio explotara, varias enfermeras alcanzaron a salir

Regresó a salvar a “sus pequeñitos”
CIUDAD DE MÉXICO, 30 de enero.- Minutos antes de que el Hospital Materno Infantil de Cuajimalpa explotara, varias enfermeras alcanzaron a salir.
Mónica Orta Ramírez, encargada del área de terapia intensiva, decidió regresar por seis de los ocho bebés prematuros a su cargo que continuaban ahí: quedó atrapada en el fuego que le provocó 80 por ciento de quemaduras en su cuerpo.
A sus 32 años, madre de tres niños (de ocho y siete y un año), Mónica fue trasladada de Cuajimalpa a urgencias de Balbuena, en un helicóptero Cóndor de la Secretaría de Seguridad Pública del DF.
Su familia la reconoció en la pantalla cuando vio que la llevaban en una camilla y hasta lograron identificaron sus sandalias crocs blancas, con las que siempre suele trabajar.
Desde hace tres años trabaja en ese hospital y muchos de los bebés que atiende, son tan pequeñitos, que apenas si le cabían en la palma de su mano, cuenta su mamá, María de Lourdes Ramírez, mientras intenta contener el llanto.
Cuando sus compañeros, le contaron la decisión de Mónica de ir a salvar a los bebés, de inmediato lo atribuyeron a su profesionalismo y al cariño que siempre ha demostrado por sus pequeños pacientes
Ahora su mamá, sólo le pide a Dios que su hija pueda regresar a lado de sus nietos que preguntan ¿cuándo llega?
Permaneció para ayudar a paciente
Apenas hace un mes se graduó como trabajador social. Llevaba siete años como camillero en el turno nocturno del Hospital Materno Infantil de Cuajimalpa.
De 27 años Jorge Luis Tinoco Muñoz estaba en la cúspide de la vida, y hoy se debate entre la vida y la muerte. No quiso abandonar el hospital porque estaba ayudando a una paciente, contó un colega.
Tras la explosión de ayer, 95 por ciento de su cuerpo resultó quemado. Tiene pérdida completa de la piel. Perdió un ojo y se fracturó un tobillo.
Desde Iztapalapa se trasladaba hasta Cuajimalpa a cubrir su guardia de la noche en el hospital en donde comenzó a trabajar a los 20 años para ayudarse con sus estudios a los que iba por la mañana.
Hijo único y soltero vivía con su mamá Sandra Irma, trabajadora del hospital Rubén Leñero al que llegó, así como con sus tíos. “Un muchacho muy tranquilo, sin vicios, muy trabajador”, describió su tío Jorge Alfonso. El 6 de enero, se atavió de Rey Mago para llevar sonrisas a niños con cáncer del hospital Pediátrico de Moctezuma.
El miércoles cubrió su turno para salir la mañana de ayer. Le decían Wailord por su robusta complexión, y traía en mente estudiar derecho en la UNAM. “Muy aplicado, de los pocos amigos que saca la cara por ti”, narró su amigo Jorge.
Horas de angustias buscando a su hijo
En cuanto escuchó la explosión, Cinthia Bolaños corrió desesperada desde su casa en el centro de Cuajimalpa, al Hospital Materno Infantil.
Se quedó pasamada. Su angustia creció cuando los médicos no supieron decirle si uno de los dos bebés con quemaduras de segundo y tercer grado era su hijo. No entendía el porqué. Mucho más tarde recordó que desde que quedó ingresado, tras su nacimiento prematuro hace un mes, no portaba brazalete de identificación.
Hacia mediodía ya había llamado a todos lados, recorrido hospitales, revisado las listas de Locatel en una zozobra creciente, hasta que alguien le dijo que al hospital ABC de Santa Fe habían llevado a la mayoría de los bebés.
Llegó angustiada al nosocomio. Todavía debió esperar un par de horas hasta que una enfermera la llevó a los cuneros e identificó a su pequeño.
Tras una prueba de ADN realizada en conjunto con la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal se determinó que, en efecto, uno de los seis bebés ahí internados era suyo, y que afortunadamente sólo tenía algunos golpes.