El cielo violeta de la Ciudad de México
La jacaranda, introducida en la época de Porfirio Díaz y consolidada por Tatsugoro Matsumoto, marca cada primavera el paisaje urbano de la Ciudad de México

Por Karla Paola
El apapacho cálido del ambiente. El cielo como una paleta de acuarelas, de un azul profundo ligeramente blanquecino; que los árboles casi logran esconder con sus ramas frondosas y hojas color jade. Los días han cambiado su ritmo y parecen durar un poco más. Aquella sábana lila que cubre las calles de la bella y única Ciudad de México sólo puede significar una cosa: la primavera ha llegado.
Raíces de una herencia
La llegada de esta planta a la CDMX ocurrió a finales del siglo XIX, durante la época porfiriana. Porfirio Díaz tenía la meta de modernizar y embellecer a México ante la mirada internacional, bajo el lema rector de su gobierno “Orden y Progreso”. Fue así como llegó el “afrancesamiento” al México porfirista, en un intento de copiar a la capital cultural del mundo de aquellos años. Los bulevares, glorietas, boutiques, jardineras y el estilo Art Nouveau y Art Decó fueron algunos de los aspectos que transformaron a la CDMX en una metrópoli.

Mientras se experimentaba este cambio cultural arraigado al naturalismo, sobre todo en los suelos capitalinos, el arquitecto paisajista y empresario japonés Tatsugoro Matsumoto llegó a México con el objetivo de encontrar a su padre, quien también se dedicaba a la jardinería. Una vez que Matsumoto dio con su padre, se convirtieron en los jardineros favoritos del gobierno, y en conjunto y por separado, sembraron su legado en recintos como El Palacio de Cristal, El Castillo de Chapultepec y El Bosque de Chapultepec.
Durante la presidencia de Álvaro Obregón, padre e hijo, propusieron sembrar árboles de jacarandas. El antecedente de esta idea probablemente surgió cuando el “padre del constitucionalismo” en Japón, Yukio Ozaki, donó árboles de cerezo en 1912 a Estados Unidos para plantarlos en Washington D.C. Así como los árboles de cerezo embellecen las urbes, los árboles de jacaranda lucen con su tonalidades violeta y lila. De este modo, inició el proyecto de las jacarandas en la CDMX, las cuales se adaptan mejor a las condiciones climatológicas de la zona.
Figura botánica de la jacaranda
Cada primavera en la Ciudad de México el violeta intenso de la jacaranda envuelve a los capitalinos, lo cual convierte al árbol en un ser vivo representativo de la ciudad, a pesar de no ser endémico de la zona.

Los árboles de jacarandas o jacarandá, que significa fragante en la lengua tupí, pueblo nativo sudamericano precolombino, son ejemplares de una altura de casi 20 metros con tronco y ramas torcidas. Existen 50 especies aceptadas de jacarandas, con ciertas diferencias una de la otra, sin embargo, la más conocida es la jacaranda mimosifolia, que se divide en grupos de flores de 25 centímetros, pétalos morados de 4 centímetros y frutos cafés circulares aplanados de 6 centímetros de diámetro.
Legado a la identidad urbana
Esta planta también ha cobrado un símbolo de resistencia y fuerza, en relación al movimiento femenista. El morado, un color que hoy más que nunca representa a las mujeres, que durante el movimiento sufragista lo utilizaban para representar la sangre de ellas mismas, tiene un origen trágico con el incendio de la fábrica textil Triangle Waist Co., en Nueva York.
Los relatos dicen que en aquella fábrica las trabajadoras, en su mayoría mujeres, tenían una jornada laboral dura que llegaba a la explotación, y un mal día un incendio se propagó dentro de las instalaciones. Durante el desastre muchas trabajadoras no pudieron desalojar su área de trabajo, debido a que se quedaron encerradas, con el fuego consumiendo todo a su paso. El humo que expedía el lugar era de color morado por todos los textiles que se almacenaban ahí.
A partir de esa calamitosa circunstancia el morado se ha arraigado a la difícil, la cual no debería de ser así, experiencia de ser mujer en un mundo que sistemáticamente nos pisa.

Cada 8 de marzo las mujeres y naturaleza alzan sus banderas moradas, movilizando al país entero con una lucha; una lucha que parte de las injusticias sociales que se viven día a día por una cuestión de género. Paseo de la Reforma, Bosque de Tlalpan y Chapultepec, Parque México y España, Ciudad Universitaria, La Alameda Central, Colonia Roma, Condesa y Polanco, Avenida Insurgentes, entre otros espacios; abren sus retoños para pintar todo a su paso y acompañan a cada mujer con su sutil aroma dulce, como la uva y la miel, cubriendo el suelo de una alfombra suave, flotando en el aire como recordatorio de lo efímero de la vida y gritando su presencia antes del silencio.
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