México fue a la Copa América de Estados Unidos a recuperar el prestigio perdido en Qatar 2022 y se topó con el desastre. Un solo gol en tres partidos, anotado en una raquítica victoria contra Jamaica, que no llevó a sus mejores futbolistas. México tampoco los llevó. Esta generación con los Orbelín, los Antuna, los Alexis, los Huerta y los Romo está destinada al fracaso. Es su sello. Dos torneos grandes consecutivos, la pasada Copa del Mundo y el de la Conmebol, en los que México se queda en la orilla.
Ni siquiera se puede decir que el Tricolor fue a competir a Estados Unidos 2024. Hace poco más de 30 años, ante el nombramiento del país de las barras y las estrellas como sede del Mundial de 1994, se decía, con temor, que la competencia en el vecino país del norte era la más cercana geográficamente, pero se percibía lejana dadas la desorganización y el desastre de los cachirules. Hoy no hace falta hacer trampa ni que a los jugadores les detecten clembuterol o la sustancia que sea. Hoy los futbolistas demuestran que son perfectamente incompetentes para vestir el uniforme de la Selección Nacional.
Anoche, contra Ecuador, no se veía por dónde. Jimmy Lozano ajustó, hizo los cambios y no pasó absolutamente nada. ¿Por qué? Porque de un tiempo a la fecha las convocatorias son vacaciones en nombre de un país que nada les debe a estos pobres diablos millonarios. La gente está harta de que los seleccionados jueguen pésimo y, de todas maneras, les llega íntegra su quincena y demás bonos, no por desempeño, sino por los negocios con los grandes patrocinadores. Seguramente pocas veces se ha visto en la historia que un producto tan malo genere tanto dinero.
Y ahí está el secreto. Mientras el Tricolor continúe facturando como hasta la fecha, todos los involucrados en esa fábrica de mentiras se curan con fajos de billetes. La afición paga.
Por lo pronto, en las mesas de análisis, esta selección ya compite con las peores de la historia. Compite con la de Argentina 1978, donde nos iba a ir de maravilla y apenas metimos las manos; con la del desastre para calificar al Mundial de España 1982, que no se calificó y, por supuesto, compite consigo misma a causa del ridículo de Qatar 2022.
Cuando el pésimo desempeño es tan evidente no se pueden sacar grandes conslusiones. Un penal a favor, bien anulado por el VAR, es visto como parte de un complot de la Conmebol.
Tampoco es que las mejores selecciones del mundo (Alemania, Argentina, Brasil, España) se extrañen de este resultado de México en el torneo continental. Para los mejores exponentes del mundo, el futbol en México sencillamente no existe, aunque sea un negociazo.
