La disputa entre escaños: exhibir o proteger al aliado

Los escaños donde hoy anida el núcleo del poder morenista en el Senado fueron escenario de una disputa política soterrada en el interior de la bancada de Morena, porque el dilema que vivían los morenistas no se verbalizó, pero sí se vivió: proteger o exhibir a su aliado histórico, el PT, por su rechazo al adelanto de la revocación de mandato y a la autorización para una campaña presidencial en medio de las elecciones federales y estatales del próximo año.

La historia fue breve, pero intensa. Estuvo a la vista, incluso a través de la señal del Canal del Congreso.

Después de varios días de pláticas en la Secretaría de Gobernación, el Partido del Trabajo mantuvo su posición en contra de la modificación de los tiempos de la revocación de mandato y la indicación inicial fue que se diera el tiempo necesario, porque no había posibilidad de convencerlos. Por eso, en el Senado, el 23 de marzo se anunció que no había fecha para la sesión de comisiones unidas, con el objetivo de aprobar el llamado Plan B.

Pero la noche de ese 23 de marzo hubo reunión de los coordinadores morenistas, Ignacio Mier, del Senado, y Ricardo Monreal, de la Cámara de Diputados, con la Presidenta de la República y ahí salió la petición de que el Senado fuera a la votación, aunque no se aprobara el cambio a la revocación.

El 24 de marzo sesionaron las comisiones unidas. Alrededor de las 14:00 horas, Adán Augusto López Hernández salió de su ostracismo, luego de que dejó la coordinación de la bancada de senadores de Morena el 1 de febrero, y se acercó a un diálogo que el ahora coordinador, Ignacio Mier, sostenía con Javier Corral, justo durante la sesión de las comisiones unidas.

Adán movía mucho las manos, mientras hablaba. Después se fue con Mier hacia la salida del salón y minutos después apareció en el salón de plenos del Senado. Las panistas Gina Campuzano y Lilly Téllez captaron el momento en que Adán Augusto hablaba con el líder del PT, Alberto Anaya, quien con su clásica actitud serena, sólo lo escuchaba y, en un breve instante, sonrió.

¿Qué hace Adán hablando con Anaya?, ¿acaso será el coordinador de facto?, fueron las preguntas en los escaños de la oposición.

Al otro día, con el visto bueno presidencial, Ignacio Mier acordó con Alberto Anaya la votación diferenciada. Aprobar en lo general y rechazar en lo particular el cambio a la revocación. Y se decidió que se usara el clásico proceso de mano alzada para que se aceptara por todos la propuesta del PT de rechazar el cambio al 35 constitucional. Comentó con algunos de sus compañeros morenistas que había que cuidar al PT, porque era aliado.

Pero Adán Augusto dijo que eso era imposible. Que se debía abrir el tablero de votaciones y se debía verificar la votación. Eso sacudió el ánimo.

Por eso Ignacio Mier pidió al doctor Arturo Garita, secretario general de Servicios Parlamentarios y el más conocedor del derecho parlamentario, que le explicara a Adán Augusto que no era necesario abrir el tablero electrónico. Durante varios minutos pudo verse ese núcleo de líderes morenistas, verdes y del PT, alrededor del doctor Garita, quien les explicaba a detalle el proceso legislativo.

Adán hablaba con algunos de sus compañeros y regresaba al “debate” con Garita. Él deseaba abrir el tablero de votación e Ignacio Mier no. La insistencia de Adán Augusto hizo pensar al PT que Morena iba a romper el acuerdo. Por eso Mier salió a la prensa a decir que no se iba a incluir el tema de la revocación.

Al final se impuso el orden del proceso legislativo y no se abrió el tablero electrónico, porque en una votación en lo particular sólo se abre si se solicita, de manera expresa, por al menos cinco senadores y éste no fue el caso.

Y Adán Augusto tuvo que guardar sus ímpetus de revivir sus tiempos de coordinador, cuando usaba el tablero electrónico para advertir a los senadores morenistas que no podían disentir de la línea oficial, porque él mostraría el tablero electrónico para que en Presidencia de la República supieran quiénes eran leales y quiénes no.