De último segundo, unos heroicos Bills regresaron ante los Cuervos
Los Bills abrieron en casa con una victoria heroica su temporada en la NFL con un gol de campo de 32 yardas en el último segundo

La noche pintaba mal para los aficionados de los Bills que asistieron al Highmark Stadium. Los Cuervos tenían el control. Baltimore saltó al campo con la chispa de Derrick Henry, que anotó un touchdown que, con sus 30 yardas, no sólo impulsó el marcador, sino que lo elevó hasta el sexto lugar histórico en touchdowns por tierra de la NFL. Además, los Cuervos parecían haber encontrado su ritmo ideal, equipados con una ofensiva temible y una defensa que presiona.
El partido avanzó hacia su punto más dramático en el último cuarto. A pesar de que Baltimore lucía sólido, Búfalo no estaba dispuesto a permitir las caras largas de sus seguidores. Así, los Bills firmaron una remontada heroica. Tenían una desventaja de 15 puntos y cerraron con un sensacional gol de campo de 32 yardas de Matt Prater, cuando los segundos del reloj ya se consumían. Una victoria de 41‑40 para Búfalo ante unos Cuervos que pagaron factura por celebrar antes de tiempo.
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En medio de este drama se produjo un instante que quedó grabado en la memoria colectiva: tras una atrapada espectacular a una mano de DeAndre Hopkins, un fanático de los Bills, ataviado con camiseta de su equipo, golpeó el casco de Hopkins y luego a Lamar Jackson, que respondió empujándolo inmediatamente. Un recordatorio brusco de la tensión que puede vivirse en los márgenes del campo.
Cada pase, cada carrera, cada jugada del último cuarto reflejaba lo impredecible del futbol americano. Con Josh Allen al mando, conectando largos envíos de 32 yardas a Josh Palmer y 25 a Keon Coleman, los Bills hilvanaron una ofensiva letal que les permitió sellar el juego.
Fue de esas noches en que el guion se escribía sobre la marcha, y aunque los Cuervos habían dejado huella con sus figuras estelares, la noche se tiñó de azul y rojo.
Al sonar el silbato final, los aficionados de Búfalo estallaron de júbilo, mientras que en el equipo de Baltimore el silencio fue duro, pesado, espeso. Y sí: los Cuervos arrancaron con brío, pero relajaron los músculos.
La sentencia es la misma: nunca subestimar la fuerza de un rival con el espíritu suficiente para resistir y pelear hasta el último segundo.
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