Esta semana hay declaraciones que permiten dudar sobre el proceso de las operaciones militares estadunidenses dentro de Oriente Medio. No sé realmente si la administración trumpista está soltando información incierta a la prensa occidental, si Donald Trump está manipulando los mercados o si las cosas no están saliendo como se previeron en los escenarios presentados sobre el conflicto con Irán.
Da la impresión, o al menos lo percibo, que el mandatario estadunidense se encuentra inquieto con el desgaste que está representando la operación militar Furia Épica. Sí hay progreso y sí hay un debilitamiento en Irán, pero como lo he comentado durante varias ocasiones en Globalística, se han subestimado las capacidades de defensa o resistencia con las que cuenta actualmente el país asiático.
No sólo es el territorio o el régimen, sino también, el caos que se puede crear en la región. Varios países aliados de la zona están siendo afectados por los ataques iraníes. El mismo estrecho de Ormuz es una cuestión que ha pasado de ser hipotética a algo que está causando estragos en los mercados internacionales y en los precios del petróleo mundial. Irán está siendo un enemigo complicado. Nunca fue bueno compararlo con Venezuela ni tampoco su caída como gobierno. Es mucho más extenso y complicado. Puede que su colapso llegue en uno o dos meses más con grandes impresiones, pero estará dejando secuelas que van a provocar estrés a nivel mundial. Lejos estará el retorno de una posible paz en Oriente Medio o en la estabilidad de los mercados.
Ante lo explicado en líneas anteriores, me llamó la atención el tan esperado discurso de Donald Trump para el miércoles pasado sobre la situación en Irán. Se entendió que era una forma de hacerle saber al mundo y al estadunidense promedio sobre el balance del conflicto militar a un mes de haber iniciado. Toda la semana se dieron publicaciones del mandatario estadunidense que no dejaban claro qué estaba sucediendo con Irán. Se le leía con berrinche y enojo. Un día decía una cosa y al siguiente, otra. Era como un niño frustrado sin poder realizar sus caprichos. La prensa occidental nutrió con rumores lo que podría declarar el presidente más poderoso del mundo sobre Oriente Medio. Algunos creyeron que estaría escalando o dando la noticia sobre una invasión terrestre en Irán con distintas misiones complejas. Algunos otros tuvieron la impresión de una
desescalada que pondría en ridículo sus amenazas. Fueron al menos 24 horas en las que fuentes cercanas a la Casa Blanca propagaron información que no se sabía si era del todo cierta.
Llegó el miércoles y salió Trump a dar su discurso. Un hombre cansado y con dificultades para leer. Un discurso de 20 minutos que no llegó a nada y en el que no se dijo nada de lo que ya sabíamos. Lo que pronosticó la prensa nunca se dio.
No se entiende si el hombre más poderoso del mundo quiso calmar al mundo o mover los mercados a su conveniencia. Fue un discurso innecesario que no dio muchas pistas sobre los siguientes pasos de Estados Unidos. Lo más preciso fue que el conflicto estaría durando dos o tres semanas más. Consecuentemente, los mercados asiáticos y los precios del petróleo subieron exponencialmente.
Un discurso de 20 minutos y desde la Casa Blanca puede provocar estrés o alivio. Todo depende del presidente en turno. Trump deja más preguntas que respuestas sobre Irán. Algo no está funcionando. Hay muchas mentiras que se leen y son fáciles de detectar.
