Cholitas bolivianas escalan con botas, crampones, casco y pollera
Elena Quispe y otras cuatro cholitas bolivianas se atrevieron a retar la cima del Aconcagua. Platica la más joven del grupo que un día abandonaron la cocina y quisieron descubrir qué había arriba de la montaña en la Huayna Potosí. Los maridos se burlaron y les respondieron: “pero suben con falda”

CIUDAD DE MÉXICO.
-Mi persona quiere subir a la montaña- soltó un día Elena, la más joven del grupo de aquellas cholitas.
-No vas a poder subir. Se te van a atorar las enaguas- le respondió un guía, acostumbrado a los accidentes en la montaña y extrañado que aquella joven de veintitantos años, de piel morena, menudita y proveniente de El Alto, La Paz, se atreviera a mirar hacia arriba.
Elena Quispe, Lidia Huayllas y otras cholitas bolivianas cocinaban para sus maridos y los turistas que los contrataban para subir la montaña. Preparaban el mate de coca, las tortillitas con papa y quinoa a las faldas del Huayna Potosí, cuya cumbre es de seis mil 88 metros. El papel de las mujeres con faldones y sombrero se delimitaba a preparar los alimentos para sus esposos guías y cargar mochilas de alpinistas extranjeros. Siempre a ras de la montaña.
Aquel comentario llegó a oídos de otros guías, quienes se burlaron de aquel atrevimiento. “Que suba, pero con pollera (falda)”, escupió uno de ellos. Y de broma en broma comenzaron a retar a que subieran las mujeres de todos ellos, a ver cuántas llegaban a la cima.
Aquello ocurrió en 2015. Subimos 16 y todas llegamos a la cima. Sí, todas con pollera y aguayo (rebozo)”, comenta Elena Quispe, la más joven de las cholitas escaladoras, cuya fama ha trascendido fronteras.
Los maridos volvieron a sorprenderse cuando sus cholitas pidieron seguir el juego. Ahora querían desafiar los seis mil 50 metros del volcán Acotango, ubicado en la frontera de Bolivia y Chile. El murmullo llegó a los pobladores más cercanos, quienes advirtieron que vendrían cosas malas si una mujer trepaba a la montaña. “Decían que era territorio prohibido para nosotras, que la montaña se iba a derretir. A desaparecer. Y más si nos atrevíamos con pollera. Subimos”, comenta Elena, vía telefónica, desde El Alto, La Paz.
Y ya encarreradas conquistaron el Parinacota (6,350 metros de altura) y el Pomarapi (6,650). Todo sucedió en 2015 y aquellas cholitas escaladoras comenzaron a recibir llamadas telefónicas de “lugares tan lejanos, donde hombres y mujeres hablan otros idiomas”.
Comenta Elena (Eli de la Montaña) que conocieron la leyenda de una mujer aimara llamada Virginia Siñani, quien en 1979 subió con pollera el Huayna Potosí y el Illimani, ésta última la cumbre más emblemática de Bolivia (6, 462 metros de altura). No lo pensaron dos veces. También la conquistaron.
Y, entre tantos extranjeros motivados por esta historia de escaladoras con enaguas, llegó un español que las entusiasmó a seguir soñando.
Un tal Jaime, español, llegó un día y nos preguntó que hasta dónde queríamos llegar. Le dijimos que queríamos subir a lo más alto de América. Entonces nos comentó que eso estaba en el Aconcagua y que se regresaría a España para buscar ayuda. Le respondimos que fuera, mientras nosotras soñaríamos con el Aconcagua”.
Se tardó un año.


* * *
Crampones, arnés, cascos, mochilas, cuerdas y cinco boletos de avión para volar hacia la parte argentina del Aconcagua fue lo que llevó el español Jaime en su regreso hacia territorio boliviano. “Sólo conseguí presupuesto para cinco”, comentó el europeo convertido en mecenas, por lo que Ana Lía González, Elena Quispe, Dora Magueño, Cecilia Llusco y Lidia Huayllas prepararon maletas rumbo a tierra prometida.
-No van a poder- les dijeron.
-Ya tenemos los boletos de avión.
-El clima las va a matar.
-Ya estamos acostumbradas.
-¿Van a subir con pollera?
-Las cinco.
Platica Elena Quispe: “queríamos conocer las estrellas del Aconcagua, sus noches y el color de su cielo. Nos dijeron que la punta de la montaña era más alta y que pocos llegan. A nosotras siempre nos dicen que no se puede, pero eso nos motivó más”.
Acostumbradas a cargar mochilas de turistas hasta con peso de 30 kilos, las cinco cholitas llegaron el pasado mes de enero a la ciudad de Mendoza, Argentina, con aguayos llenos de agua, chocolate, papa, verdura y mate de coca, “para evitar el cansancio y soportar el hambre”. No aceptaron las mochilas, porque “una mujer que usa pollera debe llevar las cosas en el aguayo”, explica Elena.
La que cuenta la historia llevó, además, una pelota para patearla en las faldas de la montaña y coronar la cumbre con el balón y los crampones. “En Plaza de Mulas (la falda del Aconcagua) duramos una semana para aclimatarnos. El primer campamento (Canadá/ 5,050 metros) lo subimos con calma y aprovechando poco viento”.
En el segundo campamento llamado Nido de Cóndores (5,570) tuvieron que quedarse dos noches por el mal clima, lo que aprovechó Elena Quispe para patear la pelota y dejarse tomar fotos con otros alpinistas. Llamaba la atención mirar a aquellas cinco cholitas escaladoras con cascos, cuerdas, crampones y largos faldones en todo momento.
En el tercer campamento denominado Cólera (5,970 metros) se aparecieron las cinco alpinistas, ya a poco menos de mil metros de la cima y las ganas de anunciarle a sus maridos y al mundo entero que habían cumplido su sueño.
Sólo llegamos Ana Lía González y mi persona”, confiesa Elena Quispe, corrigiendo a varios medios de comunicación que el 23 de enero de 2019 informaron erróneamente que las cinco cholitas habían conquistado el Aconcagua.
Una tuvo problemas para respirar y las otras dos simplemente se cansaron. Se regresaron al campamento Cólera a esperarnos”.
-¿QUÉ PASÓ CON ANA LÍA Y USTED?
-Alcanzamos la cumbre a las cuatro de la tarde. Brincamos juntas, nos abrazamos y botamos algunas lágrimas. La emoción y el cansancio te ganan. Te recuerdas de tu familia. Pusimos la bandera de Bolivia en la cima, con la pollera bien puesta. Nos abrazamos de nuevo y dijimos un Gracias a Dios.
-¿Algún mensaje del presidente Evo Morales?
-Esa tarde, después de bajar a la ciudad y reunirnos con las otras cholitas, nos enteramos que el presidente mandó un tuit. Decía: “Gracias, cinco hermanas que hicieron cumbre”. También comentaba que nos recibirían él y otras autoridades en el aeropuerto. Nadie fue por nosotras.

* * *
Presume Elena Quispe, de 22 años y la más joven de las escaladoras (Lidia Huayllas es la veterana con 50) que los sueños continúan. “El teléfono no para de sonar”.
También informa que en diciembre saldrá el documental de Las cholitas escaladoras de Bolivia y que extranjeros preparan material para publicar a manera de libro.
Después del Aconcagua ya no hemos tenido tiempo para cocinar, pero nuestros esposos nos apoyan y entrenan para un sueño más grande. ¿Cuál?, queremos subir al Everest. Soñaremos mientras mandamos una carta al gobierno para solicitar apoyo, pues el costo por cada cholita para ir al Everest es de 80 mil euros. Soñaremos porque seamos más de cinco, pues hasta mujeres de otros países nos han escrito para unirse al grupo y escalar juntas. Nosotros les decimos que tienen que subir con pollera. Soñaremos porque también nos dejen ser guías de turistas en Bolivia y ganar los 50 dólares que cobran nuestros maridos”.
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