Un ring en el Azteca para Vicente Saldívar

El 14 de octubre de 1967, Vicente Saldívar encabezó una sensacional velada boxística ante el galés Howard Winstone

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CIUDAD DE MÉXICO.

Hace 50 años, Vicente Saldívar batió al galés Howard Winstone en una sensacional velada boxística en el Estadio Azteca. Saldívar, El Zurdo de Oro, ídolo de su tiempo y uno de los mejores boxeadores que ha dado México, defendió con éxito sus títulos pluma de la Asociación Mundial de Boxeo y del Consejo Mundial de Boxeo, y completó la trilogía de encuentros con el férreo peleador británico ante unos 90 mil aficionados.

En dos ocasiones anteriores, el mexicano se impuso a Winstone en las tarjetas. La primera, el 7 de septiembre de 1965, en Londres, y la segunda, el 15 de junio de 1967, “en medio de un ambiente criminal, en el Ninian Park, de Cardiff”, escribió Manuel Seyde en las páginas deportivas de Excélsior, un combate que fue “casi una copia exacta de su primera pelea”, registró en su día la agencia de noticias AP.

Pero en el Azteca, Saldívar dominó y terminó el trabajo.

“A los 2 minutos y 12 segundos del duodécimo episodio”, registró Seyde; “cuando la cabeza de Howard Winstone era una pera loca impulsada por los golpes del campeón mundial de peso pluma Vicente Saldívar, el mánager del galés, Eddie Thomas, arrojó la toalla y el velo blanco que cruzó por el ring determinó la entrega de Winstone, ya aniquilado, y su derrota por nocaut técnico en esta tercera edición, en la cual Saldívar le hizo un trabajo gradual minándolo hasta, por fin, derrotarlo absolutamente”.

UN ADIÓS INESPERADO

En cuanto el réferi le alzó el brazo, Saldívar solicitó el micrófono.

“Respetable público, me retiro del box con esta pelea... muchas gracias”, anunció Saldívar, con lo que apagó el entusiasmo que había estallado en el enorme escenario de Santa Úrsula. Las crónicas de la época aseguran que tras el

inesperado adiós se escucharon las primeras notas de Las golondrinas, lo que hace sospechar que todo estaba planeado.

Rubén El Púas Olivares, que esa noche venció al japonés

Ushiwakamaru Harada, recuerda las palabras de Saldívar.

“La tenía bien guardada. Lo dijo al último, porque nos agarró de sorpresa: ¡Ah, chingá! ¡Cómo se va a retirar! Se retira como campeón, ¿no? Está bien. Pero puedes sacar una lana más, puedes sacar dinero. Pero fue su decisión y ya ni modo, ¿no? A otra cosa”, relata Olivares por teléfono a este diario. “Nosotros nos quedamos pendejos, ¿no? Porque cómo te retiras como campeón, ¡pinche cabrón!”, recuerda

El Púas y suelta la carcajada.

Completaron el cartel de aquella histórica velada Chucho Castillo, que derrotó al colombiano Bernardo Caraballo, y Manuel Pulgarcito Ramos, que venció al estadunidense Ernie Terrell.

“Estuvo buena la función, estuvo buena”, dice Olivares. “Impresiona mucha gente, pues, fue un lugar precioso, ¿no? Bonito”, cuenta El Púas.

Días más tarde, Saldívar envió  al novelista Luis Spota, a la sazón presidente de la Comisión de Box y Lucha del Distrito Federal, su carta de renuncia, y pasarían poco más de 25 años para que el Azteca albergara una nueva función de box. Fue el 20 de febrero de 1993 con Julio César Chávez a la cabeza.

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