Danilo Gallinari termina una aventura que inició en Milán
El alero italiano, que llegó a la NBA en 2008 y pasó por varios equipos, dice adiós a las duelas

Mike D’Antoni, en su calidad de coach de los Knicks de Nueva York, seleccionó a Danilo Gallinari, el hijo de su amigo Vittorio, en el draft de la NBA de 2008.
Vittorio Gallinari y D’Antoni fueron compañeros del Olimpia Milano de la Serie A de basquetbol y compartieron habitación en las giras durante las décadas de 1970 y 1980.
D'Antoni, la estrella del equipo, y Vittorio, conocido por ser un fuerte jugador defensivo, formaron parte de la exitosa era del club, en la que conquistaron varios títulos de liga y copas europeas, hoy conocida como la Euroliga.
El recuerdo viene a la mente hoy día, cuando Danilo Gallinari anunció que se retira de la NBA.
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Danilo, aquel chico larguirucho que creció entre balones sudados, videos de partidos del viejo Olimpia y relatos de camerino contados por su padre, no tardó en convertirse en una de las joyas del baloncesto europeo.

Formado en la escuela del mítico Milano, Gallinari heredó el instinto defensivo de Vittorio, pero lo mezcló con una facilidad casi poética para anotar desde cualquier punto de la duela. A los 18 años ya era un prospecto codiciado, un alero de dos metros capaz de manejar el balón como un escolta y de tirar con la suavidad de un veterano.
LLEGADA A LA NBA
De su último año en Italia salió cargado en hombros. Fue MVP de la Serie A en 2008, un reconocimiento que lo empujó de lleno hacia la NBA. Y ahí reapareció el puente invisible entre generaciones: el teléfono de Mike D’Antoni marcando a Nueva York el futuro de un apellido que él mismo había visto nacer.
Cuando los Knicks lo eligieron con la elección número 6, Gallinari aterrizó en Manhattan con la serenidad de quien ya ha vivido esa presión en los relatos de su padre. Su debut estuvo marcado por una lesión de espalda, pero pronto demostró su valía como un tirador letal, un competidor orgulloso, un europeo con alma de veterano NBA.
Pasó por Denver, Los Ángeles, Oklahoma City, Atlanta, siempre dejando la misma estela gracias a un tiro elegante y una inteligencia táctica.
Hoy, al anunciar su adiós definitivo de las duelas, Gallinari concluye una carrera entre grandes compañeros y rivales, pero también cierra un ciclo íntimo que inició cuando dos jugadores del mismo equipo vieron un futuro que estaban escribiendo para uno de sus hijos.
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